La pitahaya ya se comercializa en diversos mercados argentinos. Inicialmente concentrada en Buenos Aires entre comunidades asiáticas, la demanda creció significativamente en los últimos años. Productores de Jujuy comercializan la fruta y cada vez más interesados incorporan diferentes variedades para ampliar la diversidad productiva y extender la época de cosecha.
Evaluación de variedades
El INTA trabaja en la evaluación de 12 variedades pertenecientes a cuatro especies del género Selenicereus: S. monocanthus, S. undathus, S. megalathus y S. purpusi. Estas incluyen pitahayas de pulpa blanca, pulpa roja o fucsia y la variedad amarilla tipo palora. Cada una presenta características particulares en planta, calidad y rendimiento del fruto.
Algunos clones resultan totalmente autoincompatibles, por lo que requieren polinización cruzada para producir. Otros son parcialmente compatibles y generan frutos en bajo porcentaje y de menor peso. Las variedades completamente autofértiles ofrecen mayor porcentaje de cuajado con menor dependencia de polinización manual. La autofertilidad es heredable, aunque compleja y variable dentro de la misma especie.
Armella enfatiza que las plantas no se diferencian fácilmente a simple vista. Por esta razón, resulta fundamental realizar evaluaciones previas y adquirir plantas certificadas. Los estudios analizan biología floral, comportamiento ante cruzamientos y calidad de los frutos producidos.
Influencia de la luz y temperatura
La pitahaya, de origen tropical, necesita alrededor de 12 horas de luz junto con temperaturas diurnas de 30 °C y nocturnas de 20 °C para inducir floración. En Jujuy, estas condiciones se presentan principalmente en primavera y verano. Cuando disminuyen las horas de luz, la planta reduce su actividad.
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Variedades de pulpa roja, blanca y amarilla evaluadas por INTA: diversidad genética clave para extender cosecha y mejorar rendimientos.
Para extender el período productivo, ensayos incorporan iluminación artificial con luces LED. Esta estrategia prolonga la floración durante algunas semanas adicionales en otoño, hasta que las temperaturas caen por debajo de los 15 °C y la planta entra en menor actividad fisiológica.
Oportunidades y desafíos
La rusticidad de la pitahaya representa una ventaja en regiones subtropicales con variabilidad climática. Su alto valor comercial y demanda creciente la posicionan como alternativa viable para diversificar producciones tradicionales. Sin embargo, el éxito depende de manejo adecuado, selección correcta de variedades y condiciones ambientales óptimas.
Los trabajos del INTA Yuto aportan datos clave para que productores tomen decisiones informadas. La evaluación genética permite identificar materiales mejor adaptados, mientras los ensayos de manejo optimizan floración y rendimiento. Esta información técnica reduce riesgos y acelera la adopción del cultivo.
Perspectivas futuras del cultivo
El acompañamiento del INTA fortalece el desarrollo de este cultivo emergente. La combinación de investigación aplicada y transferencia de tecnología permite que productores locales incorporen la pitahaya con mayores garantías de éxito. En un contexto de búsqueda de alternativas productivas sostenibles, la fruta del dragón ofrece alto potencial económico y adaptación a entornos subtropicales.
La continuidad de estos estudios, enfocados en biología floral, compatibilidad y manejo de luz, genera conocimiento valioso. Productores que planifiquen con base en datos técnicos del INTA podrán optimizar inversiones y acceder a mercados exigentes que valoran calidad y diferenciación.
Con el avance de las evaluaciones, la pitahaya podría consolidarse como opción rentable que diversifica la matriz productiva del norte argentino y contribuye al desarrollo rural sostenible.
FUENTE: INTA con aportes de Redacción +P