Según indicó la investigadora, existe una gran cantidad de información científica con respecto a la tolerancia del olivo a la sequía, pero es escaso lo que se conoce en referencia al proceso que genera la planta para aclimatarse a las bajas temperaturas.
“Las plantas en general pueden resistir el efecto de las temperaturas congelantes a través de dos mecanismos: tolerar la formación del hielo que se forma en los espacios entre las células (extracelulares), o evitar la formación de hielo extracelular a través del superenfriamiento del agua presente en sus tejidos. Este último, es el mecanismo principal que presenta el olivo”, afirmó.
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El olivo se desarrolla exitosamente en la Patagonia. Foto: Conicet.
Para realizar este proceso de superenfriamiento, el olivo necesita aclimatarse durante el otoño. En estos meses, acumula solutos y compuestos anticongelantes; endurece las paredes celulares de sus tejidos, y realiza una redistribución del agua entre los espacios extracelulares y las células, disminuyendo considerablemente el agua en los espacios extracelulares. Estos mecanismos aumentan la capacidad de superenfriamiento del olivo, pudiendo soportar temperaturas congelantes de hasta -14°C.
Para la investigadora, la combinación entre las características biológicas del olivo y las condiciones climatológicas regionales convierten a la Patagonia en una zona óptima para su cultivo.
“Hay una mirada vinculada a la Patagonia en relación a los cultivos que tiende a pensar la región como poco productiva. Hay una idea de Patagonia como un desierto, sin posibilidades productivas más allá de las extractivas como el petróleo o la ganadería ovina. Si bien no tiene las mismas características climáticas o de suelo que puede tener, por ejemplo, la zona pampeana o zonas con otros regímenes de precipitación o temperaturas, sí tiene algunas particularidades que hacen, por ejemplo, que la cereza producida en Patagonia sea de muy buena calidad, tanto por su tamaño, color o contenido de azúcares. La particularidad con el olivo es que a medida que se lo cultiva en zonas más frías, la acumulación de ácido oleico y fenoles en la planta aumenta. Estos compuestos orgánicos hacen que todos los aceites de oliva cultivados en las zonas más australes del país sean de excelente calidad”, concluye.
El caso de Río Negro
La provincia tiene casi 300 hectáreas dedicadas al sector olivícola, concentradas junto al golfo San Matías. En la provincia se aprovecha la cosecha de aceitunas para producir un aceite de alta calidad, que comienza a ser reconocido internacionalmente.
“Por su condición climática y posibilidad de tierra disponible se convierte en un lugar de potencial crecimiento productivo con posibilidad de convertirse en un jugador importante tanto por su calidad como por las posibilidades de crecimiento”, destacó Facundo Fernandez, secretario de Fruticultura.
Por su ubicación, estos cultivos tienen la ventaja de estar expuestos a más horas de frío y menor amplitud térmica que en otros lugares del país, lo que influye en gran medida en su calidad y rendimiento.
Para muestra basta un botón
Una de las empresas destacadas en la provincia es la de la familia Armengol Mañana, con más de 12 años al frente de la fábrica Oleosan. Se dedican a la producción de aceite de oliva extra virgen, con su marca consolidada, calidad de producto y un esquema comercial integrado.
"El emprendimiento familiar comenzó en 2008, cuando dejaron la ganadería vacuna y entendieron que el olivo podría adaptarse bien a la región. Lo primero que hicieron fue un análisis de suelo", comentó Gustavo, hoy parte del equipo de la empresa.
La empresa Oleosan, en particular, cuenta con 64 hectáreas en producción, 40 hectáreas que se plantaron recientemente y estarán listas en dos años. Gracias a la cercanía con el golfo, el microclima húmedo genera condiciones de protección contra los fríos y favorece factores de calidad notables.
En cuanto a la variedad, las olivas del tipo Arbequina tienen un sabor frutado suave. "Es una aceituna muy pequeña, pero con una alta concentración de aceite en pulpa. También tenemos variedades como la Picual y la Mission, que son de doble propósito: sirven tanto para la producción de aceite como para aceitunas de mesa," agregó Gustavo.