Para la actual temporada 2024-2025, las estimaciones indican una recuperación de la producción local, con proyecciones que oscilan entre 1 millón y 1,1 millones de toneladas. No obstante, y a pesar del repunte esperado, el volumen de importaciones no ha disminuido. Por el contrario, se mantiene en niveles elevados, lo que pone de manifiesto que el mercado brasileño sigue requiriendo de la oferta externa para satisfacer la demanda local.
Firme demanda de Brasil
La explicación de este fenómeno va más allá de los factores productivos. Según operadores del mercado, la demanda se mantiene firme debido a la estabilidad relativa del consumo, que ha resistido incluso en un contexto de desaceleración económica. Aunque el crecimiento del Producto Interno Bruto de Brasil ha sido más moderado en los últimos años, el poder de compra y los hábitos de consumo continúan favoreciendo la presencia de frutas importadas, especialmente en nichos de mercado donde se valora la calidad y diversidad varietal.
Es importante destacar que las manzanas importadas representan una fracción menor del total consumido en el país, pero su presencia es estratégica. Este segmento responde a consumidores exigentes que buscan productos específicos, como ciertas variedades no siempre disponibles en la producción local.
En este contexto, Argentina se mantiene como uno de los principales proveedores de manzanas para Brasil. En el primer cuatrimestre de 2025, el país sudamericano exportó 10.200 toneladas a su vecino del norte, posicionándose en el tercer lugar del ranking de importadores, detrás de Italia (17.000 toneladas) y Chile (13.400 toneladas). Portugal, con 7.100 toneladas, completó el grupo de los principales países abastecedores. Otros orígenes como Francia y España tienen una participación mucho más limitada y puntual.
La evolución del mercado también muestra una marcada estacionalidad. En los primeros meses del año, especialmente enero y febrero, predominan las importaciones provenientes del hemisferio norte, particularmente de Europa. Italia, por ejemplo, lideró las ventas hacia Brasil en enero con 10.600 toneladas, seguida de Portugal con 5.600. Esta dinámica responde al calendario agrícola: durante el verano austral, los países del sur aún no han iniciado su cosecha, lo que otorga una ventaja temporal a las frutas conservadas en cámaras por los productores europeos.
A partir de marzo, el panorama cambia drásticamente. Es en este período cuando comienza a ingresar la producción fresca del hemisferio sur, principalmente desde Chile y Argentina. En abril, Chile se posicionó como el mayor exportador con 9.600 toneladas, seguido por Argentina con 3.900. Esta secuencia es prácticamente un patrón que se repite año tras año, con los países del sur ocupando un lugar predominante en la segunda mitad de la temporada de importaciones.
El caso de Italia merece una mención aparte. Desde 2022, el país europeo ha logrado un notable posicionamiento en el mercado brasileño, impulsado por una combinación de calidad, eficiencia logística y una estrategia comercial agresiva. Su liderazgo en el arranque del año se ha vuelto una constante y ha desplazado parcialmente a otros competidores históricos.
Para la Argentina, el mercado brasileño representa una oportunidad estratégica. Si bien la competencia es intensa y las condiciones del mercado son variables, la cercanía geográfica, la complementariedad estacional y la calidad de sus manzanas —en particular las variedades Gala y Red Delicious— constituyen ventajas competitivas que permiten sostener e incluso ampliar su participación.
El crecimiento de las importaciones brasileñas en 2025 ratifica la importancia de este país como un destino clave para las manzanas del hemisferio sur. A medida que el consumo continúa mostrando signos de fortaleza, los exportadores deberán afinar sus estrategias para consolidarse en un mercado cada vez más exigente, pero también lleno de oportunidades.