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De Norte a Sur: una Argentina extrema con vinos singulares

Desde las cumbres que rozan el cielo en Jujuy hasta los confines australes de la Patagonia más remota, la vendimia 2025 volvió a poner en escena a las regiones más extremas de la vitivinicultura argentina.

Enmarcadas por geografías desafiantes, climas impredecibles y una identidad en continua evolución, la Patagonia y el NOA (que en conjunto representan apenas el 6% de la superficie cultivada del país) concentran, sin embargo, algunas de las expresiones más singulares y reconocidas de la Argentina en el mundo.

Distantes en kilómetros, pero unidas por su espíritu de frontera, estas regiones construyen una narrativa común: la de un país vitivinícola capaz de elaborar vinos con carácter, pureza y una conexión profunda con su entorno.

Porque si hay algo que tienen en común el norte y el sur, es su capacidad de emocionar a través del vino.

Patagonia 2025: una vendimia de contrastes y carácter

En la Patagonia no hubo una sola vendimia. Desde los viñedos históricos del Alto Valle de Río Negro y Neuquén hasta los paisajes australes de Sarmiento o los valles fríos de El Bolsón y Trevelin, la cosecha 2025 desplegó un abanico de condiciones que exigieron precisión, sensibilidad y adaptación.

En la Patagonia Norte, el ciclo comenzó con señales de aceleración. “Desde 2003 nunca iniciamos la cosecha tan temprano como este año: el 17 de febrero ya estábamos vendimiando”, cuenta Horacio Bibiloni, enólogo de Humberto Canale.

La primavera cálida y un verano más seco y caluroso de lo habitual adelantaron decisiones, aunque marzo trajo noches frescas que permitieron recuperar ritmo y balance. Eugenia Herrera, de Ribera del Cuarzo, coincide: “Fue como bailar con un clima impredecible. Empezamos antes que nunca y terminamos más tarde que nunca. Pero los resultados, especialmente en blancos, son para celebrar”.

En Neuquén, Ricardo Galante, de Bodega del Fin del Mundo, define el año como cálido, seco y parejo: “Una vendimia prolija, de las que uno sueña. Los vinos tienen mucha fruta y los Pinot Noir, en particular, están un escalón arriba respecto a años anteriores”.

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En la Patagonia Andina, Sofía Elena, de Bodega Contracorriente en Trevelin, destaca una primavera lluviosa y un verano suave, con rendimientos bajos pero perfiles frescos y bien definidos: “Tuvimos un índice bioclimático similar a 2020, uno de los más fríos, y eso se nota en la nitidez de los blancos”.

En El Bolsón, Camilo de Bernardi, de la bodega que lleva su apellido, enfrentó una rareza: heladas severas justo antes de cosechar. “Eso afectó la madurez del Merlot, pero el Pinot se destacó lejos. Y los blancos están muy bien”.

Más al sur, en la Patagonia Extrema, Cecilia Acosta, de Otronia, resalta la calidad de los Pinot Noir de Sarmiento: “Tienen niveles de acidez como pocos años hemos tenido. Y los blancos salieron espectaculares, con mucho carácter y buena madurez”.

Si hay un punto de encuentro entre regiones, es la calidad sobresaliente del Pinot Noir —elogiado en cada rincón—, acompañado por blancos vibrantes como Sauvignon Blanc, Chardonnay o Riesling.

La vendimia 2025 en el NOA y la Patagonia confirma el potencial de estas regiones extremas para elaborar vinos de identidad precisa, frescura notable y expresión varietal definida. Con condiciones desafiantes, pero manejadas con precisión, los resultados consolidan su relevancia dentro del mapa cualitativo de la vitivinicultura argentina.

El NOA y su vendimia 2025: una añada diversa

La vendimia 2025 en el Noroeste Argentino reafirmó el carácter extremo y diverso de esta región, donde la altitud, el clima y la geografía delinean realidades muy distintas entre sí. Desde los Valles Calchaquíes hasta la Quebrada de Humahuaca, pasando por los viñedos más altos del país, los productores coinciden: fue una cosecha de gran calidad y perfil fresco, aunque no exenta de desafíos.

En Cafayate y el norte del Valle Calchaquí, Jorge Noguera, de Bodega Amalaya; Francisco Puga, de Porvenir de Cafayate y Familia Puga, y Carla Dal Borgo, al frente de la bodega que lleva su apellido, coincidieron en el impacto positivo del invierno frío y la buena sanidad.

“La maduración fue muy homogénea y obtuvimos muy buena fruta”, destacó Dal Borgo, quien celebró un Sauvignon Blanc expresivo y vibrante. Puga, por su parte, valoró la recuperación de rendimientos y señaló: “Los tintos están extraordinarios, con frescura y concentración; los blancos, al 90% de su frescura”.

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Más al norte y en mayor altitud, los testimonios de Thibault Delmotte, de Bodega Colomé, y Raúl Dávalos, de Tacuil y Valle Arriba, reflejan un año bisagra. “Después de dos añadas difíciles, 2025 trajo equilibrio: madurez adelantada por un verano cálido y frescura sostenida por un marzo fresco”, explicó Delmotte.

Dávalos, en tanto, remarcó la calidad y cantidad de uva, aunque advirtió que “en zonas más altas costó lograr una madurez óptima de los polifenoles”. Como nota de color, narró cómo las lluvias cortaron caminos y obligaron a cruzar ríos a pie para cosechar. Fue una postal de la tenacidad de los viticultores de estas regiones, que desafían la lógica vitícola.

Finalmente, en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Diana Bellincioni, de Huichaira y Bodega Kindgard, definió esta vendimia como “una de las mejores que hemos vivido: invierno marcado, sin heladas y con plantas súper sanas”. Ezequiel Bellone Cecchin, de Amanecer Andino y Yacoraite, celebró “la homogeneidad, el equilibrio y la recuperación de volúmenes”, destacando que “todas las variedades mostraron un gran nivel, desde el Malbec al Semillón”.

Fuente: WofA