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De 8.000 a 17.500 kilos por hectárea: la apuesta al maíz bajo riego que crece en Río Negro

En Río Negro, el maíz bajo riego mejora rindes y estabilidad productiva con rotaciones intensivas, grano húmedo y control preciso del agua.

Desde que se recibió de ingeniero agrónomo, hace unos 15 años, Francisco Pili tiene a cargo Esperanza SRL, la pata agropecuaria de las tres empresas de su familia, oriunda de General Roca, Río Negro. El próximo jueves 5 de marzo, su chacra de la localidad de Cervantes será sede del Primer Encuentro de Maíz Bajo Riego, al que se espera concurran más de 100 personas. Allí se podrá apreciar in situ el desarrollo del maíz y otros cultivos extensivos en la Norpatagonia, con híbridos de alto potencial de distintos semilleros, con manejos a nivel del productor, demostraciones a campo de siembra variable, cortes por surco, cosecha con mapeo de rendimiento y uso de drones, además de intercambiar experiencias con productores y técnicos.

-¿Por qué le pusieron Esperanza a la empresa?

-Por mi abuela materna. Cada chacra tiene el nombre de una de nuestras abuelas o tías: Juana, Generosa y Josefa. Y el vino que yo hago se llama Damajuanita.

-¿Y qué actividades abarca?

-Hacemos fruticultura, tenemos manzana, pera, uva para vinificar, con la que hacemos malbec y algo de Pinot; hacemos un poquito de forestación y también maíz, alfalfa; y tenemos algunos corrales, un pequeño feedlot. Entonces casi el 98% del alimento de nuestro corral lo producimos nosotros, compramos un poquito del concentrado nada más.

-¿Cómo usan el maíz?

-El maíz lo cosechamos en grano húmedo, lo molemos, lo guardamos en silobolsa; ahora estamos haciendo la parte de picado del maíz, contratamos el servicio. El año pasado hicimos unas pocas hectáreas de soja, que nos ayudan para levantar un poquito la proteína en la ración, y tenemos nuestros propios rollos de alfalfa que los consumimos en el corral y cuando tenemos excedentes los vendemos.

-¿Adónde venden?

-Todo lo que producimos en la región se vende acá, todos los animales, y hace cuatro o cinco años incorporamos una relación estratégica con una empresa de la provincia de Neuquén, que tiene cerca de 1.000 animales de cría por año, y nos los mandan para darles el servicio de hotelería y administración.

-¿La carne es para exportación o consumo local?

-No, hasta ahora siempre hemos hecho venta local, en la región, tanto en Río Negro como en Neuquén, y algo para la Línea Sur. Vendemos a través de matarifes, no vendemos directo.

-¿Cuándo empezaron con el maíz?

-Yo estoy acá desde 2008, maíz empecé a hacer cerca de 2012. Lo hemos ido mejorando con los años, eligiendo los lotes, los híbridos, buscando información, mejorando el sistema de riego, mejorando la calidad y el uso de los fertilizantes. Todo eso nos ha llevado a pasar de promedios de 8.000/9.000 kilos por hectárea a promedios de 12.000/12.500 kilos en los últimos años.

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Francisco Pili tiene a cargo la explotación Esperanza SRL, la unidad de negocios agropecuaria de las tres empresas de su familia.

-¿Y fueron aumentando el área?

-No, hemos achicado un poquito la escala: hoy estamos haciendo 100 hectáreas, 120 como máximo. Llegamos a hacer 150 hectáreas, con promedios de 9.000 kilos; ahora tratamos de tener 12.000 kilos mínimo de promedio, con techos que han llegado a casi 17.500 kilos. Son los menos, pero hemos tenido.

Manejo, riego y eficiencia: las claves del sistema

-¿En qué están trabajando ahora?

-Ahora estamos tratando de mejorar la eficiencia del uso del agua, que los riegos sean más dinámicos, ganar tiempo y uniformidad en el riego, lo cual nos da una uniformidad luego en la plantación, ya sea alfalfa, cebada, vicia o maíz. Cuando el riego es homogéneo y en tiempo, también lo va a ser el uso de los fertilizantes y la producción. Entonces, nos estamos concentrando en mejorar eso.

-¿Y cómo hacen esas mejoras?

-Tenemos equipos para hacer nivelación láser. Mejoramos la sembradora que teníamos, la actualizamos: la hicimos neumática, con siembra variable, con cortes por surco, que se pueda usar piloto automático. Y hemos combinado con algo que se viene haciendo hace mucho tiempo en la zona y nosotros no lo hacíamos: tratar de cosechar grano de maíz partido, húmedo, que mejora la digestibilidad del alimento y la conversión en el corral, y nos libera el lote temprano para poder hacer otro cultivo anual. Las fechas tempranas de siembra acá son a partir del 10 de octubre y ahora, a principios de marzo, estamos empezando a cosechar el grano húmedo. Se hace una tarea de rolado, se desbroza el rastrojo de maíz y luego hacemos siembra directa de algo básico que acá en la zona anda muy bien: cebada y vicia.

