El impacto del clima en las cerezas: la temporada 2025-2026 sufriendo bajas históricas
El clima y una floración despareja redujeron la producción y provocaron una caída del 37% en las exportaciones de cerezas argentinas.
La temporada de cerezas de la Argentina 2025-2026 quedará registrada como una de las más complejas y desafiantes de los últimos años para el sector frutícola. Lejos de los registros positivos que supieron caracterizar a campañas anteriores, el ciclo actual se vio profundamente afectado por una combinación de factores climáticos adversos, desequilibrios fisiológicos en los montes productivos y un escenario internacional cada vez más competitivo, especialmente por la presión que ejercen grandes jugadores regionales como Chile.
Desde el inicio de la campaña, las expectativas de los productores y exportadores comenzaron a ajustarse a la baja. Lo que en los primeros meses se proyectaba como una temporada con volúmenes aceptables y una calidad exportable competitiva, rápidamente se transformó en un escenario de incertidumbre, marcado por tormentas intensas, episodios de granizo y lluvias persistentes que impactaron de lleno en la producción, tanto en términos de volumen como de condición del fruto.
El clima como factor determinante de la campaña
Las condiciones climáticas adversas fueron, sin lugar a dudas, uno de los principales factores que explican el mal desempeño de la temporada. Fuertes tormentas de agua y granizo afectaron amplias zonas productivas, especialmente en el norte de la Patagonia, región que concentra la mayor parte de la producción y exportación de cerezas del país.
Estos eventos no solo provocaron daños visibles en los frutos —rajaduras, golpes y pérdida de firmeza—, sino que también afectaron seriamente la sanidad y la vida poscosecha, dos variables clave para la exportación a mercados lejanos. En una fruta tan sensible como la cereza, cualquier alteración en la piel o en la estructura interna del fruto reduce drásticamente su valor comercial y limita su destino a mercados premium.
A este escenario se sumó un problema estructural que ya venía siendo observado por técnicos y productores en los últimos años: una floración despareja producto de la acumulación desigual de horas de frío durante el invierno. Las plantaciones no lograron reunir, de manera homogénea, las condiciones necesarias para alcanzar los estados fenológicos óptimos al momento del cuaje y el posterior crecimiento del fruto.
La acumulación de horas de frío es un factor determinante para el correcto desarrollo de los frutales de carozo, y la cereza no es la excepción. Durante el invierno previo a la campaña 2025-2026, las temperaturas no permitieron una acumulación uniforme de frío en todas las zonas productivas, generando un comportamiento errático de los montes.
Este fenómeno se tradujo en una floración despareja, con plantas que florecieron de manera anticipada y otras que lo hicieron tardíamente, afectando la sincronización del cuaje y provocando una distribución irregular del tamaño del fruto. El resultado final fue una menor cantidad de cerezas con calibre y calidad exportable, lo que redujo de manera significativa el volumen disponible para los mercados internacionales.
La sumatoria de estos factores climáticos y fisiológicos terminó impactando directamente en el volumen de fruta cosechada durante la temporada 2025-2026 y, por ende, en las exportaciones argentinas de cerezas, que registraron una de las caídas más pronunciadas de los últimos años.
Exportaciones en caída: números que preocupan
Durante lo que va de la presente campaña, tomando el período comprendido entre octubre y enero, las exportaciones de cerezas argentinas totalizaron poco más de 4660 toneladas. Este volumen representa una caída interanual del 37%, y una baja cercana al 20% si se lo compara con el promedio de exportaciones de los últimos cinco años.
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Para encontrar un registro inferior al de la actual temporada es necesario retroceder siete campañas atrás, hasta el ciclo 2018-2019, un dato que resulta tan llamativo como preocupante para una actividad que había logrado consolidar un crecimiento sostenido en los últimos tiempos.
El impacto es particularmente fuerte en las grandes empresas exportadoras del norte de la Patagonia, cuya oferta es altamente demandada por los mercados internacionales debido a la calidad del producto y a la diferenciación que presenta la cereza argentina frente a competidores de gran escala como Chile. La abrupta reducción de los volúmenes exportables no solo afecta la rentabilidad del sector, sino que también pone en riesgo relaciones comerciales construidas a lo largo de años.
