Vicentin: ¿Puede una cerealera en crisis resurgir en solo tres meses?
Mariano Grassi resonde que sí: desembolsó US$30 millones, reactivó toda la estructura industrial y ya paga a cerca de 1000 acreedores. La nueva etapa de Vicentin genera expectativas en el sector agroindustrial.
Tras más de seis años de default y concurso de acreedores, Vicentin inicia una nueva etapa bajo el control del grupo Grassi. El empresario Mariano Grassi, presidente de la firma, detalló los primeros resultados de la gestión: en apenas tres meses la compañía estabilizó sus operaciones, puso en marcha todas sus plantas y activó el plan de pagos a acreedores.
El punto de partida fue la decisión del juez Fabián Lorenzini. El 18 de diciembre de 2025 homologó el acuerdo de cramdown, que permitió a Grassi SA tomar el control total de la cerealera. El 26 de diciembre se formalizó el traspaso de acciones y se constituyó el nuevo directorio. Este mecanismo desplazó a los antiguos accionistas ligados a la familia Vicentin tras casi seis años de proceso judicial.
Desde entonces, el foco se centró en ordenar la operación y recuperar la regularidad industrial. “Tenemos todas las plantas funcionando”, resumió Grassi en diálogo con La Nación. Aunque las instalaciones nunca estuvieron completamente paradas, operaban con niveles irregulares y mantenimiento postergado. La nueva gestión destinó fondos propios tanto a pagos como a mejoras operativas.
Reactivación industrial en las principales plantas
En la planta de Ricardone, ubicada en el sur de Santa Fe, la actividad se ubica entre 80.000 y 90.000 toneladas mensuales de molienda de girasol, impulsada por una buena campaña. En San Lorenzo, donde la empresa cuenta con dos líneas de soja de 10.000 y 6.000 toneladas diarias, la segunda línea comenzó a operar recientemente.
La compañía apunta a alcanzar la máxima capacidad operativa, un proceso que podría demandar entre uno y dos años. Parte de los recursos se invierte en mantenimiento y mejoras para optimizar las plantas. Grassi reconoció que todavía no se encuentran en condiciones óptimas, pero el avance es constante.
Para sostener el volumen de procesamiento, Vicentin estableció esquemas asociativos con grandes jugadores del sector. En Ricardone opera con Bunge y Cargill en un esquema compartido de girasol. En San Lorenzo mantiene acuerdos similares con Cargill: la multinacional aporta la parte comercial mientras Vicentin pone su capacidad industrial.
El caso más emblemático es Renova, la planta de Timbúes compartida con Viterra (hoy controlada por Bunge). Con una capacidad cercana a las 35.000 toneladas diarias, una de las mayores del mundo, la operatoria se reparte entre Bunge y la propia Vicentin mediante acuerdos comerciales. Estos convenios permiten procesar mayor volumen y optimizar la logística de exportación.
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El empresario Mariano Grassi aseguró que cerca de 1000 acreedores ya cobraron en la primera etapa del plan de pagos tras el cramdown judicial.
Avance en el pago a acreedores
El esquema de recuperación incluye el pago progresivo a los acreedores, que rondan los 1700 en total. Según Grassi, “ya hay cerca de 1000 que cobraron algo” en una primera etapa, con pagos en efectivo para algunos. Con el arranque de la cosecha gruesa, comienzan a ingresar los granarios, que reciben el valor de mercado de la soja más un adicional de 10 dólares por tonelada.
La nueva gestión se prepara para canalizar hasta 5 millones de toneladas anuales de granos dentro de este esquema. Grassi detalló que ya desembolsó alrededor de US$20 millones en pagos vinculados al cramdown, a los que se sumaron entre US$12 y 15 millones en deudas operativas. En total, el esfuerzo inicial alcanza unos US$30 millones en apenas tres meses.
Inversiones, empleo y diálogo con el sector
Parte de esos fondos se destinan a mejorar las instalaciones. La empresa también reactivará unidades que estaban paradas, como el feedlot de 30.000 cabezas. Grassi aseguró que no hubo despidos; por el contrario, la compañía incorpora personal y reorganiza equipos. “Estamos aumentando la cantidad de gente, no bajando”, afirmó. Se armó un nuevo equipo de trading, ya que Vicentin había dejado de exportar durante la crisis.
En paralelo, la gestión busca limar asperezas con otros actores del mercado, como Molinos Agro y Louis Dreyfus Company, que también habían competido por el control. “Estamos intentando arrimar posiciones, porque a nadie le sirve estar peleado”, explicó Grassi. El objetivo es ordenar las relaciones dentro del sector agroexportador.
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Cerca de 1000 acreedores ya cobraron en la primera etapa del plan de pagos tras el cramdown judicial.
Perspectivas y respaldo de la gestión anterior
Grassi destacó que el grupo responde a sus compromisos, tal como lo hizo en el pasado con sus clientes. Este antecedente genera confianza en la operatoria diaria. “El otro día hicimos la primera compra a otros corredores y nos vendieron enseguida un volumen muy importante”, relató.
Respecto al frente judicial, que aún registra apelaciones, el empresario relativizó su impacto. Revertir el proceso a esta altura implicaría llevar la empresa a la quiebra, según su visión, ya que hoy cuenta con más empleados, plantas activas y un plan de recuperación en marcha.
Hacia la plena recuperación de Vicentin
La nueva gestión de Vicentin demuestra que, con inversión, acuerdos estratégicos y un esquema claro de pagos, es posible reactivar una de las mayores cerealeras del país. Los US$30 millones desembolsados en tres meses, la reactivación de plantas clave y el inicio de cancelaciones a cerca de 1000 acreedores marcan el comienzo de una etapa que promete canalizar 5 millones de toneladas anuales.
El sector observa con atención este proceso. Si se mantiene el ritmo, Vicentin podría recuperar su posición en el complejo agroindustrial argentino y contribuir a la generación de empleo, exportaciones y valor agregado en la cadena de granos. La clave reside en sostener la confianza de acreedores, socios y el mercado en general.