"La deuda en el sector agrícola se encuentra en un momento extremadamente delicado", afirmó Guilherme Campos, secretario de política agrícola del Ministerio de Agricultura de Brasil, en declaraciones a Reuters.
Subastas en aumento y embargos acelerados
Las entidades crediticias adoptaron una postura más agresiva frente a los préstamos impagos y recurren con mayor frecuencia al embargo de tierras agrícolas como garantía. El resultado es un aluvión de propiedades rurales que llegan al mercado de subastas.
Según datos del sitio agregador Leilao Imovel, el volumen de subastas creció hasta 14.219 propiedades rurales en 2025, un 30% más que el año anterior. Las propiedades embargadas y subastadas en procedimientos extrajudiciales más rápidos casi se duplicaron, con 2.398 casos registrados en el último año.
Andre Figueiredo, cofundador de la plataforma, aclaró que la empresa relevó a un 7% más de casas de subastas en 2025 respecto al período anterior, por lo que los datos no resultan directamente comparables. Sin embargo, las principales casas de subastas comparten información desde 2019 y la tendencia muestra un deterioro sostenido de la situación financiera de los productores. "El volumen de propiedades rurales en subasta aumentó significativamente. Las regiones dedicadas a la producción de soja y otros cereales fueron las más afectadas", precisó Figueiredo.
Las solicitudes de quiebra en el sector agrícola acompañan esa tendencia con igual crudeza: se dispararon un 56% en 2025, luego de haberse más que duplicado durante 2024, conforme a datos de la agencia de crédito Serasa Experian.
Una tormenta perfecta: precios, tasas e insumos
La crisis no nació de una sola causa. Sobre el campo brasileño confluyeron varios factores adversos de manera simultánea y sostenida. Los precios más bajos de los cereales erosionaron los ingresos de los productores en el momento en que los costos de los insumos se elevaban. La tasa de interés de referencia de Brasil subió del 2% al 15% en un lapso de cinco años, lo que encareció el crédito de manera dramática y dejó a miles de agricultores con obligaciones financieras difíciles de sostener.
El encarecimiento de los fertilizantes, agudizado durante el conflicto bélico en la región de Irán, sumó presión adicional y llevó a más productores a recortar sus planes de siembra. Menos siembra implica menos producción, menos ingresos y mayor dificultad para honrar las deudas contraídas.
Marcelo Pimenta, director general de agricultura de Serasa Experian, traza un panorama sombrío: "Las perspectivas de futuro no son buenas. Las tasas de interés son muy altas y no se sabe con certeza hacia dónde se dirigen los precios de las materias primas. La probabilidad de que se produzca una crisis debido a problemas climáticos es muy alta."
El clima como detonante
Sobre todas esas presiones económicas, el cambio climático opera como un amplificador de daños. El estado sureño de Rio Grande do Sul, uno de los más golpeados por el aumento de los impagos, padeció inundaciones catastróficas en 2024, vinculadas al cambio climático y al fenómeno de El Niño de ese año, según un estudio publicado en enero en la revista NPJ Natural Hazards, de la editorial Nature.
Ahora los agricultores se preparan para un posible fenómeno de "super El Niño", que podría deteriorar el rendimiento de los cultivos y comprometer aún más sus ingresos en los próximos ciclos productivos.
Un productor de Rio Grande do Sul, que prefirió preservar su identidad, describió su situación con precisión dolorosa: una agencia de crédito embargó recientemente más de la mitad de su granja familiar, luego de que las condiciones meteorológicas extremas arruinaran sus cosechas. "El cambio climático es significativo, es evidente. De una hora a otra no podemos producir debido al exceso de lluvia o al exceso de sol. El factor climático es lo que nos puso en esta situación", sostuvo.
Un sector que busca piso
La combinación de tasas de interés elevadas, precios de exportación deprimidos —especialmente la soja—, insumos caros y un clima cada vez más impredecible configura una ecuación de altísimo riesgo para la agricultura brasileña. Los productores siguen intentando recuperarse de una serie de crisis encadenadas, sin que las condiciones externas ofrezcan señales claras de mejora.
Brasil es una de las principales potencias agrícolas del mundo, con millones de hectáreas dedicadas a la producción de soja, maíz, caña de azúcar y otros cultivos de escala global. La profundidad de esta crisis no solo pone en riesgo a las familias que trabajan la tierra: también proyecta sombras sobre la capacidad exportadora del país y sobre el equilibrio de una economía que históricamente encontró en el agro uno de sus pilares más sólidos.
FUENTE: Reuters con aportes de Redacción +P