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Alerta sanitaria: el escarabajo que podría poner en riesgo la miel argentina

Argentina, potencia mundial en miel, enfrenta una amenaza invisible: El Pequeño Escarabajo de las Colmenas (PEC) acecha en fronteras. Senasa vigila y la pregunta es: ¿listos para el impacto económico?

La apicultura nacional, un pilar productivo y exportador, se encuentra bajo la sombra de una grave amenaza sanitaria: el pequeño escarabajo de las colmenas (PEC). Nunca fue detectado en Argentina y, en este punto, la pregunta es: ¿Por qué es una grave amenaza para Argentina? La respuesta es simple: Este depredador, que es una de las seis enfermedades apícolas listadas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), está presente en países limítrofes como Brasil, Paraguay, Bolivia y Colombia.

Por esta razón, desde 2016, Argentina mantiene una "Alerta Sanitaria" a través de la Resolución Senasa N° 302. Lo cierto es que el riesgo de introducción es alto.

El riesgo existe por la capacidad de propagación del PEC. Los escarabajos adultos son voladores altamente competentes, capaces de recorrer más de 10 kilómetros para infestar nuevas colonias. Su ciclo biológico, que puede completarse en apenas 30 días bajo condiciones favorables de humedad y temperatura, significa una reproducción explosiva.

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La dispersión se ve facilitada no solo por el vuelo natural, sino también por la trashumancia de colmenas y, fundamentalmente, por el comercio de material apícola vivo (cámaras, núcleos, paquetes de abejas y reinas) o incluso de frutas contaminadas. Esta última vía de ingreso, sumada a la cercanía geográfica con focos activos, pone en máxima alerta a provincias como Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Chaco y Formosa, así como a los puestos fronterizos y mercados concentradores de frutas y hortalizas.

Frente a esta amenaza, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) desplegó una Red de Vigilancia activa sin precedentes, coordinando el monitoreo de 150 apiarios distribuidos estratégicamente desde Chubut hasta Salta y desde Entre Ríos hasta Mendoza. Esta red incluye apiarios de vigilancia, monitoreados por los propios apicultores o inspectores sanitarios apícolas (ISAs), y apiarios centinela, ubicados en puntos críticos asociados a mercados de frutas y verduras, donde el riesgo de ingreso es mayor.

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Escarabajo dañino

El daño que el PEC puede infligir a la cadena apícola es multifacético y potencialmente catastrófico. Tanto los adultos como sus larvas se alimentan vorazmente de polen, miel, huevos y crías de abejas, llegando a encontrar hasta 30.000 larvas por colmena.

Las larvas, consideradas la fase más nociva, cavan galerías y destruyen los panales, además de inocular una levadura en la miel a través de sus heces, provocando su fermentación y un olor desagradable para las abejas. Esta miel fermentada no solo es inutilizable por las abejas, sino que lleva al abandono de la colmena, llevando al colapso total de la colonia.

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En las salas de extracción, la plaga puede contaminar rápidamente las alzas cosechadas, requiriendo un procesamiento urgente en menos de 24 horas y medidas de filtrado estrictas para evitar la fermentación y la pérdida de producto.

Este escenario representa una pérdida directa de producción y valor comercial inestimable para un país que ostenta un rol preponderante como exportador de miel.

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Vigilancia, codo a codo

La ausencia de productos autorizados para el tratamiento químico del PEC en Argentina subraya la imperativa necesidad de la prevención y la detección precoz. La colaboración del sector apícola es crucial: la inspección rigurosa de las colmenas y la notificación inmediata de cualquier sospecha al Senasa son las herramientas más efectivas para salvaguardar la producción nacional.

La inversión en vigilancia y las medidas de manejo en salas de extracción no son solo costos operativos, sino seguros económicos contra un impacto que podría desestabilizar un sector clave, afectando exportaciones y el sustento de miles de familias. Proteger las abejas es, en este contexto, proteger nuestra economía.