El relevamiento constituye una instancia de evaluación previa: los resultados permitirán conocer las condiciones del área y determinar qué posibilidades existen para incorporar nuevas superficies a la producción.
Evaluación en terreno: Inician los estudios para determinar el potencial productivo y la viabilidad de instalar sistemas de riego en la zona hidrocarburífera.
El riego como herramienta de expansión
Uno de los principales antecedentes de esta agenda es el proyecto provincial que contempla incorporar 5.000 hectáreas bajo riego en una primera etapa en la región de Vaca Muerta. La propuesta considera el desarrollo de cultivos como forrajes, olivos, frutos secos, vid y cerezas, con sistemas de riego tecnificado adaptados a las condiciones ambientales de la zona.
El plan también apunta a generar nuevas oportunidades para la producción de alimentos y materias primas, en un territorio que cuenta con una dinámica económica marcada por los hidrocarburos. La disponibilidad de agua, las características del suelo y la infraestructura necesaria son factores centrales para evaluar la viabilidad de estas iniciativas.
En ese contexto, los estudios en Añelo–Tratayén aportan información relevante para conocer el potencial de los terrenos y orientar futuras decisiones de inversión. No obstante, la superficie que podría incorporarse a la producción y los cultivos que eventualmente se desarrollarían, dependerán de los resultados de las evaluaciones técnicas.
La incorporación de tecnología de riego adaptada a la zona busca impulsar la producción de alimentos en convivencia con la actividad de Vaca Muerta.
Una actividad con antecedentes en la zona
Aunque el desarrollo agrícola de gran escala representa un desafío en esta zona, la producción bajo riego no es nueva en el área. En 2015, el Gobierno provincial daba cuenta de la expansión del cultivo de maíz para forraje en el valle de Añelo–Tratayén, con más de 180 hectáreas destinadas a esa actividad y acompañamiento técnico estatal.
Más recientemente, una recorrida por establecimientos productivos del área permitió visibilizar experiencias como la Chacra San Francisco, de la familia Gracía, dedicada a la producción de alfalfa para henificación y maíz, con perspectivas de ampliar la superficie sembrada.
Estos antecedentes muestran que existen experiencias productivas sobre las cuales se puede seguir construyendo, aunque la ampliación de la frontera agrícola requiere evaluar cuidadosamente las condiciones de cada sector.
La articulación entre el Estado provincial y los actores privados será clave para avanzar en ese proceso. Por ahora, el relevamiento de suelos constituye un paso inicial para determinar las posibilidades de desarrollo de Añelo–Tratayén y su eventual incorporación a una estrategia de expansión de la producción bajo riego en Neuquén.
FUENTE: Redaccción +P