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El desierto de Atacama: ¿la nueva región productora de aceite de oliva de clase mundial?

En solo 6 años, la superficie de olivos en el Desierto de Atacama se triplicó. Hoy rinde hasta 2.500 kg/ha de aceite virgen extra gracias a 3.800 horas de sol al año y tecnología de punta. ¿Es esto el futuro de la agricultura extrema?

Durante décadas, el Desierto de Atacama fue sinónimo de imposibilidad agrícola. Con precipitaciones promedio inferiores a 2 mm anuales en algunos sectores, parecía un territorio reservado exclusivamente a la minería. Sin embargo, desde 2015 un puñado de visionarios –muchos asesorados por expertos israelíes y españoles– comenzó a plantar olivos en lugares donde ni los camélidos se atreven a pastorear.

El resultado es asombroso: en 2024 la Región de Antofagasta ya cuenta con más de 3.000 hectáreas de olivar comercial, concentradas principalmente en el valle del río Loa y la Pampa del Tamarugal. Esto representa un crecimiento del 180% desde 2018, cuando apenas superaban las 1.000 ha (ChileOliva, 2024).

Rendimientos que humillan a los olivares tradicionales

Lo más impactante no es la superficie, sino la productividad. Gracias a la altísima radiación solar (hasta 3.800 horas/año) y la enorme amplitud térmica (hasta 30°C entre día y noche), los olivos de variedades Arbequina, Arbosana y Koroneiki alcanzan rendimientos que dejan en ridículo a los tradicionales valles mediterráneos chilenos:

  • 8-12 toneladas de aceituna por hectárea
  • 2.000-2.500 kg de aceite virgen extra por hectárea

Estos números superan en un 30-50% los promedios del centro-sur de Chile y compiten directamente con los mejores olivares de Jaén (España) o Toscana (Italia). Los aceites atacameños ya han ganado medallas de oro en concursos internacionales como NYIOOC y Olive Japan.

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Los tres secretos

Ningún milagro ocurre sin recursos. En Atacama, el 95% del agua proviene de acuíferos profundos (pozos de 100-400 metros) y, en casos pioneros, de plantas desalinizadoras privadas como el proyecto Desierto Verde en Antofagasta o Agrícola Superfoods en Copiapó.

El riego es exclusivamente por goteo enterrado de alta precisión, con eficiencias superiores al 95%. Cada olivo recibe exactamente lo que necesita: entre 1.500 y 2.500 m³/ha al año, una fracción de lo que consume un olivar tradicional en el valle central.

El lado oscuro

Pero no todo brilla bajo el sol implacable de Atacama. La extracción intensiva de aguas subterráneas ha generado una fuerte reacción de las comunidades atacameñas (lictanantay), que denuncian la desaparición de vegas y bofedales -humedales altoandinos que se caracterizan por estar permanentemente saturados de agua, a menudo por afloramientos de agua subterránea- ancestrales.

Documentos judiciales del Consejo de Defensa del Estado (CDE, 2023) y el Informe del INDH (2022) advierten que varios acuíferos están en estado crítico de sobreexplotación. En Peine y otros pueblos, las napas han descendido hasta 15 metros en una década.

¿Hacia dónde va el olivar atacameño?

A pesar de las tensiones, el sector sigue creciendo. Nuevos proyectos incorporan desalación solar y reutilización de aguas residuales mineras, mientras algunos productores negocian acuerdos históricos con comunidades indígenas para compartir beneficios y monitorear conjuntamente los acuíferos.

En 2022, el Banco Mundial calificó esta experiencia como “uno de los casos más extremos y exitosos de agricultura en zonas hiperáridas del planeta”. Queda por ver si Atacama logrará transformar su oro verde en un modelo sostenible o si terminará siendo otro capítulo de la eterna disputa por el agua en el desierto más seco del mundo.