El respaldo científico internacional
El interés académico y técnico sobre el potencial patagónico quedó plasmado en el estudio "Esfuerzo de plantación de olivos en la Patagonia", coordinado por el especialista Víctor Tomaselli y presentado en el Congreso Mundial de Aceites y Grasas. La investigación cuenta con la participación de expertos de Grecia y España, quienes analizaron en profundidad las condiciones biológicas y climáticas de la región para la producción de aceites de máxima pureza.
Este tipo de validación internacional no es menor: posiciona a la Patagonia como un territorio con fundamento científico sólido dentro del mapa global del AOVE premium.
El frío como ventaja competitiva
Durante décadas, la producción de aceite de oliva argentino se concentró en provincias cálidas como Catamarca y La Rioja. Sin embargo, nuevos estudios demuestran que las altas temperaturas afectan negativamente algunos parámetros de calidad exigidos por los mercados internacionales más exigentes.
La Patagonia invierte esa lógica. Sus bajas temperaturas y su clima templado-frío favorecen una maduración más lenta y estable del fruto, lo que se traduce en mayores niveles de ácido oleico y perfiles químicos más equilibrados, aspectos determinantes para clasificar un aceite como premium.
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La Patagonia suma respaldo de expertos de Grecia y España para avanzar en Denominaciones de Origen propias.
El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) ya certificó resultados positivos en producciones desarrolladas en el norte patagónico, abriendo el camino para nuevas experiencias más al sur, como las que hoy se desarrollan en Santa Cruz.
Santa Cruz y sus primeras experiencias productivas
Dentro del mapa productivo patagónico, Santa Cruz representa el escalón más austral del proceso de expansión olivícola. Los proyectos en Los Antiguos y Puerto Deseado evalúan el comportamiento de los olivos bajo condiciones climáticas extremas, con el objetivo de determinar la viabilidad técnica y económica del cultivo a escala regional.
La provincia se suma así a experiencias ya consolidadas en otras tres jurisdicciones patagónicas. En Chubut, la actividad está presente en Puerto Madryn, Rawson, Trelew, Dolavon y Camarones. En Río Negro sobresalen las experiencias de Viedma, Las Grutas y Ministro Ramos Mexía. En Neuquén, la producción se desarrolla en Añelo, Centenario y Rincón de los Sauces.
Rescate genético y Denominaciones de Origen
El crecimiento del sector también impulsa iniciativas de rescate genético orientadas a proteger variedades adaptadas naturalmente al frío extremo. Productores y especialistas trabajan para obtener la matrícula nacional ante el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y declarar como "plantas madre" a olivos patrimoniales que sobrevivieron durante décadas a las heladas patagónicas.
Este patrimonio genético es considerado un activo estratégico, ya que representa décadas de adaptación natural a condiciones que ningún proceso de mejoramiento artificial podría replicar en el corto plazo.
Integración internacional y proyección de mercado
La región también se integró a organismos internacionales de referencia. La International Olive Tree Alliance (IOTA) cuenta con la participación patagónica, y se mantienen vínculos activos con especialistas de España, Grecia y Arabia Saudita para avanzar en futuras Denominaciones de Origen que fortalezcan el posicionamiento del aceite sureño en mercados globales.
Más allá del valor comercial, la iniciativa apunta a generar arraigo rural, nuevas oportunidades productivas y desarrollo económico regional a partir de una actividad innovadora que comienza a redefinir el perfil productivo de la Patagonia austral.
FUENTE: La Voz Santacruceña con aportes de Redacción +P.