Extensión hacia los productores: Integrantes del sector técnico y encargados de campo participaron del encuentro en el CPIARN que sentó las bases para las jornadas abiertas de marzo de 2027.
Se preparan ensayos de híbridos de maíz en el Alto Valle y Valle Medio para 2027. Una jornada técnica realizada en Roca, dejó dos advertencias.
Luego de una jornada de elevado nivel técnico sobre cultivos de maíz en el norte de la Patagonia, a la que acudieron dueños de campos, profesionales y hasta trabajadores rurales, se acordó realizar en marzo de 2027 dos jornadas -abiertas a todos los productores de la zona-, con un objetivo puntual: comparar el rendimiento de los distintos híbridos de maíz que desarrollan las principales semilleras del país en condiciones de siembra patagónicas. Una jornada está previsto que se realice en el Alto Valle y otra en el Valle Medio, porque así de precisos son los ajustes que demanda este cultivo a las condiciones climatológicas donde se desarrolla.
El adelantó lo realizó Verónica Favere, ingeniera agrónoma y jefa de la Agencia de Extensión Rural del INTA en Valle Medio, pocos días después de participar de una charla técnica en la sede del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de Río Negro (CPIARN), en calle Belgrano de General Roca.
“Este año vamos a volver a repetir los ensayos de los materiales, estamos apuntando a hacerlo en dos zonas, en el Alto Valle y en Valle Medio. Y la idea es repetir la jornada que se hizo en marzo pasado (organizada por Maizar), pero repetirla para los productores”, anticipó Favere, quien precisó que el ensayo de híbridos se organiza junto con Crea, Aapresid (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa), y el INTA.
El antecedente de esa convocatoria es la jornada técnica que se realizó el jueves 5 de marzo, organizada por Maizar, donde se analizó el potencial del cultivo en la región. Fue una instancia pensada para el sector técnico; la de marzo próximo, en cambio, apunta directamente a los productores.
“Realmente estuvo muy bueno”, resumió Favere sobre el encuentro de la semana pasada en el CPIARN, “porque aparte también se armaron charlas entre los técnicos y los disertantes”. La ingeniera destacó en particular la participación de los encargados de campo, una figura que, explicó, suele manejar información que ni los propios técnicos tienen: “El encargado de campo a veces es el que anda viendo si se regó bien, si se regó mal, si se habían atrasado en la fecha de siembra, o sea, como que tiene ahí una data que muchas veces el técnico no la tiene, porque no está en el día a día”.
La dinámica incluyó ejercicios sobre casos concretos, y se plantearon situaciones de suelos con dificultades o productores con poco presupuesto para fertilizante. “Diferentes situaciones que, obviamente, son muy reales y suceden todos los días”, señaló Favere, quien atribuyó buena parte del resultado al nivel de los disertantes convocados.
Entre las conclusiones de la charla en el CPIARN, denominada “La brecha de rendimiento en maíz bajo riego en la Norpatagonia”, hubo una que se repitió como eje: la de no trasladar mecánicamente paquetes tecnológicos pensados para otras regiones maiceras del país. “No hay que extrapolar un modelo al otro lado, hay que tener parámetros de las experiencias más próximas posibles”, fue una de las conclusiones principales de la reunión.
Entre las explicaciones que sustentan este argumento, una es que el llenado del grano está atado a la temperatura, por lo que el rendimiento puede variar según la latitud, y solo ensayos hechos en el Alto Valle y el Valle Medio permite fijar parámetros propios.
La segunda advertencia tiene que ver con el calendario. Según detalló Favere sobre las particularidades de la región, “a veces para hacer buenos maíces hay que ajustar un montón de cosas. Muchas veces hay algunos que piensan que comprando el mejor material (semilla), van a tener más rendimiento, pero después no fertilizan bien, o riegan mal, o siembran en cualquier fecha”, advirtió.
La región tiene, según Favere, un potencial climático concreto: “El potencial climático está, porque la radiación, la temperatura y la amplitud térmica hacen que, potencialmente, esta latitud tenga más rendimiento potencial que la zona núcleo”. Ese mismo potencial, agregó, es lo que empezó a atraer a varias semilleras hacia la zona.
Los apuntes técnicos de la jornada de marzo completan el cuadro. El momento crítico para el maíz son los quince días previos y los quince posteriores a la floración, porque es cuando se define la cantidad de granos que tendrá cada mazorca; los eventos climáticos posteriores a esa ventana ya solo afectan el peso del grano, y el estrés hídrico previo a la floración golpea directamente la cantidad de granos.
También se marcó una diferencia interna de la región -las temperaturas no son iguales en Conesa que en Patagones, porque el Valle Inferior es más fresco- y hubo coincidencia entre los técnicos en que el mejor momento para sembrar es el 15 de octubre, incluso algunos días antes, con el primer lunes de octubre como otra referencia posible. Una helada en esa etapa temprana no es crítica: es preferible, se explicó, que ocurra en estado vegetativo de la planta y no durante el llenado del grano, ya que una helada anterior a los quince días previos a la floración no compromete el cultivo. El temor a las heladas, se planteó en la jornada, es en parte una herencia cultural de la fruticultura, la actividad que domina la región, más que un riesgo real para el maíz sembrado a tiempo.
El calendario tiene además una contracara agronómica: sembrar tarde deriva en una planta más alta, pero con menos grano, mientras que la siembra temprana da un maíz más petizo y con mayor cantidad de grano. Se trabaja, en general, con híbridos de ciclo corto -los llamados “superprecoces”-, de unos 117 días, con una cosecha proyectada para el 15 o el 20 de marzo.
A esas definiciones de fecha se suma la de densidad de siembra, que en la región debe ser alta según aconsejaron los técnicos: desde 80.000 plantas por hectárea “para arriba”, mientras que en lugares como Necochea, el techo está en 60.000 semillas por hectárea en ambientes de mayor potencial o planteos ajustados, o en torno a las 35.000 plantas en el resto de los casos. Un maíz de alta densidad capta más radiación por hectárea, pero también exige más agua y más nutrientes.
Es sobre ese mismo set de variables -latitud, fecha de siembra, densidad, riego, fertilización- que se analizarán en la jornada donde se pondrán a prueba los híbridos de las distintas semilleras, ahora con una convocatoria que deja de estar circunscripta a técnicos y disertantes, para abrirse a los productores del Alto Valle y el Valle Medio.
FUENTE: Redacción +P
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