En la campaña 2023/2024, las pérdidas estimadas por esta plaga a nivel país superaron los 2.000 millones de dólares, según informes de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Esta cifra monumental se debe principalmente a la caída de 11,4 millones de toneladas en la estimación de la cosecha de maíz tardío. Este tipo de pérdidas no solo afectan a los productores, sino que también tienen un efecto dominó en toda la cadena de valor, incluyendo la exportación y el mercado interno.
Tucuras y conejos: la amenaza latente
Las tucuras (distintas especies de langostas) y el conejo europeo (Oryctolagus cuniculus) son plagas más conocidas, pero no por ello menos destructivas. Las tucuras, al alimentarse de los pastos y cultivos, compiten con el ganado y reducen la disponibilidad de forraje. Su impacto se siente especialmente en años de sequía, cuando su población se dispara y su apetito voraz puede arrasar grandes extensiones de campo.
El conejo europeo, por su parte, causa daños severos en plantaciones forestales, pasturas y, en menor medida, en huertas y frutales. El control de estas especies requiere de un esfuerzo conjunto y constante, que incluye desde el uso de cebos tóxicos hasta la implementación de trampas y cercos, lo que representa una carga económica adicional para los productores.
El costo de la prevención
La mosca de la fruta (Ceratitis capitata) representa un tipo de impacto económico crucial. A diferencia de otras plagas, el mayor costo para la Patagonia no reside en la pérdida de la fruta, sino en el costo de la prevención.
La región patagónica es un área libre de esta plaga, un estatus que le permite exportar sus frutas a mercados internacionales sin tratamientos cuarentenarios adicionales. El mantenimiento de esta barrera fitosanitaria, a cargo del SENASA y con la colaboración de los productores, es una inversión millonaria que protege la competitividad de las exportaciones.
Un solo brote descontrolado podría significar la pérdida de mercados y la imposición de tratamientos costosos, lo que comprometería la viabilidad de la industria frutícola regional.
Los brotes ocasionales de esta plaga y el constante monitoreo de la barrera fitozoosanitaria del SENASA son un recordatorio de que la amenaza siempre está presente. Un brote descontrolado podría significar el cierre de mercados y pérdidas millonarias.
Manejo constante
En el sector forestal, la avispa parasitoide (Sirex noctilio) es una de las principales amenazas. Esta plaga afecta a los pinos y puede causar la muerte de los árboles, impactando directamente en la industria maderera de la región.
El control biológico, a través de la introducción de enemigos naturales de la avispa, es una estrategia clave para mitigar su impacto, pero no elimina por completo la necesidad de un seguimiento y manejo constante.
El impacto de las cotorras
Aunque no hay cifras tan detalladas, plagas como la cotorra (Myiopsitta monachus) también causan un daño económico millonario en la producción de frutas del Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Productores han reportado pérdidas significativas en sus cultivos, y si bien las cifras exactas son difíciles de obtener, los reclamos y la preocupación son constantes. El crecimiento exponencial de estas poblaciones genera un impacto directo en el rendimiento de los cultivos frutícolas.
Estrategias de control y futuro
El control de estas plagas no es una tarea simple. Requiere una combinación de monitoreo constante, aplicación de productos fitosanitarios (en muchos casos de manera dirigida y controlada para no dañar el medio ambiente) y la implementación de técnicas de control biológico.
Además, la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías son fundamentales para encontrar soluciones más eficientes y sostenibles. La coordinación entre los productores, los organismos gubernamentales y los institutos de investigación es la única vía para mitigar el impacto de estas plagas y garantizar la sostenibilidad económica de la producción en la Patagonia Norte.