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Del campo a la industria, el cáñamo se abre camino en Patagonia

La producción del cáñamo industrial tiene experiencias concretas de cultivo, como la de Peñas Blancas. En esta nota charlamos con el presidente de la cooperativa que lleva adelante esta iniciativa.

El recorrido del cáñamo abre la posibilidad de construir una nueva cadena de valor patagónica. Las referencias en General Roca, donde ya hubo una cosecha experimental, se suman a los pronósticos del Gobierno de Río Negro que señalan que, los valles, presentan condiciones agroclimáticas favorables para el cultivo.

Diferentes actores trabajan en conjunto para incentivar esta producción, que promete ser una alternativa a la fruticultura en la región. El interés radica en que cada parte de la planta puede encontrar un destino.

Entre los usos mencionados por los organismos oficiales aparecen la fibra textil; materiales para construcción; industria automotriz; alimentos; aceite; harina; alimentación animal; y la cosmética. Además, se estudia el potencial ambiental del cáñamo, especialmente por su capacidad de fijar carbono.

Amparado por la Ley 27.669, el cáñamo industrial se diferencia técnicamente por contener menos del 1% de THC, lo que habilita su uso en diversos sectores productivos.

El marco legal en Argentina

La Ley 27.669 fue sancionada por el Congreso de la Nación en el 2022. Esta norma estableció el “Marco Regulatorio para el Desarrollo de la Industria del Cannabis Medicinal y el Cáñamo Industrial”.

La reglamentación argentina establece que el cáñamo industrial y/u hortícola comprende plantas, partes, semillas y derivados con hasta 1% de THC destinados a fines industriales u hortícolas.

Amparados por esta regulación, la Cooperativa Quatrifinio desarrolla su emprendimiento en la localidad de Peñas Blancas, un paraje rural de Río Negro a unos 35 kilómetros de Catriel. El proyecto está ubicado en una chacra propiedad de la familia de Kevin González, actual presidente de la cooperativa.

A continuación, la entrevista completa:

¿Cómo nació la Cooperativa Cuatrifinio?
La cooperativa empezó hace casi cinco años. Algunos integrantes veníamos de grupos asociativos anteriores y también hay una historia familiar vinculada al cooperativismo. Lo que buscábamos era empezar a trabajar la tierra, volver un poco a las raíces.
Primero evaluamos distintas formas de organización y finalmente nos decidimos por una cooperativa de trabajo, porque tiene un fin social particular y una experiencia que nos resultaba interesante.
Somos 12 personas. Este año empezamos también con un proceso de pasantías para poder sumar nuevos miembros, con un período de adaptación al grupo, al trabajo y al ritmo de la cooperativa.

¿Qué actividades productivas desarrollan?
Empezamos haciendo verduras para consumo propio y trabajando en fitomejoramiento para desarrollar una variedad nueva de cannabis medicinal. Es un proceso que lleva años y tiene un fin exclusivamente investigativo. Paralelamente hacemos lombricultura y compost, y nos fuimos capacitando junto con INTA y otras instituciones.
También tenemos pasturas para realizar pastoreo racional y algunas aromáticas, que utilizamos como barreras biológicas contra las plagas y para elaborar purines y otros preparados que sirven para nuestros cultivos. Actualmente trabajamos unas cuatro hectáreas, con posibilidades de crecer hasta diez.

El procesamiento posterior a la cosecha es uno de los mayores desafíos: la cooperativa colabora con especialistas locales y europeos para diseñar la maquinaria adecuada.

¿Cómo llegó el cáñamo a la cooperativa?
Hace aproximadamente dos años surgió la normativa que permite obtener licencias agrícolas para cáñamo y, como cooperativa, nos planteamos si queríamos trabajar en eso. Es una industria muy nueva, pero nos parecía que había una posibilidad interesante.
Nos llevó tiempo hacer todo el trabajo necesario para poder acceder a la licencia. Nosotros ya habíamos participado, incluso antes de que existiera este marco legal, de una Expo Cáñamo en San Luis. Después, cuando la normativa lo permitió, empezamos a trabajar específicamente con cáñamo industrial.

¿Qué tipo de cáñamo producen?
Trabajamos con una variedad que tiene alrededor de 0,3% de THC y que está destinada principalmente a fibra, aunque también tiene un doble propósito. La diferencia legal es muy clara: para ser considerado cáñamo tiene que tener menos del 1% de THC.
Es importante hacer esta diferenciación porque muchas veces se mezcla todo y parece que fuera lo mismo. Hay una letra chica y una normativa que hay que respetar. Nosotros buscamos trabajar seriamente y con los organismos correspondientes.

