“Los resultados han demostrado que mediante las técnicas agronómicas es posible modificar la composición de la uva e influir notablemente sobre la calidad de los vinos base para la posterior elaboración del cava”, explicó Diego Intrigliolo, científico del CSIC.
Entre las técnicas estudiadas se encuentran el sombreado de las cepas, el forzado de yemas (poda severa después de la floración), la poda tardía y el mulching (acolchado). Los resultados obtenidos han mostrado que el forzado de yemas ha mejorado la composición de la uva, aumentando la relación alcohol-acidez y disminuyendo el grado de acidez.
Además, se ha constatado que todas las técnicas ensayadas han contribuido a mejorar la composición del vino base utilizado para la producción de cava. No obstante, la eficacia del sombreado dependerá en gran medida de las condiciones climáticas durante la maduración de la uva, mientras que el forzado de yemas se recomienda especialmente para la elaboración de cavas tipo premium de alto valor comercial.
“El principal reto agronómico y enológico al que se enfrentan los productores de cava es la baja acidez y el elevado pH del mosto de la uva. En este sentido, se ha puesto de manifiesto la eficacia de las técnicas, dado que permiten modificar el microclima del racimo durante la época de maduración y disminuir la relación alcohol-acidez en los vinos base para cava”, señaló Intrigliolo.
Fuente: Tecnovino