La devaluación de diciembre debería representar un incentivo a las exportaciones, tal como esperan en la industria, aunque los resultados tardarán en llegar. Quizás mucho más que lo que la inflación tarde en llevarse puesta la diferencia. De modo que los pronósticos para 2024 no son halagüeños ni agoreros. Cautela es la palabra que mejor describe la sensación. Así como incertidumbre también lo es. Con un plus ponzoñoso para cerrar el año: la vuelta de las retenciones a los exportadores que propone el gobierno en su DNU, que podría llevarlos al 8%, después de años de que la industria del vino batalle para llevarlas a cero.
Sin embargo, un dato en el horizonte de largo plazo a nivel mundial podría acomodar las cosas es términos de negocios. Independientemente de que la inflación argentina está más allá de todo análisis, la inflación mundial se espera que este 2024 vuelva a los carriles normales y que las elevadas tasas de interés que se pagan hoy también lo hagan. En los últimos dos años, el costo del dinero ha operado como un freno para que importadoras y distribuidores achiquen sus stocks trabajando con el mínimo a nivel global. Habrá que ver cómo evoluciona, pero un baja en las tasas podría empujar a los compradores a volver a sus stock normales. Ahí hay una ventana para el desarrollo del negocio.
Mercado interno, flat o a la baja
Hablar de 2024 para el mercado interno es hacer predicciones y oráculos de incierto valor aproximativo. En un negocio de largo plazo, sin embargo, es clave tener un horizonte. El vino en 2023 se encareció fundamentalmente por la magra cosecha que empujó todos los precios al alza incluso en un contexto inflacionario que ya los lleva hacia arriba. Si se comparan los años 2020 a 2023 (a octubre nuevamente), este año que termina es el más magro en despachos: un 17% menos que el máximo de la serie (2020). Ahora bien, medido sólo en vinos con mención varietal, es decir, descartando tetrabricks y genéricos, la caída es menos pronunciada y redondea el 11%.
Con un escenario de estanflación, el escenario para las ventas locales no parece positivo. Lo que parece avecinarse es una suerte de ley del más fuerte en el mercado interno. Todo pareciera indicar que se iniciará este año un nuevo proceso de concentración, apalancado en la capacidad de resistir que tengan las compañías, tanto para ganar cuotas de mercado a costo de otras, como para sostenerse con números positivos.
Vuelven los negocios de cercanía
Si los controles de precios del gobierno anterior significaron el achicamiento de la oferta en los negocios de cercanías –de supermercados chinos a locales de barrio– la actual coyuntura indicaría un revés acelerado a esta condición. Con precios libres y una combinación de caída de ventas generalizada, los negocios de cercanía volverán al escenario. Para los consumidores puede ser una buena noticia, siempre que puedan buscar precios.
2024 vendimia incógnita
Todos los ojos están puestos en la añada 2024. Según lo que se habla en el medio, antes de las estimaciones oficiales de vendimia, es que la próxima añada será de mayor volumen respecto a la 2023 –la menor en las últimas décadas– aunque no será una gran cosecha, debido a granizo, zonda y heladas. Lo que podría parecer, a priori, una mala noticia, puede que no lo sea: una gran cosecha en volumen empujaría al desplome del precio de la uva y de los vinos y en este escenario podría representar una tormenta perfecta para los productores, además de otros sumar incertidumbre a un año que será difícil en todos los ámbitos.