A partir de ese evento, Lucas cayó en la cuenta de que era posible fabricar un combustible que no hiciera fuego, que fuera de larga duración, que tuviera alto poder calórico y, lo más importante, que fuera 100 % sustentable.
Convertir los desechos en oportunidad
La pirólisis es un proceso químico en el que un material se descompone al calentarse a altas temperaturas, sin presencia o con muy poco oxígeno. Cuando ocurrió el incendio en la juguera, vio que la materia orgánica que se quemaba “era muy difícil de apagar”, afirmó Lucas Porro en diálogo con +P.
A partir de la experiencia, Lucas comenzó a hacer pruebas con el orujo, los residuos sólidos que quedan luego de prensar frutas o vegetales para extraer el jugo. “Primero probé con el orujo solo y quemado. Veía que tenía potencial, pero no tenía calorías y no resistía; se hacía ceniza muy rápido”, recordó sobre aquellos primeros experimentos que más tarde se convirtieron en un emprendimiento junto a su socio Alfredo.
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Lo que antes era un descarte de la industria frutícola hoy se convierte en una fuente de energía desarrollada en el Alto Valle.
Alfredo Quiroga es oriundo de Mainqué y está radicado en Stefenelli, Río Negro. Se dedica a la producción de frutos secos en chacras que alquila y produce él mismo. “Él venía trabajando con anterioridad y, fruto de esa unión, surgió la idea de mezclar el orujo de pera, que es el que estamos utilizando, con cáscaras micronizadas hechas polvo, de nueces y almendras”, explicó Lucas.
Con estos ingredientes, Lucas y Alfredo lograron una pasta “con mucho poder calórico”. “Después empezamos a trabajar la fórmula porque comenzamos a ver que se fermentaba por los mismos azúcares de la pera”. Por este motivo, tuvieron que probar diferentes combinaciones.
“Lo resolvimos después con carbón y otros materiales. Nos quedamos con una pasta determinada, que básicamente es el orujo de pera y las cáscaras de frutos secos, mayormente de nuez”, detallaron los emprendedores y agregaron que la cáscara de nuez posee un aceite que ayuda en la combustión.
Una alternativa a la leña de madera
El proyecto del combustible ecológico lleva el nombre de Eco Light y se presenta como una alternativa totalmente sustentable que aprovecha los desechos de la producción frutícola. “Con Alfredo utilizamos carbón que recuperamos de algunas zonas de campo, de los hornos de ladrillo, y que usamos para integrar toda la pasta”, aseguró uno de los creadores.
Además, utilizan el mucílago del nopal, que consiste en “la maceración de una planta tipo cactus, propia de la zona”. Se trata de una planta que no compite con otros cultivos ni necesita riego. Este mucílago funciona como un pegamento: “Eso es lo que utilizamos como floculante para unir todos los materiales y hacer la pasta a moldear”, ampliaron.
El hecho de vivir en un contexto de ruralidad, que conlleva la necesidad de calefaccionar los espacios con leña, también fue uno de los motores que impulsaron este proyecto. Lucas siempre estuvo interesado en los bioinsumos; por eso comenzó a buscar alternativas a la leña para calefaccionarse con mayor sustentabilidad.
“Lo que nos planteamos es aprovechar los desechos de tres industrias”, con un objetivo claro: “unir lazos entre estas industrias para juntar los materiales y llegar al fin, que es poder producir en grandes volúmenes”. Hoy, la producción que logran es limitada por la falta de una máquina más grande que les permita fabricar el combustible en grandes cantidades.
Este tipo de combustible tiene varias ventajas. Por un lado, no hace llama; por otro, es de alta durabilidad y, además, es 100 % sustentable porque aprovecha los desechos de las industrias, que son 100 % orgánicos. Justamente por ese motivo no quieren llamar al producto “leña”, porque va en “contra de la tala de árboles”, aclararon desde Eco Light.
Un combustible, múltiples beneficios
Según las pruebas que hicieron Lucas y Alfredo, el combustible ecológico también se puede utilizar para cocinar y ellos aseguran “que no transmite aromas a los alimentos”. Además, han realizado pruebas de comparación con la quema de troncos de álamo, cuyos resultados indican que el combustible ecológico es más duradero, aunque todavía deben realizar más pruebas.
El emprendimiento ya fue fichado por el Ministerio de Producción de Río Negro, a cargo de Carlos Banacloy, quien ofreció su apoyo para desarrollar la idea. “Se puso a disposición y nos ha generado varios vínculos”, expresaron los creadores del combustible ecológico.
Alfredo Quiroga agregó, además, que luego de la cosecha y el pelado de frutos secos es importante retirar la cáscara de las nueces de los suelos para evitar la propagación de la carpocapsa. Por este motivo, el hecho de poder utilizar este desecho para un fin productivo aporta valor a toda la cadena.
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Impulsados por la búsqueda de alternativas a la leña tradicional, los emprendedores rionegrinos desarrollaron un producto con fuerte perfil ambiental.
El producto fue presentado en la última edición de la Fiesta de la Manzana y el éxito fue rotundo: recibieron elogios y pedidos de varias partes del país. De todas formas, no pueden satisfacer toda la demanda porque la capacidad de producción a gran escala aún no es posible. Por ahora, Eco Light se vende entre amigos y conocidos que piden probarlo.
Actualmente, los emprendedores se encuentran en la etapa de reunir los recursos para fabricar la máquina que les permitirá producir en cantidad y mantienen conversaciones con algunas empresas que los están ayudando.
“La respuesta que hemos tenido nos alienta a seguir buscando la forma de concretar este producto en cuanto a la producción industrial, porque vemos, por un lado, que el mercado está, que la necesidad está y que la gente siente mucha empatía con el proyecto por su gran impacto”.
“Nosotros estamos trabajando con ese espíritu, pensando en un futuro a mediano plazo”. Con esta esperanza, y a fuerza de trabajo, ideas y ganas de avanzar en una producción sostenible, Lucas Porro y Alfredo Quiroga marcan el camino para un nuevo emprendimiento en el Alto Valle frutícola.