El éxito radica en el entorno: la amplitud térmica, el viento persistente y el suelo árido crean condiciones ideales para olivos sanos, que generan un aceite de gran intensidad. A esto se suma la técnica: plantaciones ultraintensivas, riego por goteo, cosecha mecanizada y una almazara propia que prensa las aceitunas en menos de dos horas tras la recolección. “Este proceso preserva la frescura y eleva la calidad del producto”, detalla Retamal.
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“Todo comenzó con el sueño de mi padre", cuenta Giulio.
Crecimiento y características
Actualmente, “Olivares del Neuquén” cultiva 100 hectáreas, con planes de expandirse a 150. El 80% de la plantación es Arbequina, una variedad de aceituna pequeña, resistente al viento y de sabor suave; el 20% es Arbosana, que aporta matices más intensos y picantes.
Esta combinación da como resultado un aceite equilibrado y accesible. “Queríamos un producto que conquistara a los neuquinos, donde el aceite de oliva no era tan común. Buscamos un sabor suave, ideal incluso para los más chicos”, explica Giulio.
El proyecto cuenta con un sistema de riego propio, alimentado por un decantador de un millón de litros. “El olivo necesita un suelo adecuado, agua precisa y nutrientes integrados al riego”, subraya.
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El proyecto cultiva 100 hectáreas, con planes de expandirse a 150.
Hacia nuevos mercados
Aunque el foco está en el mercado regional, el objetivo a mediano plazo es la exportación. “Una vez consolidados localmente, queremos aumentar la producción para llegar a Brasil, un mercado cercano, con alta demanda de aceite de oliva, que hoy importa de destinos más lejanos”, proyecta Retamal.
“Lo que más nos motiva es la recepción de la gente. En Neuquén valoran lo auténtico, lo local. No buscan marcas importadas: eligen lo nuestro cuando es de calidad”, concluye.