-¿Qué función cumplen?

-La cebada me va a dar la parte de la fibra en el forraje y un pan radicular en el suelo que me ayuda un montón, y la vicia, que es una leguminosa, tiene una capacidad de exploración radicular en el suelo grande y, además, nos aporta nitrógeno para el cultivo siguiente, y ambas nos aportan materia orgánica. Entonces, esa misma pastura que estaremos sembrando de acá a 20 días la vamos a estar haciendo rollo en las primeras semanas de octubre, y volvemos a entrar en el ciclo con maíz o soja, por ejemplo.

-O sea, la idea es que estén siempre verdes los lotes.

-Estamos tratando, no es que lo venimos haciendo hace un montón, capaz que otros lo hacen. Nosotros venimos trabajando en esto hace tres años, tratando de lograr buenos resultados. El objetivo es ese: tratar de mantener el suelo con cobertura y todo lo que produzcamos, que es material aprovechable, tiene un objetivo, llegar a una fibra o a un alimento con un valor acorde, produciéndolo acá en la zona, con buenos rendimientos. Una vez que tenés la maquinaria y la gente, y vas aceitando todo, podés bajar costos, y bueno, llegamos con un alimento al corral, que si bien se imputa al valor del mercado, lo producimos a un costo menor, y acá en la zona.

-¿El riego que hacen es por manto?

-Sí, todo riego por manto. Una parte se riega con bombas eléctricas, de caudal, digamos, y otra parte se riega con el consorcio de riego, gracias a obras que se hicieron hace más de 100 años para irrigar más de 60.000 hectáreas en el Alto Valle del Río Negro. Hoy está en producción más o menos la mitad de esa superficie, con fruticultura, alfalfa, horticultura, viñedos y demás. La otra mitad no, sea porque se hicieron inmuebles o porque se abandonaron.

-¿La maquinaria es de ustedes?

-Tenemos cosechadora, embolsadora, sembradora de grano grueso y sembradora de grano fino: son todas máquinas que no son modernas, pero andan bien, cumplen su función. Y tenemos maquinaria para realizar el sistema de nivelación láser.

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Del grano húmedo al feedlot propio: el sistema integrado que potencia la rentabilidad en Río Negro.

-¿Y toda esa maquinaria no les queda sobredimensionada?

-El tema es que, históricamente, acá no hubo contratistas, recién hace poco tiempo hay, y aunque las distancias no son tan grandes, el tiempo operativo que tenemos para trabajar sobre los cuadros es alto, y la ventana de siembra es acotada. Entonces, si tengo el cuadro para sembrar hoy y tengo que esperar porque el contratista no viene, porque no tiene capacidad para plantar, es complicado. Por eso cada productor, grande, chico o mediano, trató de tener su sembradora y su cosechadora. Es muy probable que acá alguno con 10 hectáreas tenga cosechadora y sembradora, que es un disparate, pero es así.

Apertura de importaciones

-¿Aprovecharon la habilitación para importar maquinaria?

-No, no, compramos toda maquinaria que quedó obsoleta en el norte del país. Por ejemplo, salió la cosechadora con sistema de trilla axial, y entonces la común, cilindro y cóncavo, en algunas regiones de la Argentina quedó obsoleta por capacidad de trabajo, pero para nuestra superficie está bien. Entonces la trajimos y la usamos. No sé si es lo mejor, pero no podemos traer una máquina de u$s 500.000 para cosechar 100 hectáreas.

-¿Son máquinas que descartan grandes contratistas?

-O pequeños productores. Yo tengo una Don Roque 125 hidrostática, todos los años le hago todo nuevo. La conseguí de un productor que cambió a una mejor, y era un productor que no hacía muchísimas hectáreas, la máquina estaba bastante bien cuidada. Y por la infraestructura en los campos donde estoy yo, que tienen puentes, alamedas y los cuadros no son grandes, a las máquinas grandes les cuesta trabajar acá.

-¿Nivelar el suelo es muy caro?

-Depende, como decimos los agrónomos. Los cuadros nuestros ya tienen un nivel cero, el desmonte ya se hizo. Ahora estamos unificando cuadros, de 260 metros de largo por 60 de ancho, eso sería un paño de riego más o menos. Después, hay otro avance de desarrollo agrícola que se está haciendo, donde solamente se hace un desmonte y se pone el pivote arriba. Sí hay que analizar la cuestión de si pagás, supongamos, u$s 1.500 o 2.000 la hectárea, ¿cuánto le ponés arriba para ponerla en producción y cuánto vale después? Ese es el quid de la cuestión. Se puede decir que mi producción es cara, pero yo produzco todos los años y tengo estabilidad; hasta con granizo se ha producido algo. Salvo que haya una eventualidad climática como un granizo tremendo o una helada fuera de término —que puede pasar y va a pasar más frecuentemente—, a nosotros lo único que nos preocupa es el tema del agua, cómo cuidarla y manejarla mejor.

