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La oportunidad dormida del vino de baja graduación

¿Un mercado potencial de 4,3 millones de hogares esperando una bebida más ligera y refrescante? Sí. El gran desafío es que el 78% ni siquiera sabe que existe esta opción.

Un reciente estudio encargado por el Fondo Vitivinícola de Mendoza a la consultora Worldpanel by Numerator puso el foco en la dinámica actual del mercado de vinos en Argentina, especialmente en lo que respecta a las categorías innovadoras como el vino de baja graduación alcohólica. El informe, presentado en el foro “El futuro del vino argentino” y disponible en el canal de YouTube “El vino nos une”, busca descifrar la evolución de los hábitos de consumo y las oportunidades para impulsar el crecimiento de la industria.

El análisis de volumen general de bebidas alcohólicas muestra un panorama contractivo. Tomando 2022 como índice base 100, el volumen de consumo total de vino para 2025 se sitúa en 87, mientras que el índice de la cerveza cae levemente, ubicándose en 89. Sin embargo, el vino ha logrado una victoria importante: ha incrementado su penetración en los hogares argentinos por tercer año consecutivo. En 2025, la penetración alcanza el 71%, frente al 64% registrado en 2022. Esto se traduce en un crecimiento de 1,3 millones de hogares compradores, lo que significa que siete de cada diez hogares adquieren vino al menos una vez al año. La cerveza mantiene un nivel de penetración ligeramente superior, alcanzando el 73% en el mismo período.

A pesar de este crecimiento en la base de compradores, la frecuencia de compra ha experimentado un retroceso. El intervalo promedio entre compras de vino se ha extendido de 24 días en 2022 a 30 días en 2025. Además, el tamaño medio de cada compra ha disminuido en 0,2 litros por acto tanto para el vino como para la cerveza, indicando una tendencia general hacia compras más pequeñas y menos frecuentes.

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Los nuevos hábitos del consumidor: Hacia la frescura y la versatilidad

El estudio revela una clara diversidad en la manera de consumir vino. Si bien el 54% de los consumidores, predominantemente mayores de 50 años, prefiere tomarlo puro, existe una marcada inclinación hacia opciones más refrescantes. Un 35% opta por añadir hielo y un 27% lo mezcla con soda. Las combinaciones con gaseosas (20%) y el uso en cócteles (7%) son hábitos que se concentran especialmente entre los menores de 35 años, señalando una búsqueda de versatilidad y frescura.

En cuanto a las ocasiones de consumo, la cena se mantiene como el momento predilecto para el 64% de los hogares, un hábito más arraigado entre los mayores de 50. El almuerzo sigue siendo significativo para el grupo mayor de 65 años (43%), pero el segmento más joven (menor de 35 años) comienza a explorar el vino como aperitivo o entre comidas (11%), lo que sugiere nuevas ventanas de oportunidad fuera de las comidas principales.

El consumo de vino demuestra una inclinación clara hacia la búsqueda de frescura y versatilidad en la experiencia de bebida.

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Vino de baja graduación: Una oportunidad de 4,3 millones de hogares

La categoría de vino de baja graduación alcohólica emerge como un segmento con un potencial de mercado estimado en 4,3 millones de hogares compradores interesados. Este interés se alinea directamente con tendencias macro de consumo centradas en la salud, la moderación y la demanda de bebidas refrescantes. El éxito de la cerveza sin alcohol, cuya penetración se ha multiplicado por cuatro en cuatro años hasta alcanzar el 11% de los hogares, actúa como un potente precedente.

Sin embargo, el vino bajo en alcohol enfrenta desafíos significativos que deben ser abordados de forma urgente por la industria:

  • Bajo Conocimiento: El obstáculo principal es la falta de información. Un impactante 78% de los consumidores potenciales desconoce la existencia de esta categoría de productos.

  • Dudas sobre Sabor y Cuerpo: La percepción sobre el sabor y el cuerpo del vino de baja graduación en comparación con su versión tradicional es una barrera crucial.

A diferencia de la cerveza sin alcohol, cuyo beneficio es claro (opción sin alcohol), el vino de baja graduación necesita definir y comunicar con eficacia sus beneficios funcionales y emocionales.

La baja graduación alcohólica debe posicionarse claramente: su principal barrera es el desconocimiento masivo de su existencia.

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El futuro del vino argentino pasa por la innovación y la adaptación a las demandas de moderación y frescura.

Motivaciones y barreras de adopción

Las motivaciones para elegir un vino bajo en alcohol son claras y están ancladas en la moderación y la ocasión de consumo: disfrutar sin excesos (54%), adaptar el consumo a ocasiones informales o comidas ligeras (41%), buscar frescura (34%) o evitar sensaciones pesadas (33%).

Las barreras que frenan su adopción son: la percepción negativa sobre su sabor (55%), la falta de claridad sobre cuándo consumirlo (23%) y las dudas sobre su posicionamiento frente a otras bebidas (17%).

Un dato clave es la disposición a pagar: solo uno de cada cuatro compradores potenciales se mostraría dispuesto a aceptar un precio superior al del vino tradicional. Esto subraya la necesidad de una política de precios altamente competitiva para lograr una adopción masiva.

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La percepción sobre el sabor y el cuerpo del vino de baja graduación en comparación con su versión tradicional es una barrera crucial.

El riesgo de canibalización y el caso de la cerveza

La industria puede respirar tranquila respecto a la canibalización: el 56% de los potenciales compradores afirma que el vino de baja graduación sería una opción adicional y no sustituiría a otras bebidas. Entre aquellos que sí reemplazarían algo, el vino tradicional es la opción más probable de sustitución (46%), seguido de la cerveza regular (22%), gaseosas (20%), fernet (18%) y jugos listos (17%).

El precedente de la cerveza sin alcohol es iluminador: solo el 21% del volumen de esta categoría proviene de un traspaso directo desde las cervezas con alcohol; el 79% restante se origina en consumo adicional o la migración desde otras bebidas. Esto demuestra que las nuevas categorías tienen un enorme potencial para expandir el mercado total de bebidas, no solo para redistribuirlo.

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Las motivaciones para elegir un vino bajo en alcohol son claras y están ancladas en la moderación y la ocasión de consumo.

Estrategia para el despegue de la categoría

El informe segmenta a los potenciales compradores en tres grupos:

  • Potenciales: Mayores de 35 años y nivel socioeconómico medio-alto.
  • Indecisos: Menores de 49 años y hogares numerosos (un grupo clave por su tamaño y potencial de crecimiento).
  • Reticentes: Menores de 35 o mayores de 65 años.

Para capitalizar esta oportunidad de mercado, es imprescindible una estrategia de lanzamiento coordinada y agresiva que se centre en:

  • Inversión en Comunicación: Desarrollar campañas informativas que resuelvan las dudas sobre el sabor y uso del producto, destacando sus ventajas en términos de moderación y ligereza.
  • Definición Clara de Beneficios: Articular un posicionamiento único que distinga al vino de baja graduación de otras opciones en el mercado de bebidas.
  • Estrategia Comercial Competitiva: Implementar políticas de precios atractivas y promociones intensivas dirigidas al perfil del consumidor potencial.

El futuro del vino argentino pasa por la innovación y la adaptación a las demandas de moderación y frescura. El vino de baja graduación representa una oportunidad real de expansión, siempre y cuando la industria se comprometa a eliminar la barrera del desconocimiento masivo.

Fuente: Vinetur con aportes de +P