Esta cebolla del sur de Brasil, que además tiene la particularidad de ingresar antes al mercado que la producción argentina, marcó el ritmo comercial en los primeros meses del año. Con una oferta abundante, los precios se mantuvieron deprimidos y limitaron las posibilidades de exportación desde Argentina. “Había mucho producto en ambos países y eso hacía que la perspectiva comercial fuera muy floja”, resumió.
Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar a partir de problemas climáticos en otras regiones productoras de Brasil, especialmente en Minas Gerais y zonas aledañas. Allí, las lluvias excesivas complicaron las siembras de verano, generando retrasos en los cultivos que deberían abastecer el mercado en los meses siguientes.
Este desfasaje productivo abre una oportunidad para la cebolla argentina. Iurman proyecta una “ventana de exportación” que se extendería, en principio, desde mediados de abril y durante todo mayo. “Se prevé una falta de cebolla en el mercado brasileño en ese período. No sabemos con certeza cuánto va a durar, pero mayo va a ser un mes en el que Brasil va a necesitar importar”, afirmó.
No obstante, esta oportunidad llega en un momento complejo para la producción argentina. Si bien el país logró una cosecha elevada, pensada tanto para el mercado interno como para la exportación, la calidad del producto es heterogénea. “Hay cebolla buena, pero también mucha con problemas sanitarios”, advirtió el especialista.
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Un bache productivo en Brasil impulsa la demanda externa justo cuando Argentina enfrenta dudas sobre la calidad de su cosecha.
Estos inconvenientes están estrechamente vinculados a las condiciones climáticas recientes, particularmente las lluvias intensas y las inundaciones que afectaron zonas productoras clave del sur del país, como el sur de Buenos Aires y Río Negro. Las pilas de cebolla almacenadas a campo fueron especialmente vulnerables, sobre todo aquellas provenientes de cosecha mecánica, que suelen tener menor altura y mayor exposición.
“El principal problema ahora es evaluar cómo está la cebolla almacenada. Hay que hacer un relevamiento de las pilas para determinar qué volumen realmente está en condiciones de ser comercializado”, señaló Iurman. Esta incertidumbre impacta tanto en el abastecimiento interno como en el potencial exportador del país en los próximos meses.
Costos, calidad y decisiones clave para el futuro
A pesar de este contexto, Argentina mantiene una ventaja estructural frente a Brasil en términos de costos de producción. Según los datos aportados por el ingeniero, producir una hectárea de cebolla en Argentina cuesta entre 3.500 y 4.000 dólares, e incluso menos en sistemas con alta participación de mano de obra familiar. En contraste, en Brasil los costos oscilan entre los 10.000 y 15.000 dólares por hectárea, debido a la mayor incorporación de insumos.
Sin embargo, esta diferencia no siempre se traduce en competitividad directa. En Brasil, los sistemas más intensivos logran mayores rendimientos, lo que compensa en parte los costos elevados. Además, el precio interno de la cebolla brasileña juega un rol clave. “El costo de producción está cerca de 1 real por kilo. Si el precio baja de ese nivel, los productores pierden rentabilidad; si está por encima, ganan”, explicó Iurman.
En el contexto actual, el mercado brasileño muestra un pico de precios cercano a los 2 reales por kilo, impulsado por la menor oferta interna y la valorización del remanente local. Esta situación abre la posibilidad de exportación desde Argentina, aunque con una condición fundamental: que los precios sean lo suficientemente altos para cubrir los costos logísticos.
“El flete es un factor determinante”, subrayó el especialista. Transportar cebolla desde Argentina hacia Brasil tiene un costo que varía entre 50 y 70 centavos de real por kilo. Esto implica que solo con precios elevados en destino resulta viable colocar producto argentino en ese mercado.
En este escenario, la toma de decisiones por parte de los productores se vuelve crítica. Uno de los puntos que remarcó Iurman es el riesgo de mantener la cebolla almacenada en el campo por períodos prolongados. “Es un problema porque queda expuesta a condiciones desfavorables, especialmente en años con exceso de lluvias”, indicó.
La experiencia reciente deja también una lección hacia adelante. La campaña 2024 estuvo marcada por precios excepcionalmente altos, lo que incentivó una expansión de la superficie sembrada. Sin embargo, replicar ese escenario no es lo habitual. “No todos los años van a ser como 2024. Fue una situación muy inusual”, advirtió.
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Con costos más bajos pero calidad irregular, Argentina podría aprovechar la suba de precios en Brasil, aunque el flete y el estado del cultivo son clave.
Por eso, de cara a la próxima campaña, el especialista recomienda ajustar la superficie a niveles más acordes con la demanda promedio del mercado. “Habría que sembrar menos cebolla. Los niveles de base que estamos teniendo son muy altos para las necesidades habituales”, sostuvo.
La clave, en definitiva, pasa por encontrar un equilibrio entre producción, calidad y estrategia comercial. La ventana exportadora hacia Brasil puede ofrecer un alivio en el corto plazo, pero está sujeta a múltiples variables, desde la evolución de los cultivos brasileños hasta el estado sanitario de la cebolla argentina.
En un contexto de alta incertidumbre, el monitoreo permanente y la planificación cuidadosa se vuelven herramientas indispensables para los productores. Como concluye Iurman, “esperar que se repitan condiciones excepcionales todos los años sería un mal negocio”. La sostenibilidad del sector dependerá, en gran medida, de su capacidad para adaptarse a escenarios cambiantes y tomar decisiones basadas en información precisa.
Fuente: Redacción +P.