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"El daño fue insignificante": Apicultores de Patagonia relativizaron mortandad de abejas

Plantearon que por la apicultura trashumantes ingresan más enfermedades de las abejas a Patagonia y esperan mejores controles.

“No tenemos ningún problema con los productores, al contrario”, aseguró Guillermo Grosvald, titular de la Cooperativa de Apicultores del Comahue, al tomar conocimiento de la mortandad de abejas luego de la aplicación de agroquímico en cuadros en flor de fruta de carozo. Aclaro que, en el caso de los apicultores locales existen códigos no escritos con los fruticultores, que avisan de sus aplicaciones y los dueños de las colmenas las tapan por algunas horas y así evitan el contacto con los plaguicidas, que afectan cuando están en el aire, pero ya no cuando quedan depositados en las hojas de las plantas.

Este ex dirigente político, hizo notar que el mundo de la apicultura regional tiene algunas materias pendientes, como los controles de plagas que ingresan en las colmenas que traen los apicultores trashumantes, o la falta de un sistema de alerta (que se comenzó a poner en marcha al que luego el Senasa no le dio continuidad).

También repasó algunas estadísticas “oficiales” de mortandad de colmenas, con porcentajes que en este mundo son casi corrientes. Destacó que en Estados Unidos la mortandad puede rondar el 45% anual, que a nivel país es de un 35% y que en la región patagónica llega al 25%, siendo en esta zona –y en todo el país, el principal enemigo una plaga llamada varroa, que es un parásito que puede causar el colapso de las colmenas. “Mata mucho más que los plaguicidas”, aclaro.

Esa enfermedad es la que causa casi el 90% de la mortandad, en un universo de la apicultura regional que ronda las 95.000 colmenas, entre las que se encuentran en Río Negro, Neuquén y la comarca Andina aledaña a Bariloche.

Impacto según el contexto

A ese número se deben sumar las casi 100.000 colmenas que son ingresadas por los apicultores trashumantes, Por lo tanto, para este dirigente, la mortandad de unas 500 colmenas, “es casi insignificante”.

Reconoció que el Senasa, junto a los productores, y con la participación de los municipios, inició la puesta en marcha de un sistema para que los fruticultores avisen del momento de sus aplicaciones, para que todos estuvieran advertidos, pero “nunca se terminó de ajustar bien y el Senasa lo abandonó”.

Sí aseguró que “existe una ausencia del Estado en el control de las plagas”, y que las 100.000 colmenas que ingresan cada año a la provincia, “traen una gran cantidad de plagas”, que no son detectadas. Una situación que ya fue planteada algunos meses atrás en una reunión que se realizó en la sede del Centro Regional Patagonia Norte del Senasa cuando llegaron autoridades nacionales.

“El problema es con aquellos lotes que están lejos de donde están tus colmenas, que no te llega a avisar el chacarero de una aplicación, porque no hay que olvidar que las abejas recorren para pecorear (recolectar néctar, polen, agua y resinas de las flores) hasta 5 kilómetros de distancia” y es ahí cuando se exponen a lotes curados.

Para Grosvald, es lógica una reticencia de los trashumantes a venir a Río Negro por el aumento de los costos, como los del gasoil, alojamiento y salarios.

“Ellos, porque ahora en zonas como el sur de Córdoba, o sur de la provincia de Buenos Aires, está todo en estado vegetativo, ahora deberían estar suplementando (les dan azúcar a las abejas) porque están esperando la floración”, explicó.

Sobre la relación entre los productores de fruta y los apicultores regionales, sostuvo que “nos necesitamos mutuamente” y que por eso mantienen “una relación muy armónica” que en algunos casos es de varios años.