Biodiversidad en el desierto
El clima desértico de Plaza Huincul, con 220 mm de precipitaciones anuales y temperaturas promedio de 13,1°C, plantea desafíos para la vegetación. Para enfrentarlos, el proyecto ha implantado más de 200 árboles de aguaribay y eucalipto, junto con 1.000 plantines de especies nativas, aromáticas, medicinales y ornamentales.
Jorge Sánchez, técnico del INTA, destaca la creación de un macizo forestal diseñado para contrarrestar la erosión causada por escorrentías, un problema recurrente en la zona. Especies como zampa, algarrobo, romero, lavanda y verbenas no solo embellecen el paisaje, sino que refuerzan la resiliencia del ecosistema.
La colaboración entre INTA y YPF trasciende lo ambiental. Luis Saavedra, director del CIPH, subraya que el conocimiento técnico del INTA agrega valor al complejo, transformando espacios industriales en áreas verdes que benefician a la comunidad.
La automatización del riego y la ampliación del invernadero abren la puerta a extender este modelo a otras zonas, potenciando el desarrollo local. Mariana Amorosi, directora del Centro Regional Patagonia Norte, resalta el impacto del proyecto: “En medio del desierto, estamos viendo cómo la ciencia y la innovación generan beneficios tangibles para la región”.
Un modelo para el futuro
Este proyecto no solo aborda desafíos ambientales, sino que plantea una solución escalable para la gestión de recursos en regiones áridas. Al integrar tecnología, conocimiento científico y compromiso comunitario, INTA y YPF demuestran que la reutilización de agua industrial puede transformar desiertos en espacios productivos.
En un contexto de crecientes demandas hídricas, esta iniciativa en Neuquén ofrece un modelo replicable que combina sostenibilidad, biodiversidad y desarrollo económico, sembrando un futuro más verde para la Patagonia.