A diferencia de los vinos orgánicos, que requieren certificaciones estrictas, los naturales carecen de una definición legal unificada, lo que genera debates. La ausencia de regulación permite que algunos productores etiqueten como “natural” vinos con defectos, lo que alimenta críticas. Sin embargo, esta autenticidad seduce a consumidores jóvenes, especialmente millennials y Generación Z, que priorizan la sostenibilidad y la trazabilidad.
El binomio imparable
El mercado de los vinos naturales y orgánicos en Argentina no solo responde a una demanda ética, sino que representa una oportunidad económica significativa. En 2024, el consumo interno de vinos orgánicos certificados superó los 1,5 millones de litros, frente a los 4.428 litros de 2014.
Las exportaciones, por su parte, alcanzaron los 8,5 millones de litros en 2023, con mercados clave como Dinamarca (21%), Suecia (19%) y Estados Unidos (aumento del 135% en una década). El vino orgánico es el segundo producto vegetal orgánico exportado del país, solo superado por el azúcar de caña.
Este enfoque no solo reduce el impacto ambiental, sino que eleva la competitividad en mercados internacionales exigentes, como la Unión Europea, donde el 63,9% de los vinos orgánicos argentinos encuentran compradores. La certificación de sostenibilidad, como el sello “Vitivinicultura Argentina Sostenible” de COVIAR, adoptado por 22 bodegas en 14 provincias, refuerza esta tendencia, atrayendo financiamiento de $44 millones del CFI para mejorar procesos productivos.
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Desafíos y oportunidades
Producir vinos naturales no está exento de retos. Las contingencias climáticas, como heladas o sequías, exigen un manejo meticuloso del viñedo para garantizar calidad sin recurrir a químicos. Además, la falta de regulación dificulta la comunicación con el consumidor, que a veces asocia lo “natural” con defectos en lugar de autenticidad.
Sin embargo, las oportunidades son enormes. La demanda global de vinos orgánicos creció un 5% anual entre 2017 y 2022, mientras que los vinos no orgánicos muestran estancamiento. En Argentina, la superficie de viñedos orgánicos pasó de 4.000 hectáreas en 2018 a casi 10.000 en 2022, posicionando al país como el octavo productor mundial de uva orgánica.
Este auge refleja un cambio cultural hacia el consumo responsable, especialmente entre consumidores jóvenes, y abre puertas a mercados asiáticos como China, donde la preferencia por productos saludables impulsa las ventas.
Aunque los vinos naturales son un nicho dentro del mercado orgánico, su crecimiento sugiere un futuro prometedor, siempre que se priorice la calidad. Las bodegas que combinen prácticas regenerativas, certificaciones de sostenibilidad y una narrativa auténtica liderarán esta revolución verde.
Con el respaldo de instituciones como COVIAR y el INTI, y el interés de mercados globales, los vinos naturales no solo son una tendencia, sino una apuesta económica estratégica para la vitivinicultura argentina en 2025 y más allá.