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¿Por qué Argentina tiene la presión fiscal más alta del mundo sobre el vino?

Argentina grava cada botella de vino con un 41,8% de impuestos. ¿Cómo sobrevive la industria cuando Francia solo carga 16,7% y Chile 16%?

Un informe conjunto de la American Association of Wine Economists (AAWE) y la consultora Invecq para Bodegas de Argentina vuelve a colocar al país en el podio mundial de presión tributaria sobre el vino. El promedio nacional alcanza 41,8% del precio de venta al público, con rangos que oscilan entre 40,5% y 43,3% según el canal y el tipo de vino. Esta cifra duplica e incluso triplica la carga que enfrentan los principales competidores internacionales.

La metodología empleada por Invecq utiliza un enfoque top-down que recorre toda la cadena: desde la finca productora de uva hasta el lineal del supermercado. El resultado desglosa una carga directa (impuestos sobre utilidades, salarios y ventas) de entre 31,5% y 32,1%, más una carga indirecta (consumos e intermediaciones) que añade entre 8,8% y 11,6%. Cuando el análisis se centra en el excedente de explotación empresarial, el peso fiscal trepa hasta 59,5%–63,2% de la ganancia bruta.

Comparación internacional

En Francia, el IVA del 20% genera una incidencia real de solo 16,7% sobre el precio final. En Italia (IVA 22%) el impacto llega a 18,0% y en España (IVA 21%) a 17,4%. Chile, principal rival regional, aplica un IVA del 19% que representa apenas 15,97% del precio. Estados Unidos combina impuestos federales por volumen muy bajos con tributos estatales que rara vez superan el 5%. Incluso Australia, con su Wine Equalisation Tax del 29% + GST 10%, ofrece reembolsos que reducen la carga efectiva.

En la Unión Europea no existen impuestos especiales sobre el vino tranquilo ni espumante, salvo en Reino Unido, Irlanda y Finlandia, donde la elevada tributación responde a políticas de salud pública y no a una lógica recaudatoria sobre la producción local.

vino comex

Impuestos en cascada: el cocktail argentino que nadie pidió

La estructura local combina IVA, Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque, tasas municipales, aportes patronales y Ganancias, entre otros. Los tributos distorsivos, como el Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios y el Impuesto sobre los Ingresos Brutos, explican gran parte del diferencial. Esta superposición genera un efecto cascada, que encarece cada eslabón de la cadena y termina trasladándose íntegramente al consumidor.

Un estudio paralelo de los economistas Alejandro Trapé y Juan Pott Godoy (UNCuyo) muestra números aún más crudos: una bodega mendocina que factura $100 destina $81 a costos y solo le quedan $19 de margen bruto. De esos $19 paga casi $12 en impuestos, quedando con una ganancia neta de apenas $7. La carga sobre el excedente puro alcanza 62,4% para la bodega y 57,1% para la finca, frente a 42,4% y 33,3% respectivamente en Chile.

Consecuencias visibles: exportaciones en caída y pérdida de mercados

Los datos preliminares del Instituto Nacional de Vitivinicultura correspondientes a septiembre de 2025 muestran una caída del 6,3% en las exportaciones acumuladas de los primeros nueve meses, pese al repunte puntual del 13,4% interanual en septiembre. La falta de competitividad precio ahuyenta a los principales importadores (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania) que comparan ofertas en dólares y eligen sistemáticamente vinos chilenos, españoles o australianos con menor carga fiscal y mejores acuerdos comerciales.

La alta tributación también limita la capacidad de reinversión en viñedos, tecnología y marketing, precisamente en un segmento donde la diferenciación por calidad es clave. El resultado es un círculo vicioso: menos inversión, menor calidad percibida, menores ventas y aún más presión sobre los márgenes.

Fuente: American Association of Wine Economists con aportes de +P