La recuperación de las cotizaciones internacionales comenzó lentamente después de tocar piso en la campaña 2021, cuando el valor promedio FOB se desplomó hasta los 0,59 dólares por kilo. Desde entonces, los precios iniciaron una trayectoria ascendente que hoy encuentra su punto más alto de los últimos años, aunque todavía lejos de los niveles históricos alcanzados en 2018, cuando las cotizaciones llegaron a rozar el dólar por kilo durante el primer trimestre de la temporada.
Sin embargo, detrás de este escenario favorable aparecen múltiples interrogantes. El primero de ellos tiene que ver con la sustentabilidad de esta recuperación. El negocio recién inicia su ciclo comercial anual y los registros del primer trimestre todavía no permiten anticipar con precisión cómo evolucionará el mercado durante el resto del año. La historia reciente de la fruticultura argentina demuestra que cambios abruptos en la demanda internacional, variaciones cambiarias o problemas logísticos pueden modificar rápidamente cualquier tendencia positiva.
A ello se suma un elemento central: los volúmenes exportados siguen siendo muy bajos. La oferta argentina de manzanas destinada al exterior viene mostrando una fuerte retracción en la última década y hoy opera en niveles históricamente reducidos. En ese contexto, pequeñas variaciones en la demanda o en la disponibilidad de fruta pueden generar fuertes impactos estadísticos sobre los precios promedio.
Reino Unido y Brasil, los destinos más rentables
El análisis por destino permite entender mejor dónde se están generando las mejores oportunidades para la fruta argentina. Durante este primer trimestre, el mercado del Reino Unido aparece como el más atractivo en términos de cotizaciones, con un valor FOB promedio de 1,32 dólares por kilo. Muy cerca se ubica Brasil, con 1,29 dólares por kilo, consolidándose no solo como un destino estratégico por volumen sino también por rentabilidad.
Estos números adquieren especial relevancia si se considera que Brasil absorbe el 36% del total de las exportaciones argentinas de manzanas. La importancia del socio mayor del Mercosur para el complejo frutícola patagónico resulta determinante: combina demanda sostenida, cercanía logística y precios relativamente competitivos.
La situación es muy diferente en otros destinos regionales. Paraguay, por ejemplo, concentra el 23% de las colocaciones externas argentinas de manzanas, transformándose en el segundo mercado más importante por volumen. Sin embargo, los precios que reciben los exportadores son extremadamente bajos y reducen considerablemente el atractivo comercial de ese destino. Un fenómeno similar ocurre con Bolivia.
Entre Brasil, Paraguay y Bolivia absorben actualmente el 72% del total de las exportaciones argentinas de manzanas. El dato refleja una fuerte dependencia regional y expone, al mismo tiempo, una de las principales debilidades estructurales del negocio: la elevada concentración de mercados y la limitada diversificación de destinos de alto valor agregado.
Pero hay otro aspecto que genera creciente preocupación dentro del sector. Las estadísticas oficiales muestran que algunas operaciones hacia Paraguay se realizan con valores que resultan difíciles de explicar desde la lógica económica. Hoy una caja de manzanas puede cruzar la frontera argentina hacia ese país a poco más de 7 dólares por unidad, equivalentes a apenas 0,38 dólares por kilo o unos 530 pesos por kilo.
La cifra impacta de lleno sobre el debate interno del sector porque esos valores ni siquiera alcanzarían para cubrir el costo de la fruta pagada al productor. En otras palabras, el precio final de exportación estaría por debajo del costo primario de producción, sin considerar gastos de empaque, frío, transporte, impuestos, mano de obra o logística.
La pregunta vuelve entonces a instalarse en el corazón del Alto Valle: ¿Cómo puede una empresa exportar a esos valores sin operar a pérdida?
El viejo debate sobre la subfacturación
La discusión no es nueva dentro de la fruticultura regional. Desde hace años distintos actores del sector vienen denunciando la existencia de maniobras de subfacturación en determinadas operaciones de exportación. La lógica detrás de este mecanismo sería relativamente simple: declarar valores FOB artificialmente bajos para reducir cargas tributarias, mover divisas o favorecer operaciones trianguladas.