¿Qué posibilidades encontraron en el cáñamo?
Es una planta que tiene muchos usos. Nosotros, por ahora, estamos apuntando principalmente a la construcción. Con la fibra se pueden hacer materiales para aislación térmica, placas y otros productos. También se puede mezclar con cal hidráulica y agua, en determinadas proporciones, para generar materiales de construcción.
Por otro lado, si se cosecha el grano se puede obtener aceite comestible y también harina. Hay muchas posibilidades y justamente el desafío es encontrarle a cada producción un destino concreto. También estamos explorando la posibilidad de utilizar el grano para elaborar alimentos balanceados para animales de granja, como los cerdos.

En los campos cercanos al río Colorado se realizan ensayos para seleccionar variedades de cáñamo resistentes al viento, la alta radiación y la calidad del agua de riego regional.

¿Qué hicieron con la primera cosecha?
Nuestra primera temporada fue la 2025-2026 y fue principalmente experimental. Tuvimos algunos inconvenientes burocráticos con los permisos de ARCA que demoraron la siembra y eso hizo que el rendimiento fuera bastante menor al esperado.
No fue una producción pensada tanto para obtener un rédito económico, sino para investigar. Actualmente estamos terminando de procesar el material, analizando el grano y trabajando con personas e instituciones que tienen las capacidades para hacer esos estudios.
En construcción también hicimos moldes, realizamos cursos y pudimos practicar y fabricar algunas cosas nosotros mismos para probar qué posibilidades tiene el material.

¿Qué procesamiento necesita el cáñamo después de la cosecha?
Ahí aparece uno de los grandes desafíos. La industria todavía está creciendo y nosotros estamos trabajando con gente de distintas provincias para poder desarrollar la maquinaria necesaria.
Incluso estamos trabajando con especialistas en maquinaria de Europa para diseñar equipos tomando como base las máquinas que ya existen. No es algo que podamos resolver solamente nosotros. Necesitamos que los privados, las instituciones y los organismos técnicos encuentren juntos la manera de desarrollar la industria que viene.

En la finca de Peñas Blancas, Río Negro, la Cooperativa Cuatrifinio encabeza una de las experiencias pioneras de cultivo de cáñamo industrial en la Patagonia.

¿Qué papel cumplen instituciones como INTA y las universidades?
Para nosotros la interacción con INTA y otras instituciones ha sido muy enriquecedora. Han puesto a disposición maquinaria, experiencia y conocimientos. Por ejemplo, hemos trabajado con equipos para chipear el cáñamo y hacer distintas pruebas.
También estamos articulando con universidades y otros organismos. En uno de los proyectos que presentamos buscamos desarrollar materiales para construcción a partir del cáñamo que producimos acá.
Otro de los desafíos es poder contar con una biofábrica que nos permita elaborar productos cumpliendo con todas las reglamentaciones. Hoy tenemos los conocimientos, pero necesitamos contar con el lugar, el equipamiento, los depósitos y todo el instrumental necesario.

¿El clima de Peñas Blancas es adecuado para el cultivo?
La planta se adapta a muchas latitudes. En nuestra zona tenemos mucho viento, principalmente del sur, y mucha radiación acumulada durante todo el ciclo. Eso genera determinadas características en la planta.
Además, nosotros utilizamos agua del río Colorado para riego. Esa particularidad también hace que podamos seleccionar variedades y plantas que se adapten mejor al ambiente.
Estamos trabajando para obtener plantas adaptadas a esta conductividad del agua, que eventualmente podrían servir también para otros lugares donde se utilice agua de características similares.

¿Creés que existen prejuicios por la asociación del cáñamo con la marihuana?
Sí, creo que existen. Nosotros, desde que nos constituimos, siempre buscamos estudiar y entender la planta. Hay que conocerla y capacitarse. No estamos descubriendo algo que no exista: simplemente todavía no conocemos todo lo que se puede hacer con ella. Cuando uno investiga y se capacita encuentra que la diferencia está muy clara y que, si el trabajo se hace seriamente, se puede desarrollar una actividad productiva dentro del marco legal.

Debido a sus favorables condiciones agroclimáticas, los valles rionegrinos ven en el cáñamo industrial una alternativa productiva y sustentable para diversificar la matriz agrícola.

¿Cuál es el desafío que tienen por delante?
El desafío es encontrarle una industria final a lo que producimos. El cáñamo tiene muchas posibilidades, pero hay que ir una por una y de manera realista. Nosotros hoy estamos apostando a la construcción, aunque también seguimos explorando otras alternativas. Queremos aprovechar todo lo que se pueda de la planta y no desperdiciar nada.
La industria del cáñamo está naciendo y para que llegue al campo necesitamos el apoyo de las instituciones, pero también que los privados encuentren la vuelta a la industria que se viene.

En los campos de Río Negro, el cáñamo todavía es una historia que recién comienza. Hay ensayos, primeras cosechas, productores que se animan a explorar y una industria que busca encontrar los caminos para transformar una planta en nuevos materiales, alimentos y oportunidades.