Si bien gran parte de la inmigración europea que recibió el Alto Valle, antes territorio nacional, vino de Italia y de España, también llegaron comunidades de países como Eslovenia, quienes hoy intentan reconstruir su historia y mantener su cultura.
Edgardo creó la agrupación de descendientes eslovenos para honrar el legado cultural de su padre.
Tras las huellas de la historia
Edgardo Biteznik es nieto de inmigrantes eslovenos, su mirada de ojos claros expresa parte de su historia donde la producción, la tragedia y hasta una historia de amor se entrelazan como destino.
Su abuelo Iván nació en 1901 en Ravn, Eslovenia, y llegó a Cinco Saltos, Río Negro, en 1924, para trabajar en chacras de la zona. Hacia 1940 nace Luis, el padre de Edgardo, quien continuó con la actividad productiva hasta su fallecimiento en un trágico accidente.
En 1934, la familia Biteznik compró su primera chacra en Cinco Saltos para cultivar frutales.
Este hecho lamentable sucedió en el año 2011 sobre la ruta 151, donde fallecieron el padre y la madre de Edgardo, Lydia Giamblanco, una reconocida odontóloga de Villa Manzano de familia italiana.
Unos años después, en el 2016, Edgardo se puso el objetivo de re construir su historia, ligada a la inmigración eslovena. Su padre tenía el sueño de crear una comunidad y preservar su cultura y, en base a este legado Edgardo comenzó a trabajar para armar la agrupación: “Eslovenos y descendientes de eslovenos de la Norpatagonia”.
Fotos antiguas rescatan los recuerdos del trabajo frutícola y las tardes en el lago Pellegrini.
La producción como motor
En 1934, el abuelo de Edgardo, Iván Biteznik, compró su primera chacra de cuatro hectáreas en Cinco Saltos, en la que comenzaron a producir alfalfa. Luego, se pasaron a la producción de peras y manzanas.
Años más tarde, la actividad continuó en San Patricio del Chañar, donde los padres de Edgardo compraron nuevas tierras y se lanzaron a producir frutales.
“Muchas familias dependen de esa chacra”, afirma Edgardo, por eso cuando fallecieron sus padres, decidió alquilar la chacra para asegurar la continuidad laboral.
El amor por la producción unió a Edgardo Biteznik y Marcela Werro, vecinos de San Patricio.
María Isabel Sanchez
Fotos y recuerdos
“Mis padres amaban la chacra” cuenta Edgardo con la voz quebrada de la emoción, a la vez que recuerda a su padre y su compromiso social con la comunidad. Luis Biteznek, fue un ciudadano activo que colaboró con distintos aspectos del entramado social de la localidad.
“La infancia de mi padre fue muy particular, mis abuelos hablaban en esloveno y a mi padre lo mandaron de pupilo a la escuela San Miguel… toda la familia trabajó en la producción”, rememora.
Edgardo toma algunas fotos familiares y repasa lugares y momentos, la huerta familiar en la chacra, el camión donde su abuelo trasladaba los bines y los veranos en el lago Pellegrini, entre otros.
Edgardo creó la agrupación de descendientes eslovenos para honrar el legado cultural de su padre.
Tras los pasos de Eslovenia
A partir de la convocatoria de Edgardo por redes sociales para dar con otros eslovenos en el Alto Valle, se contactaron otras personas que él no conocía. En un principio se reunió con Simona Pfeiffer y Eduardo Tusek y más tarde conoció a otros hijos de inmigrantes.
En el 2018 con la asociación lograron traer a Jadranka Šturm Kocjan, embajadora de Eslovenia en Argentina, quien visitó proyectos productivos como la Bodega Familia Schroeder y mantuvo varias reuniones protocolares en el Alto Valle.
Edgardo pudo investigar que, como su abuelo, llegaron otros eslovenos a Cinco Saltos y, además se encontró con familias en Centenario, Vista Alegre, Catriel, Cipolletti, General Roca, Neuquén, Senillosa y hasta Cutral Có y Plaza Huincul. Incluso recordó que el reconocido escritor Juan Benigar era esloveno.
La comunidad eslovena busca reconstruir sus raíces y conservar su cultura en el Alto Valle.
Amor y producción
Marcela Werro es hija de un reconocido productor de frutas de carozo de San Patricio del Chañar, de una familia de descendencia alemana. Los abuelos de Marcela llegaron en los 70s a la localidad neuquina, mientras que los padres de Edgardo Biteznik llegaron en los 80s.
“La chacra (de los Biteznik) está casi enfrente y nunca nos habíamos visto” recuerda Marcela. Con Edgardo se conocieron muchos años después en un taller de neuromarketing y sus destinos quedaron unidos, ya que hoy están casados.
Edgardo, junto a Roberto Schroeder, la embajadora, Fabián Strancar y Daniel Brunskole, integrantes de la agrupación.
6Juntos, intentan reconstruir y sanar sus propias historias, además de ayudar a otros inmigrantes. Las costumbres familiares se mantienen en preparaciones como el Strudel, la Potica o el Chucrut, platos típicos de esa zona de Europa.
Narbo, Sinigoj, Tercich, Leon, Sakralzec, Kodelja, Kocina y los Biteznik entre otros, son algunos de los apellidos de las familias eslovenas que llegaron a Cinco Saltos. El trabajo, la producción, el amor por la tierra y las raíces del continente europeo, traen al presente los recuerdos de aquellos que apostaron por la Patagonia y sus frutos.