Ahora, la firma cerró formalmente el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) que había iniciado ante las autoridades laborales. Durante esa instancia, la empresa había presentado como una de sus principales propuestas un fuerte achicamiento de su estructura laboral, que contemplaba una reducción cercana al 70% de la plantilla. La iniciativa fue rechazada por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que representa a buena parte de los trabajadores de la compañía.
El cierre del procedimiento administrativo marca un punto de inflexión. A partir de ahora, Metalfor deberá definir qué camino seguirá para intentar enfrentar sus dificultades financieras y productivas. La empresa tiene en marcha un plan de retiros voluntarios, pero el principal problema es que, según fuentes vinculadas al conflicto, tampoco cuenta actualmente con los recursos suficientes para afrontar las indemnizaciones o compensaciones previstas en esas propuestas.
A esta situación se suma otro factor de preocupación: los salarios no se estarían abonando normalmente. Los trabajadores reciben sus remuneraciones por tramos y con atrasos, lo que profundiza la tensión interna y genera incertidumbre entre las familias que dependen de los ingresos de la compañía.
En paralelo, fuentes que siguen de cerca la situación señalaron que Metalfor enfrenta actualmente dos pedidos de quiebra y que la empresa estaría decidida a presentarse en concurso preventivo de acreedores. En ese escenario se explicaría, en parte, la urgencia por reducir previamente la cantidad de empleados. El objetivo sería avanzar con el achicamiento de la estructura antes de ingresar formalmente al proceso concursal, donde las posibilidades de disponer determinadas medidas sobre el personal quedarían sujetas a otras condiciones legales y judiciales.
Sin embargo, desde la representación sindical remarcan que el cierre del Procedimiento Preventivo de Crisis no implica una autorización automática para avanzar con despidos por fuerza mayor. Carlos García, abogado de la UOM, sostuvo que la finalización de la instancia administrativa no habilita a Metalfor a disponer unilateralmente despidos basados en los argumentos que la compañía presentó durante el procedimiento.
Mientras el conflicto avanza, los directivos de Metalfor mantienen el silencio. Hasta el momento no respondieron las consultas relacionadas con la situación financiera, el futuro de las plantas, el plan de retiros voluntarios ni la posibilidad de una eventual presentación en concurso preventivo.
Una empresa con casi cinco décadas de historia
Metalfor fue fundada en 1974 por Luis Dadomo en la localidad cordobesa de El Fortín. El crecimiento de la compañía llevó, en 1993, al traslado de sus operaciones a Marcos Juárez, donde se consolidó como uno de los principales fabricantes nacionales de maquinaria agrícola.
Con unos 600 empleados, la compañía busca reestructurar sus deudas mientras avanza con un plan de ajuste que podría afectar a gran parte de su plantilla.
En 2002, la empresa comenzó su expansión internacional con el desembarco en Brasil. Por esos mismos años adquirió la ex planta de Araus, ubicada en Noetinger, establecimiento que actualmente vuelve a estar en el centro de la crisis laboral por los despidos registrados allí.
En 2017 se produjo otro cambio decisivo: Metalfor y todos sus activos pasaron a manos de Bertotto Boglione, una empresa metalúrgica cordobesa de capitales nacionales.
La actual crisis, por lo tanto, afecta a una compañía con una extensa trayectoria dentro de la industria de maquinaria agrícola argentina y con presencia también en mercados internacionales.
Una crisis financiera que buscó alivio con crédito internacional
El año 2025 fue especialmente crítico para Metalfor. La compañía arrastraba una estructura de deuda con una elevada concentración de vencimientos en el corto plazo, situación que generaba fuertes tensiones de liquidez y dificultaba el normal funcionamiento financiero.
En ese contexto, un año antes había incorporado al economista Martín Redrado con el objetivo de encabezar la reestructuración financiera, gestionar la relación con los bancos y ordenar el vínculo de la empresa con el mercado.
El escenario pareció modificarse sustancialmente entre octubre y diciembre de 2025, cuando Metalfor consiguió financiamiento internacional por US$50 millones otorgado por la Corporación Financiera de Desarrollo de los Estados Unidos (DFC). El crédito fue concedido a un plazo de ocho años y representó una inyección de fondos de gran relevancia para una empresa que enfrentaba fuertes compromisos financieros inmediatos.
Desde la propia compañía habían destacado entonces la importancia estratégica de la operación. Según lo informado en aquel momento, se trató del único crédito otorgado por la DFC en todo el mundo durante 2025 y de la primera asistencia de esas características recibida por la Argentina en seis años.
Sin embargo, el financiamiento internacional no alcanzó para despejar las dificultades. Apenas meses después, Metalfor se encuentra nuevamente ante una situación crítica, con salarios atrasados, un fuerte plan de reducción de personal sobre la mesa, conflictos con la representación sindical y pedidos de quiebra.
El futuro inmediato de la empresa dependerá ahora de las decisiones que adopten sus directivos y de la eventual estrategia judicial que decida implementar. Para los trabajadores, el escenario es especialmente delicado: mientras la empresa busca reducir drásticamente sus costos laborales, el gremio sostiene que no existen condiciones para aceptar una pérdida masiva de puestos de trabajo.
La posibilidad de un concurso preventivo agrega un nuevo elemento a una crisis que, por el momento, no tiene una salida definida. En una compañía que llegó a emplear a unas 600 persona
FUENTE: Redacción +P con aportes de La Nación.