Los daños causados por el clima volvieron a poner en primer plano una discusión que ya no admite postergaciones: la necesidad de avanzar de manera decidida en la protección de las explotaciones frutícolas mediante sistemas de cobertura, como el techado de los montes.
Si bien una parte importante de la superficie implantada con cerezas ya cuenta con algún tipo de protección contra lluvias y granizo, los eventos extremos son cada vez más frecuentes y severos. En este contexto, el consenso técnico y productivo es claro: lo ideal sería avanzar hacia un esquema donde el 100% de la superficie cultivada esté protegida.
La inversión inicial que requieren estos sistemas es elevada, pero los costos de no implementarlos comienzan a ser aún mayores. Cada campaña afectada por eventos climáticos extremos se traduce en pérdidas de volumen, caída de calidad y menor competitividad en los mercados internacionales, un escenario que el sector difícilmente pueda seguir absorbiendo.
Destinos de exportación: cambios y reconfiguración de la oferta
Otro de los aspectos relevantes de la temporada 2025-2026 ha sido la distribución de los destinos de exportación. Estados Unidos se posicionó como el principal destino de las cerezas argentinas, importando poco más de 1500 toneladas, seguido por China, con 1079 toneladas.
España ocupó el tercer lugar, con 803 toneladas, mientras que el Reino Unido recibió 278 toneladas. El resto de los mercados absorbió un volumen conjunto de poco más de 990 toneladas.
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Al comparar estos datos con los de la temporada anterior, se observa una menor participación en la mayoría de los destinos tradicionales, con la excepción de España, donde se registró un leve crecimiento. En contraste, la caída fue especialmente marcada en China y, en menor medida, en Estados Unidos.
Las exportaciones argentinas de cerezas hacia China se desplomaron un 55% interanual, mientras que los envíos a Estados Unidos registraron una caída del 38%, alcanzando las 1514 toneladas. Estos números reflejan no solo el menor volumen disponible, sino también un contexto de mayor competencia y presión sobre los precios.
Un dato que merece un análisis particular es el comportamiento del denominado “resto” de los destinos. A pesar de la fuerte caída global de las exportaciones, los envíos hacia estos mercados menores crecieron en poco más del 10%.
Este fenómeno evidencia una estrategia clara por parte de las empresas exportadoras argentinas: diversificar destinos y buscar nichos de mercado alternativos para sortear la crisis que podría generar una sobreoferta chilena en los mercados tradicionales como China, Estados Unidos y Europa.
La reacción del sector exportador argentino fue, en este sentido, positiva. Las empresas orientaron su oferta hacia mercados más pequeños, donde la competencia basada en volumen es menor y donde la calidad del producto argentino encuentra un espacio diferencial. Chile, con escalas productivas muy superiores, no siempre logra ingresar en estos nichos específicos, lo que abre una oportunidad para Argentina.
Calidad, nichos y diferenciación: el camino a seguir
Como conclusión, la temporada de cerezas argentinas 2025-2026 no ha sido positiva en términos de volumen, y distintos análisis económicos coinciden en que los valores comerciales cayeron significativamente en la mayoría de los mercados tradicionales.
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Estados Unidos lideró los destinos de exportación, mientras que las ventas a China se desplomaron más del 50% interanual.
Sin embargo, no todo el escenario es negativo. En algunos nichos específicos, los valores CIF de la fruta argentina se mantuvieron relativamente estables e incluso mostraron incrementos respecto del año anterior. Esto demuestra que la estrategia de diferenciación basada en calidad sigue siendo válida y necesaria.
Argentina no puede competir con Chile en volumen, pero sí puede hacerlo en calidad, trazabilidad y adaptación a nichos de alto valor. Profundizar esta estrategia, invertir en protección productiva y consolidar mercados alternativos será clave para sostener la rentabilidad del sector en un contexto climático y comercial cada vez más desafiante.
La cereza argentina enfrenta hoy un punto de inflexión. De las decisiones que se tomen en los próximos años dependerá no solo la recuperación de los volúmenes exportados, sino también la capacidad del país para seguir ocupando un lugar destacado en los mercados internacionales más exigentes.