Un perfil con sello regional
Gresia es un apasionado de su trabajo. Ingeniero agrónomo de formación por la sede Cinco Saltos de la Universidad Nacional del Comahue (UNCO), trabajó más de 10 años en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), fue asesor del gobierno de La Pampa y hoy es responsable de la bodega municipal de Gobernador Duval, un pueblo a orillas del río Colorado que produce un vino que espera ser descubierto: Lejanía.
En diálogo con +P, contó que en este proceso de transformación de la carrera, las materias más humanísticas —como publicidad, marketing y comunicación oral— cedieron espacio a contenidos técnicos y a una novedad concreta: una materia de elaboraciones a pequeña escala que los alumnos cursan en la planta piloto de alimentos de la universidad, donde funciona una pequeña bodega experimental. "Los chicos están elaborando ahí cosas que antes no teníamos en la carrera", señaló.
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El director: Alejandro Gresia, director de la carrera, destaca la importancia de formar técnicos que también sean emprendedores.
Crónica de una necesidad
Para entender por qué nació la carrera hay que retroceder hasta los primeros años del siglo. La vitivinicultura del Alto Valle atravesaba una crisis profunda y el consumo de vino en Argentina se había desplomado: de los 90 litros por habitante al año registrados en las décadas del setenta y ochenta, el país había caído a apenas 16 litros. Las bodegas cerraban y los profesionales formados en la época de auge comenzaban su etapa de retiro y jubilación, sin que hubiera un reemplazo local a la vista.
"Las bodegas se encontraban con que, o traías un enólogo de Mendoza, o tenías que arreglártela como podías", recordó Gresia. La zona contaba con la carrera de Agronomía en Cinco Saltos y con una licenciatura en Alimentos en Villa Regina, ambas de la UNCO. Pero la parte enológica específica no estaba cubierta.
Los orígenes
Fue la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), en sus primeros pasos institucionales bajo la rectoría de Juan Carlos Del Bello y el estímulo del economista, docente y periodista Heber Tappatá, la que detectó esa demanda insatisfecha. En Regina, la universidad apostó por un polo agroindustrial: abrió las ingenierías en Alimentos y en Biotecnología y, junto con ellas, en 2010, lanzó la Tecnicatura en Enología.
Los primeros en anotarse fueron, en muchos casos, personas que ya trabajaban en la industria con conocimientos prácticos pero sin título habilitante. "Cuando arrancamos, mucha gente que tenía carreras truncas o que ya estaba trabajando y necesitaba el título fue la primera en inscribirse", contó Gresia. La primera camada de egresados, en 2012, fue de cuatro personas. Pequeña en número, pero significativa: demostraba que había una demanda real.
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Inserción laboral: Egresados de la tecnicatura ya ocupan puestos clave en las bodegas más importantes del Alto Valle.
El recorte de la duración no fue arbitrario. Si bien las materias humanísticas no desaparecieron, perdieron peso frente a contenidos más aplicados. La virtualización, acelerada por la pandemia, también dejó su marca. Hoy, muchas materias teóricas se dictan de forma remota, lo que permitió sumar alumnos de otras localidades. "Nos quedó un sistema mixto: muchos teóricos son virtuales y las salidas al campo son presenciales", explicó el director. Esto facilita, por ejemplo, que estudiantes de Bariloche cursen a distancia y viajen solo para las prácticas.
De las bodegas a las destilerías
La incorporación de fermentados y destilados en el título responde al auge de la producción artesanal de gin y otras bebidas. "Tenemos alumnos que este año arrancaron la carrera y ya se dedican a la producción de gin; ven la posibilidad de formarse para tener más herramientas", contó Gresia. Incluso, un egresado está hoy a cargo de la destilería de alcohol de pera de Allen, conocida como Pequeña Destilería Argentina (PDA).
La formación también habilita para trabajar en la industria cervecera y en plantas de jugos y concentrados. "La formación les permite no solo estar en la parte vitivinícola", sintetizó Gresia, subrayando que el título abre puertas en toda la cadena de alimentos y bebidas con procesos fermentativos o de destilación.
Más que empleados: emprendedores
Uno de los cambios más notorios del nuevo plan es el perfil del egresado. La carrera ya no apunta exclusivamente a producir técnicos para trabajar bajo las órdenes de otro profesional, sino que busca formar emprendedores. Para ello, el plan de estudios incluye una materia de formulación y evaluación de proyectos productivos.
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Nueva identidad: La carrera renovó su nombre para incluir el auge de las bebidas fermentadas y los destilados.
Esta orientación atrae a perfiles variados: desde jóvenes que buscan una salida laboral rápida hasta profesionales de otras áreas. "Tenemos licenciados en turismo que combinan la enología con el enoturismo, y ahora mismo un bioquímico que quiere elaborar sus propios vinos", ejemplificó Gresia. Además, el título es vital para cumplir con la legislación argentina, que exige que toda bodega tenga un responsable técnico habilitado para poder operar.
Desde 2012, la carrera ha ubicado graduados en bodegas reconocidas del Valle como Mabellini, Rivera del Cuarzo o Canale. Aunque la carrera no compite en volumen con ofertas masivas, se sostiene con solidez: "Tenemos entre 15 y 20 alumnos permanentes por año, lo cual está bien para el tamaño del mercado", evaluó Gresia.
Conocer, recordar y enamorar
Como en el vino también se trata de contar historias, la UNRN dicta una diplomatura de tres meses y cursos de extensión para jubilados (UPAMI) que buscan potenciar el enoturismo.
El curso sobre la historia de los inmigrantes italianos y el vino fue un éxito inesperado que rompió fronteras: "Lo pensé para gente de la zona, pero cuando miré las características de los teléfonos, había gente de Rosario, Córdoba y Buenos Aires", concluyó Gresia. Este fenómeno consolida a la universidad como un referente que conecta a entusiastas de todo el país con las raíces productivas del Alto Valle.