Quiebra y batalla interna: cae otro gigante del agro en plena crisis financiera
De símbolo de innovación tecnológica a quiebra millonario: pérdidas récord, deuda creciente y una interna que terminó en tribunales.
La crisis que desde hace meses sacude a uno de los conglomerados biotecnológicos más emblemáticos del agro argentino sumó este martes un nuevo y decisivo capítulo. El juez en lo Civil y Comercial de Rosario, Fernando Mécoli, resolvió abrir la quiebra de la compañía Bioceres SA tras considerar acreditado el “estado de insolvencia”. La medida, impulsada por la firma Moolec Science —actual principal controlante del grupo—, profundiza la grieta interna entre accionistas y traslada la batalla corporativa a los tribunales.
En su fallo, Mécoli sostuvo que el pedido “no se agota en una mera invocación del estado de cesación de pagos”, sino que se encuentra respaldado por constancias suficientes que ratifican la insolvencia. Además, advirtió que la sociedad manifestó la inexistencia de bienes registrales a su nombre, sin perjuicio de los que puedan surgir de la labor investigativa que deberá realizar la sindicatura en el marco del proceso. El magistrado ordenó avanzar en la designación de síndicos y dejó planteado que será necesario un “escrutinio exhaustivo” de la compleja ingeniería societaria y financiera transnacional que caracteriza al grupo.
Una empresa partida en dos
La decisión judicial formaliza un escenario que se venía gestando desde diciembre pasado, cuando Moolec promovió el pedido de quiebra luego de que fueran desplazados del directorio Federico Trucco —integrante de una de las familias fundadoras— y Manuel Sobrado. Desde entonces, la empresa quedó partida en dos bloques: por un lado, Trucco y accionistas históricos que cuestionan la estrategia de quiebra; por el otro, el sector alineado con el empresario uruguayo Juan Sartori, quien respalda la medida como única salida frente al deterioro financiero.
Según fuentes cercanas a la nueva conducción, la inminencia de ejecuciones individuales por parte de acreedores fue determinante para solicitar la apertura del proceso universal. El objetivo, explicaron, era “cristalizar el patrimonio” y evitar un desmembramiento desordenado de activos que perjudicara la igualdad entre acreedores. Desde esa perspectiva, la presentación en quiebra sería una decisión propia de un “buen hombre de negocios”, orientada a preservar el interés social.
Sin embargo, del lado de Trucco la lectura es diametralmente opuesta. Allegados al exdirectivo sostienen que el desembarco de Moolec derivó en un traspaso accionario que prometía aliviar la compleja situación financiera, pero que terminó precipitando la quiebra. El contraataque ya se cocina en el fuero penal: planean denunciar a operadores vinculados a Sartori por presunto fraude y por un supuesto vaciamiento de la estructura societaria.
De emblema tecnológico a colapso financiero
El trasfondo de la disputa combina innovación científica, endeudamiento acelerado y un mercado financiero que terminó por cerrarle las puertas a la compañía. Fundada en 2001 por productores agropecuarios que apostaban a la ciencia aplicada al campo, la firma logró patentes estratégicas, entre ellas la tecnología HB4, la primera semilla de trigo transgénico tolerante al estrés hídrico y la salinidad. Ese desarrollo la posicionó como referente regional y la convirtió en símbolo de las startups con ambición de cotizar en mercados internacionales.
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De emblema de innovación agrobiotecnológica a declararse insolvente: el giro abrupto que terminó en tribunales.
Pero el colapso comenzó a tomar forma en junio pasado, cuando la empresa dejó de cumplir el pago de pagarés bursátiles por US$5,31 millones. Según datos del Mercado Argentino de Valores, la deuda total ronda los US$30 millones con vencimiento en julio de 2026. Las pérdidas declaradas al cierre del ejercicio 2025 habrían ascendido a 157.000 millones de pesos, un salto abrupto frente al rojo del año anterior.
En un comunicado, Moolec atribuyó el deterioro a decisiones adoptadas bajo la gestión de Trucco, señalando que la conducción quedó “centralizada” bajo su órbita directa. Entre las operaciones cuestionadas mencionan la emisión de pagarés, endeudamientos de corto plazo, otorgamiento de garantías y la adquisición de acciones de Bioceres Crop Solutions. Para el sector de Sartori, esos movimientos financieros aceleraron la descapitalización y tornaron inevitable la quiebra.
La figura del empresario uruguayo agrega un componente político y mediático al conflicto. Sartori fue candidato presidencial en su país y hoy es presidente ejecutivo de Adecoagro, uno de los gigantes agroindustriales de América Latina. Además, mantiene participación en el fútbol europeo: es copropietario del Sunderland AFC y vicepresidente del AS Monaco.
Mientras tanto, la quiebra abre un proceso que podría redefinir el mapa de la biotecnología agrícola en la región. La sindicatura deberá determinar la composición real del patrimonio y evaluar la viabilidad de eventuales continuidades operativas o liquidaciones parciales. En paralelo, las denuncias cruzadas prometen extender la contienda a otros fueros judiciales.
Lo que alguna vez fue presentado como el ejemplo de articulación virtuosa entre ciencia y capital privado hoy atraviesa su momento más crítico. El fallo de Mécoli no solo marca el reconocimiento formal del estado de insolvencia, sino que inaugura una etapa en la que el destino de activos estratégicos y desarrollos tecnológicos quedará sujeto al pulso de los tribunales y a la capacidad de las partes de sostener su posición en una batalla que, lejos de apaciguarse, recién comienza.