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Carne y demencia: estudio revela protección genética en 1 de cada 4 personas

Un estudio sueco de 15 años desafía las recomendaciones dietéticas y sugiere que un mayor consumo de carne no procesada podría proteger el cerebro.

Un extenso estudio longitudinal realizado por investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, publicado en JAMA Network Open, da un giro inesperado al debate sobre la dieta y la salud cerebral. Durante quince años, los científicos siguieron a más de 2.100 adultos mayores de 60 años sin síntomas iniciales de demencia. Los resultados indican que el consumo elevado de carne se asocia con un declive cognitivo más lento y un menor riesgo de demencia, pero solo en un grupo genético específico.

El foco del análisis recayó en el gen de la apolipoproteína E (APOE). Alrededor del 25 % de la población mundial porta las variantes APOE 3/4 o 4/4, que aumentan considerablemente el riesgo de desarrollar Alzheimer y otras formas de demencia. En estos portadores, el consumo regular de carne se vincula con beneficios cognitivos significativos.

Los “aficionados a la carne” entre este grupo genético presentan un riesgo de demencia un 55 % menor (sHR 0,45) en comparación con los portadores que consumen poca carne. En cambio, entre las personas sin estas variantes, la cantidad de carne ingerida no mostró una influencia estadísticamente significativa en la salud mental.

Calidad de la carne: lo no procesado marca la diferencia

Los investigadores enfatizan que no toda la carne ofrece el mismo efecto. Los beneficios se observan principalmente con carne roja y de ave no procesada. Por el contrario, la carne procesada —como salchichas, jamón o embutidos— actúa como factor de riesgo en todos los grupos genéticos. Quienes consumen grandes cantidades de carne procesada registran un mayor riesgo de demencia, independientemente de su perfil genético.

Esta distinción resulta clave para traducir los hallazgos en recomendaciones prácticas. Un mayor consumo total de carne, cuando predomina la versión no procesada, parece protector en los portadores de APOE4, mientras que el exceso de productos ultraprocesados resulta perjudicial para todos.

Los autores del estudio, liderados por el investigador Jakob Norgren, proponen una explicación evolutiva. La variante APOE4 es la forma más antigua del gen y pudo haber surgido en épocas en las que los antepasados humanos seguían dietas ricas en productos de origen animal. En ese contexto, una mayor ingesta de carne podría haber sido ventajosa para el metabolismo cerebral. Hoy, esa misma combinación genética interactuaría de forma positiva con dietas que incluyen carne no procesada en cantidades elevadas.

Implicancias para la salud pública

Hasta ahora, las guías nutricionales generales recomiendan limitar el consumo de carne, especialmente la roja, por su posible impacto en la salud cardiovascular y el medio ambiente. Sin embargo, estos resultados sugieren que, para aproximadamente una cuarta parte de la población, el consejo podría ser el opuesto.

“Existe una escasez de investigaciones sobre dieta y salud cerebral, y nuestros hallazgos indican que las recomendaciones dietéticas convencionales podrían ser desfavorables para un subgrupo genéticamente definido”, señaló Norgren. Los expertos coinciden en que estos datos abren la puerta a enfoques de nutrición personalizados según el perfil genético.

No obstante, los investigadores advierten que se trata de un estudio observacional y que se necesitan más investigaciones para confirmar causalidad y establecer cantidades óptimas. Factores como el estilo de vida, el ejercicio y otras variables dietéticas también influyen en la salud cognitiva.

Hacia una nutrición de precisión

Este trabajo refuerza la idea de que la respuesta a “¿cuánta carne es saludable?” no es universal. Para los portadores de APOE 3/4 o 4/4, priorizar carne roja y de ave fresca podría contribuir a preservar las capacidades mentales en la vejez. Para el resto de la población, el consumo moderado y la reducción de la carne procesada siguen siendo las estrategias más prudentes.

En un contexto donde la demencia afecta a millones y se proyecta un aumento exponencial con el envejecimiento poblacional, identificar subgrupos que se beneficien de ciertos alimentos representa un avance hacia recomendaciones más precisas y efectivas.

FUENTE: Euronews con aportes de Redacción +P

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