El estudio identifica dos tipos de sustancias que migran al vino: compuestos industriales (como ftalatos, bisfenol A, microplásticos y antioxidantes) y naturales (polifenoles, taninos y tricloroanisol, responsable del “gusto a corcho”). Materiales como corcho, PET, cartón, acero inoxidable y barricas de roble actúan como fuentes, con tasas de transferencia influenciadas por temperatura, tiempo de almacenamiento y composición del vino.
Mientras los compuestos naturales alteran sabor, aroma y color —impactando la percepción de calidad—, los industriales, como el bisfenol A, generan preocupaciones de salud. Aunque la regulación europea establece límites para algunos (ej. ftalatos), la presencia de sustancias no autorizadas o subproductos (NIAS) complica el cumplimiento normativo, aumentando costos de control y certificación.
A la hora de evaluar el impacto económico, el informe hace foco en los siguientes puntos:
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Costos de cumplimiento y reformulación: Las bodegas enfrentan gastos crecientes para adaptar envases a normativas más estrictas, como las de la UE. El desarrollo de materiales alternativos, como bioplásticos, puede costar hasta un 20% más que los tradicionales, según estimaciones del sector. Además, los análisis avanzados (cromatografía y espectrometría) para detectar contaminantes incrementan los costos operativos.
Pérdida de competitividad en mercados premium: En 2024, las exportaciones argentinas de vino alcanzaron 90.3 millones de litros, con un enfoque en mercados premium como EE.UU. y Reino Unido. La percepción de “gusto a corcho” o riesgos de seguridad puede dañar la reputación de marcas, reduciendo márgenes en un segmento donde el precio promedio por botella creció un 5.7%. Los aranceles propuestos por EE.UU. (15% en 2025) agravan esta presión.
Inversiones en innovación: La necesidad de métodos analíticos más robustos, como flujos de trabajo integrados para detectar NIAS, impulsa la inversión en I+D. Grandes bodegas, como las de Rioja, ya destinan hasta el 3% de sus ingresos a tecnología, pero las pequeñas y medianas empresas enfrentan barreras financieras, limitando su competitividad.
Impacto en la confianza del consumidor: Escándalos como el fraude masivo de Champagne en 2025, junto con preocupaciones por microplásticos, pueden erosionar la confianza del consumidor. Esto afecta especialmente a mercados sensibles como Europa, donde el 60% de los compradores priorizan la sostenibilidad y seguridad, según encuestas de 2024.
Oportunidades en la crisis
A pesar de los desafíos, la problemática abre oportunidades económicas. La adopción de envases sostenibles, como bioplásticos reciclables, no solo reduce riesgos de contaminación, sino que también atrae inversiones ESG, proyectadas en USD 53 trillones para 2025. Además, tecnologías como blockchain para trazabilidad pueden diferenciar a las bodegas en mercados exigentes, justificando precios premium.
El estudio subraya la urgencia de métodos analíticos avanzados y regulaciones más amplias para garantizar la seguridad y calidad del vino. Para las bodegas, abordar la migración química es crucial para mantener la competitividad en un mercado global bajo presión por aranceles, sostenibilidad y confianza del consumidor.
Fuente: www.appliedsciencesjournal.org