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Gervacio, el coleccionista que homenajea a los pioneros que hicieron grande a la Patagonia

Gervacio Rosales es un trabajador histórico de la fruticultura y a través de su colección, rescata la memoria visual de la producción en el Alto Valle.

En plena era digital, un coleccionista de afiches nos retrotrae a la mística del pasado, ligada a una época dorada de la fruticultura. Su nombre es Gervacio Rosales, con C, porque cuando lo anotaron cree que se equivocaron al escribir su nombre.

Gervacio nació en San Juan y vino a vivir a la provincia de Neuquén con sus padres y hermanos cuando tenía 8 años. Una vez radicado en Centenario, de donde nunca se fue, comenzó a trabajar en un galpón de empaque de la empresa FUVA en Vista Alegre, cuando cumplió la mayoría de edad.

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Más de 3500 piezas componen este rescate histórico del patrimonio del Alto Valle.

Más tarde, formó parte de Estrella Alpina, donde se desempeñó durante 18 años, hasta que la empresa quebró. Finalmente, ingresó a trabajar a la empresa Tres Ases, donde ya lleva más de 30 años de trayectoria hasta el día de hoy.

Actualmente, Gervacio se desempeña como encargado de empaque de la compañía, una de las frutícolas más grandes del Alto Valle. “En realidad ya estoy jubilado, pero sigo”, aclara quien posee una amplia experiencia en el sector, hoy difícil de encontrar.

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"Un pueblo que recuerda su pasado, valora su presente", reflexiona el coleccionista.

El despliegue de afiches sobre la mesa refleja una explosión de colores, marcas e ilustraciones de las más extrañas, incluso algunas polémicas para la época actual. Ante cada pieza, este coleccionista de historias, amplia los detalles relacionados a la historia de la fruticultura en la región.

Retrato de una época dorada

Gervacio comenzó a trabajar en la producción en los años 70 y, según sus investigaciones, la mejor época para el rubro fue entre los años 40 y los 70s. “La caída se empezó a dar más fuerte a fines de los 80s”, repasa.

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Un viaje visual al pasado: afiches que devuelven la identidad a toda una región.

“Cambiaron los mercados en Argentina. Este tipo de afiches se usaban para exportar, porque muchos están en inglés”, explica el coleccionista que atesora alrededor de 3500 afiches entre impresos y reproducciones digitales, de las empresas más históricas del Alto Valle, además de algunos de Mendoza y Buenos Aires.

Los afiches más antiguos que posee Gervacio son los que pertenecieron a la AFD, Argentine Fruit Distributors, la empresa inglesa de Ferrocarriles del Sud. La estética artesanal de cada diseño, se hace notar en la forma y tipo de ilustración, el uso de tipografías y los colores de la impresión, que delatan diferentes décadas que van hasta fines de los 80s.

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Gervacio Rosales, el guardián de las marcas icónicas que ya no están en los galpones.

"Te llevaban todo"

Gervacio explica que el color de fondo del afiche, se usaba para indicar la calidad de la fruta que contenía el cajón. El color azul denota calidad superior, el verde hacia referencia a calidad seleccionada, mientras que el rojo aludía a la categoría de fruta comercial.

Por su parte, el color negro indicaba una calidad común, mientras que la más baja calidad estaba representada por el color amarillo. “Antes, todo se vendía, no se descartaba nada”, explica Gervacio. “Era tan grande la demanda que no alcanzaba la fruta, te llevaban todo”.

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Los colores de los afiches antiguos revelaban la calidad de la fruta de exportación.

Para ampliar su colección Gervacio visita constantemente, tanto museos como casas de antigüedades y diferentes grupos específicos en redes sociales. Su familia, amigos y compañeros de trabajo que están al tanto de esta afición, siempre están atentos ante cualquier dato que permita una nueva conexión con alguien que posea afiches.

Es tal la locura por estas piezas del pasado, que en una oportunidad Gervacio se tomó un avión a Buenos Aires para visitar un galpón que tenía guardados cientos de cajones de fruta, del cual se enteró a través de las redes sociales. “El hombre tenía como 2000 cajones y ahí rescaté muchos afiches que no tenía”, recuerda.

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Historia viva: afiches de la mística frutícola de Río Negro y Neuquén.

Pasado, presente y futuro

En cada elemento de la colección aparecen tanto las empresas más icónicas del Alto Valle como Moño Azul o La Reginense, como muchas pequeñas que ya no están. Asimismo, los apellidos de origen italiano y español que dan nombre a los emprendimientos, son mayoría.

Nombres como los de Guido Pancani, Piñeiro Sorondo, Enrique y Segundo Grisanti y Nicolás Constantinidis, entre tantos otros, se mezclan con infinidad de marcas bajo las que vendían las S.R.L. y las organizaciones como la Cooperativa Frutícola y de Consumo La Flor o Fruticultores Unidos de Vista Alegre, por nombrar solo algunas.

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Joyas de diseño: las etiquetas históricas que conectan el pasado con el presente.

Ante la pregunta sobre cómo ve el futuro de la fruticultura respecto a lo que fue su pasado y el presente actual, Gervacio asegura que, “habrá menos actores, pero los pocos que queden van a trabajar bien porque van a tener buena calidad… van a tener demanda”.

“Cuando otros países como Chile o Brasil comenzaron a producir frutas, debido a que pudieron logar un autoabastecimiento empezaron a exigir calidad” y de esta forma el mercado comenzó a cambiar.

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El emotivo homenaje a los pioneros y a las familias que forjaron el Alto Valle.

La construcción de este espacio de coleccionismo, “nace del deseo personal de rescatar y poner en valor la rica historia frutícola de los valles de Río Negro y Neuquén. A lo largo de los años, he recopilado y digitalizado fotografías, afiches y etiquetas de empaques, que hoy forman parte de nuestro patrimonio cultural”, escribe en su página de Facebook.

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La estética artesanal de las antiguas marcas de fruta que hoy vuelven a la luz.

“Mi objetivo es que estas imágenes no queden guardadas en un disco rígido, sino que vuelvan a la comunidad para homenajear a los pioneros, a las familias que forjaron la región y a la industria que nos dio identidad” finaliza.

Gervacio Flores nos invita a recorrer su archivo visual, y a que cada uno comparta sus propios recuerdos que contribuyan a identificar fechas, lugares y rostros. “Porque un pueblo que recuerda su pasado, valora mucho más su presente”, dice, quien atesora una parte fundamental de la historia ligada a la producción.