Aunque probar este tipo de prácticas requiere investigaciones complejas y controles aduaneros rigurosos, los números actuales vuelven a poner el tema sobre la mesa. Sobre todo porque los valores de ciertas exportaciones aparecen completamente desacoplados de la realidad productiva y comercial del negocio.
Para muchos productores y referentes de la actividad, este fenómeno termina distorsionando todo el sistema. Por un lado, perjudica a quienes trabajan dentro de parámetros formales y transparentes. Por otro, genera referencias de precios artificialmente bajas que terminan deteriorando la rentabilidad general del sector.
El problema adquiere todavía mayor gravedad si se considera el fuerte incremento de costos que enfrenta hoy la fruticultura argentina. Energía, frío, combustibles, cartón, agroquímicos, mano de obra y logística muestran subas constantes en dólares, presionando sobre márgenes cada vez más estrechos.
El mercado interno paga mucho más
Paradójicamente, mientras el sector exportador celebra la mejora de los precios FOB, el mercado interno sigue mostrando valores considerablemente más atractivos para las empresas frutícolas.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el precio promedio de la manzana en góndola durante el primer trimestre del año se ubicó en torno a los 3,14 dólares por kilo. Si se descuentan costos de empaque, frío, transporte, intermediación y comercialización, el valor estimado a la salida del galpón rondaría entre 1,30 y 1,70 dólares por kilo. Es decir, hasta el doble de lo que actualmente se obtiene por la fruta exportada.
La diferencia económica resulta contundente y explica buena parte de las decisiones comerciales que hoy toman muchas empresas del sector. Vender en el mercado interno no solo ofrece mejores precios, sino también ventajas financieras difíciles de ignorar en el actual contexto argentino.
Las operaciones domésticas suelen liquidarse semanal o hasta mensualmente, permitiendo generar flujo de caja casi inmediato en un escenario donde el costo financiero se volvió determinante para muchas firmas. La exportación, en cambio, implica mayores plazos de cobro, costos logísticos elevados y una estructura operativa mucho más compleja.
A esto se suma otro factor ampliamente conocido dentro del negocio frutícola: los distintos niveles de informalidad que todavía persisten en parte del mercado interno. Algunas empresas logran mejorar sus márgenes a través de mecanismos de elusión o menor carga tributaria, obteniendo ingresos adicionales que resultan imposibles de replicar en operaciones exportadoras más controladas y fiscalizadas.
Una actividad atrapada entre la supervivencia y el desarrollo
Todo este escenario termina configurando una contradicción profunda para la fruticultura argentina. Por un lado, el mercado interno aparece como el refugio económico más rentable y financieramente conveniente para muchas empresas. Por otro, el verdadero crecimiento estructural de la actividad solo puede sostenerse a través de una matriz exportadora sólida, diversificada y competitiva.
manzana MCBA
Los precios internacionales de la manzana argentina registraron su mayor suba de los últimos cinco años, aunque el mercado interno sigue ofreciendo valores mucho más atractivos para las empresas frutícolas.
La experiencia internacional demuestra que las economías regionales frutícolas logran expandirse cuando consiguen integrarse exitosamente a los grandes mercados globales, desarrollando escala, tecnología, innovación y valor agregado. Depender exclusivamente del mercado doméstico limita el crecimiento y condena al sector a una lógica defensiva de mera supervivencia.
En el caso argentino, además, la pérdida de participación internacional ha sido sostenida durante las últimas décadas. Mientras otros países productores avanzaron en productividad, apertura de mercados y modernización logística, gran parte de la fruticultura nacional quedó atrapada entre problemas macroeconómicos, presión tributaria, costos crecientes y falta de políticas de largo plazo.
Por eso, aunque el repunte actual de los precios FOB representa una noticia positiva para la cadena de la manzana, el desafío sigue siendo mucho más profundo. La mejora de las cotizaciones internacionales puede ofrecer alivio temporal, pero no alcanza por sí sola para resolver los problemas estructurales que enfrenta el sector.
La gran discusión pendiente en el Valle continúa siendo cómo construir un modelo exportador sostenible, transparente y competitivo que permita recuperar mercados, generar rentabilidad genuina y garantizar el futuro de una de las actividades emblemáticas de la Patagonia argentina.
FUENTE: Redacción +P.