Resumen de una mala temporada: "A todos les va mejor que a nosotros"
El secretario de Fruticultura de Río Negro, Facundo Fernández, trazó su diagnóstico: recursos naturales sobran, pero sin crédito accesible producir sigue siendo difícil.
Facundo Fernández no busca el eufemismo fácil y acepta que “fue un año tremendamente complejo, complejo como pocos". Esa es su evaluación de una temporada marcada por números de exportaciones que se desploman. En buena medida, adjudicó las estadísticas en rojo a las tres tormentas de granizo graves y una helada prolongada que dejaron su huella sobre manzanas, peras y frutos secos en una campaña que ya venía con sus tensiones estructurales de años anteriores.
Pero el funcionario reconoce además que “el sector tiene un componente de más del 50% de mano de obra" en sus costos de producción, y volvió a apuntarle a los restantes factores “extra chacra”, al asegurar que “el resultado de la temporada no es la calidad del trabajo, sino otros factores". Y esos factores tienen nombre: impuestos, tasas y financiamiento.
Resaltó que la temporada estuvo marcada además por un dólar quieto y costos en alza, y eso atenta contra la competitividad del complejo frutícola.
Espejos del Hemisferio Sur
Para dimensionar la paradoja argentina, Fernández recurrió a la comparación regional. Chile, Sudáfrica y Nueva Zelanda producen fruta fresca en la misma ventana climática que el Alto Valle. Los tres compiten en los mismos mercados. Y a los tres, afirma el funcionario, "les va mejor con menos recursos naturales".
La diferencia no está en la tierra ni en el agua. "Nosotros tenemos agua en abundancia, tenemos suelos heterogéneos, donde podemos producir cualquier cosa, y no tenemos conflictos bélicos globales cerca", enumera Fernández.
El nudo está en el crédito. Una chacra frutícola tiene un horizonte de retorno de inversión de al menos diez años. El mundo desarrollado presta a 15 años con tasas fijas del 2 o 3 por ciento. En Argentina, hasta el año pasado, las tasas rondaban el 130 por ciento a cuatro años. "Por más voluntad y recursos naturales que tengamos, si no tenemos capacidad financiera para producir, o para reconvertirnos y adaptarnos a las demandas del mercado, estamos en problemas", resumió Fernández en declaraciones a FM La Red Neuquén.
Una chacra de dos pisos
En cuanto a las urgencias de la coyuntura, el secretario destacó que “hoy estamos hablando de cambio climático y necesitamos un cambio estructural, que es la colocación de más malla antigranizo y más riego por aspersión para protegernos de una helada”.
Para hacerse entender con claridad, Fernández usó un ejemplo para explicar el impacto de las inversiones que se necesitan: "Una hectárea plantada que produzca bien vale entre 12.000 y 15.000 dólares. La malla antigranizo para ponerla encima de esa chacra vale otros 15.000 dólares. Hay que imaginarse una chacra de dos pisos”.
Lo que se pidió, lo que se obtuvo
Desde el inicio de la gestión Milei, la Secretaría llevó propuestas concretas a la Nación, según detalló el funcionario, como un pedido de reducción en los impuestos que pesan sobre el gasoil ("el 50 por ciento de cada litro son impuestos", recordó), baja en las cargas sociales y un esquema de crédito productivo a largo plazo. "Tratamos de presentar un esquema con reducción de cargas sociales para las economías regionales y una línea de créditos específica", dice.
De todos modos, dejó en claro que el apoyo al programa de estabilización macroeconómica es explícito. "Respaldamos buscar estabilidad en la macro, porque creemos que es la única manera de volver a tasas bajas y de largo plazo". Pero esa adhesión no borra la tensión temporal: "Los tiempos de la producción para la economía regional no son los mismos que los tiempos en los cuales el Gobierno nacional espera solucionar las cosas".
Mientras tanto, la provincia trabaja con lo que tiene. Hay una línea de financiamiento con el Consejo Federal de Inversiones al 16% fijo en pesos —hoy por debajo de la inflación— y negociaciones con bancos para subsidiar la tasa.
32.000 hectáreas y una cuenta pendiente
Los números cuentan la historia mejor que cualquier argumento. El Alto Valle de Río Negro y Neuquén tuvo históricamente unas 60.000 hectáreas bajo producción frutícola. Hoy quedan 32.000. Una porción de la tierra que fue desafectada de la fruticultura tuvo como destino pasturas y otras actividades que no demandan tanta mano de obra.
"Yo creo que ya no se reduce más", dice Fernández sobre la superficie en producción frutícola. Pero su diagnóstico no termina ahí: "Para las hectáreas que quedan, tenemos que poner sobre la mesa herramientas de eficiencia inmediatas". Plataformas de cosecha mecanizada, optimización energética y reducción de costos operativos. Eso “es lo que el resto del mundo hizo para producir con eficiencia”.
El problema es que ese "resto del mundo" lo hizo con tasas del 2 por ciento y plazos de 15 años. Acá, los cambios los hicieron las grandes frutícolas con capacidad financiera, mientras que el pequeño y mediano productor, sin esas herramientas, fue —y sigue— desapareciendo.
FUENTE: FM La Red Neuquén con aportes de Redacción +P.
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