Analicemos en profundidad. Primero, su capacidad antiinflamatoria deriva de antioxidantes naturales como polifenoles y vitamina C, que neutralizan el estrés oxidativo. Estudios destacan cómo estos compuestos modulan vías inflamatorias, reduciendo marcadores como la PCR en condiciones crónicas. En paralelo, el refuerzo inmunitario se debe a su alto contenido de vitamina C —más que en muchas frutas cítricas por porción—, que potencia la producción de linfocitos y mejora la absorción de hierro, combatiendo anemias y debilidad inmunológica, como explica la nutricionista Cecilia Martinelli, de la Universidad de Belgrano.
La digestión se beneficia de su fibra soluble e insoluble, como la rafinosa y celulosa, que promueven la saciedad y regulan el tránsito intestinal. Esta fibra actúa como prebiótico, fomentando una microbiota equilibrada y reduciendo la constipación, lo que es crucial para prevenir trastornos gastrointestinales. En términos cardiovasculares, el repollo baja la presión arterial gracias al potasio y magnesio, que relajan los vasos sanguíneos, mientras que sus fitoesteroles compiten con el colesterol en la absorción intestinal, disminuyendo el LDL sin elevar calorías. Martinelli subraya que esto estabiliza la glucosa sanguínea, ideal para diabéticos o quienes buscan control de peso.
Respecto al colesterol malo, la fibra soluble forma un gel que atrapa bilis rica en colesterol, incrementando su excreción fecal. Investigaciones asocian el consumo regular con un 10-15% menos de riesgo cardiovascular. Para la salud ósea y sanguínea, la vitamina K y calcio abundantes previenen osteoporosis y apoyan la coagulación, respectivamente. Su rol anticancerígeno, mediado por sulforafano, activa enzimas detoxificantes que inhiben la proliferación tumoral, respaldado por meta-análisis en cánceres colorrectales y de mama.
Finalmente, al combatir radicales libres, retrasa el envejecimiento precoz: antocianinas protegen la piel de la UV y mantienen la integridad celular, como detalla Martinelli. Con 2.2 gramos de fibra por taza y cero grasas, el repollo cubre necesidades diarias de folato y vitaminas esenciales, siendo apto para dietas bajas en sodio. Integrarlo en ensaladas o fermentados no solo enriquece el sabor, sino que eleva la bioaccesibilidad de nutrientes. Para expertos en nutrición, representa una intervención dietética accesible con evidencia robusta, promoviendo longevidad y bienestar integral sin complicaciones.