-¿Y no es más eficiente el pivote en ese sentido?

-En el uso del agua, seguramente sea así. Pero creo que en los lugares donde tenés la infraestructura de riego desde antes, que son canales con riego gravitacional con agua que se toma en el río, es la opción más barata y es la mejor, sobre todo. Los pivotes que se usan en campos de la provincia de Buenos Aires, Córdoba y otras zonas son para riego suplementario, se prenden solamente en los períodos críticos. Acá el riego es totalitario, tiene que cumplir todos los requerimientos de las plantas. Pero, insisto, producís siempre. Y aun con los costos que tiene, tenés márgenes positivos.

-¿Cuál es el potencial para desarrollar superficie bajo riego allí?

-Tenemos áreas bajo riego que son espectaculares y muchísimas más para desarrollar. En Río Negro creo que hay unas 200.000 hectáreas empadronadas bajo riego, y más de 100.000 en desarrollo. Esas nuevas áreas van a necesitar seguramente energía, y si van a hacerse con pivote o con manto con bombas, lo va a elegir cada productor que esté interesado en invertir en ese lugar. Ambos sistemas andan bien.

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-¿Qué había en los campos de ustedes antes de que hicieran agricultura?

-La mayoría venían de fruticultura, pero las chacras que fuimos comprando estaban abandonadas hacía mucho tiempo.

-Pero entonces ahí ya se había desarrollado un suelo, ¿no?

-Sí, sí, totalmente, eso nos ha ayudado mucho. Y, además de todo lo hecho, compartir los trabajos y experiencias a través del grupo CREA. Cuando arrancás de un desmonte, ya sea un monte nativo o frutal y demás, después del primer riego, la prueba hidráulica, se empiezan a usar cultivos para empezar a fijar suelo, para hacer una nueva exploración de raíces… Se busca estabilidad en un período corto para recién luego ir a un cultivo que necesite mayor inversión, como puede ser el maíz.

-¿Cuántas hectáreas tienen agrícolas sin contar la fruticultura?

-Más o menos 200 hectáreas.

-¿Y piensan aumentarlas?

-Estamos trabajando en mejorar lo que tenemos, por el momento.

-¿Hay gente de otras zonas del país o del exterior yendo a producir agricultura a la región, viendo los ejemplos fenomenales de rindes?

-Yo creo que los altos rindes estuvieron siempre, hace mucho tiempo que se hace esta actividad en Río Negro. Pero en los últimos años, quizás de 2010 o 2011 en adelante, hubo una nueva ola de producción de estos cultivos extensivos, que no sé si son los que tienen los mejores márgenes, pero sí vienen creciendo como tendencia de uso de la tierra. Y hay casos de gente de zonas externas a Río Negro que ha comprado campos aquí. Está pasando. No sé si son extranjeros o no, pero sabemos de productores de otras regiones que han venido y han invertido en la región para producir ganadería, alfalfa, maíz. Y si está pasando, es porque hay interés. Hay inversiones concretas.

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Con rotaciones intensivas y eficiencia hídrica, el maíz patagónico empieza a captar la atención de inversores.

-¿Qué tamaño de superficie buscan?

-Y la gente que viene de afuera compra superficies grandes para lo que son los campos bajo riego, tipo 500 o 1.000 hectáreas. En áreas de producción bajo riego es difícil encontrar campos muy grandes.

-¿Qué sería hoy lo que más les complica la producción?

-Creo que, como todo productor agrícola o industrial, estamos lidiando con la carga impositiva. Hoy tenemos un 27% de IVA en el valor de la electricidad para riego, es una locura. Y después compartimos todo lo que necesita la mayoría de los productores a nivel país: caminos, energía, conectividad, créditos que te permitan renovar la maquinaria para no quedarte atrás y ser más eficiente. Después, uno de los principales temores acá era lo de la barrera sanitaria, pero la flexibilizaron y hoy seguimos trabajando, somos competitivos y seguimos estando acá. Entra carne barata, entra carne cara y seguimos produciendo y seguimos vendiendo. Seguramente nos afectó, pero bueno, seguimos trabajando.

-¿Qué importancia se le da al manejo en esta zona que tiene asegurado el sol y, con riego, también el agua?

-Bueno, justamente acá hay algo que pasan de largo cuando vienen de afuera, y es el manejo. El manejo es clave. En el cultivo de maíz es el factor que pondría arriba de todo. La elección del lote, cómo manejar el agua, cuándo vas a tener el agua… Podés poner el mejor híbrido, la mayor cantidad de nitrógeno, pero si no tenés alguien que esté encima del cultivo y te lo maneje, fracasás.