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Quién lidera el negocio exportador de manzanas en Río Negro y Neuquén

Las exportaciones de manzanas cayeron casi 70% desde 2007, pero un grupo de empresas regionales logró consolidarse como líder del negocio frutícola en el Valle.

La historia de las manzanas en el Valle de Río Negro y Neuquén es también la historia de una Argentina que alguna vez soñó con liderar mercados globales a partir de su producción agroindustrial. Las empresas exportadoras, que fueron las que apostaron con inversiones en la actividad, claramente, tuvieron un rol determinante en todos estos años.

Durante décadas, las peras y manzanas del Alto Valle fueron símbolo de calidad exportadora, empleo regional y desarrollo económico. Hoy, sin embargo, el sector atraviesa una realidad muy distinta: menor presencia internacional, caída de inversiones y un proceso de retracción que transformó por completo el mapa empresario de la actividad.

Las cifras son contundentes. En 2025 las exportaciones argentinas de manzanas cerraron apenas por encima de las 91.000 toneladas, muy lejos del récord histórico alcanzado en 2007, cuando las colocaciones externas superaron las 283.000 toneladas. La caída ronda el 70% en menos de dos décadas y las perspectivas para este año son todavía más preocupantes: se proyecta un descenso adicional superior al 20%.

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La curva descendente comenzó luego del pico exportador de 2007. Desde entonces, el retroceso fue sostenido hasta tocar un piso cercano a las 70.000 toneladas en 2022. Aunque en los últimos años hubo una leve recuperación, el sector no logró volver a perforar el techo de las 100.000 toneladas exportadas.

El desembarco extranjero que prometía cambios

Para comprender el presente hay que volver a los años noventa. Durante el auge de la Convertibilidad y la apertura económica impulsada por el gobierno de Carlos Menem, el Valle se convirtió en un polo atractivo para grandes grupos internacionales.

Multinacionales como Expofrut, Salentein, Dole y San Miguel llegaron a Río Negro y Neuquén con un objetivo claro: transformar a la Patagonia en una plataforma exportadora hacia Europa. Muchas de esas compañías ya contaban con estructuras comerciales y logísticas consolidadas en el Viejo Continente, lo que les permitía colocar fruta argentina en supermercados europeos con relativa facilidad.

El contexto económico alentaba las inversiones. Argentina aparecía entonces como un país que había estabilizado su macroeconomía y ofrecía previsibilidad para proyectos de largo plazo. Las firmas extranjeras adquirieron miles de hectáreas productivas, compraron empaques, levantaron cámaras de frío y desarrollaron nuevas plantaciones de peras y manzanas.

La apuesta era ambiciosa. El Valle se integraba al mercado global con capitales internacionales, tecnología y una fuerte orientación exportadora. Las expectativas en ese entonces eran muy optimistas. En teoría, estaba todo para ganar; para dar una cambio de página definitivo sobre la fruticultura regional.

El quiebre del modelo y la retirada

Pero el escenario cambió abruptamente tras la crisis de 2001 y el colapso de la Convertibilidad. A partir de 2002, las casas matrices comenzaron a percibir que el clima de negocios argentino había mutado. El atraso cambiario y la falta de cambios estructurales en la economía conspiró contra todos aquellos sueños. El regreso de intervenciones económicas, la volatilidad cambiaria, las restricciones comerciales y las crecientes dificultades para exportar deterioraron rápidamente las expectativas.

Los directorios europeos empezaron entonces un lento pero persistente proceso de desinversión.

Algunas multinacionales abandonaron el país rápidamente y liquidaron activos. Otras intentaron resistir algunos años más antes de retirarse definitivamente. Hacia finales de la década pasada, prácticamente ninguna de aquellas grandes compañías internacionales seguía operativa en la región.

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El impacto económico y urbano todavía puede observarse en el paisaje del Valle. Antiguos empaques y plantas de frío que alguna vez movilizaron millones de kilos de fruta quedaron convertidos en estructuras semivacías, verdaderos “elefantes blancos” que recuerdan el esplendor perdido de la fruticultura patagónica.

El nuevo mapa empresario: capitales locales al mando

La salida de las multinacionales no significó la desaparición de la actividad, pero sí una profunda transformación en la estructura del negocio. Hoy, todas las principales firmas frutícolas que operan en Río Negro y Neuquén son de capitales nacionales.

El ranking exportador de 2025 refleja con claridad ese cambio.

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La principal exportadora de manzanas argentinas es Kleppe, empresa con más de 80 años de trayectoria en el país y con alrededor de 2.300 empleados. La firma consolidó su crecimiento en 2012, cuando adquirió la principal planta de empaque y frío de Salentein Fruits, firma esta última de origen holandés (Países Bajos), fundada en Argentina por el empresario neerlandés Mijndert Pon en la década de 1990, junto con 450 hectáreas productivas que tenían en el Alto Valle.

Detrás aparece Moño Azul, histórica marca regional que atravesó su propio proceso de reconversión empresaria. Originalmente vinculada al Grupo Orsi, de origen italiano y fuerte presencia en el sur europeo, la compañía terminó pasando a manos del empresario regional Hugo Sánchez en 2018. Sánchez ya controlaba Patagonian Fruits, empresa que había absorbido parte importante de los activos de Expofrut tras su salida del país.

La fotografía actual muestra así un fenómeno paradójico: la internacionalización que caracterizó a la fruticultura de los años noventa terminó derivando, décadas después, en una actividad completamente replegada sobre capitales nacionales. Esto no pasó solo con la fruticultura. Otros sectores de la economía argentina siguieron esta misma senda.

Una actividad que perdió escala

La pérdida de mercados internacionales no puede explicarse únicamente por la salida de inversores extranjeros. El sector también enfrentó problemas estructurales: aumento de costos internos, atraso cambiario en distintos períodos, presión impositiva, dificultades logísticas, problemas de productividad y calidad, y falta de políticas sostenidas para mejorar competitividad.

Sin embargo, dentro de la región existe consenso en que el retiro de las multinacionales profundizó el deterioro de la actividad. Con ellas se fueron inversiones, acceso comercial directo a Europa y capacidad financiera para sostener grandes volúmenes de exportación. El resultado es una fruticultura mucho más pequeña que la de hace veinte años.

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El mapa de la fruticultura cambió por completo en las últimas dos décadas y hoy las principales exportadoras son empresas regionales.

El mapa de la fruticultura cambió por completo en las últimas dos décadas y hoy las principales exportadoras son empresas regionales.

La producción de manzanas continúa siendo una actividad emblemática para Río Negro y Neuquén, pero ya lejos del peso internacional que alguna vez tuvo. El desafío hacia adelante será determinar si el sector todavía tiene posibilidades de reconstruir competitividad global o si el Valle deberá resignarse definitivamente a un rol mucho más reducido dentro del mercado mundial de frutas.

En el fondo, muchos de los problemas que comenzaron a aparecer tras la ruptura de la Convertibilidad siguen plenamente vigentes en la actualidad. El atraso cambiario, las dificultades para acceder al financiamiento, los altos costos internos y los persistentes problemas de productividad continúan condicionando la competitividad del sector. Para gran parte de la actividad, sostener un modelo exportador se vuelve cada vez más complejo en un contexto donde los márgenes se achican temporada tras temporada.

Frente a esta realidad, el mercado interno aparece como una válvula de escape para una parte de la producción, especialmente para aquella fruta de mayor calidad que todavía logra buenos niveles de consumo y precios relativamente sostenidos. Sin embargo, ese mercado doméstico no alcanza para impulsar un crecimiento sólido y equilibrado de toda la cadena frutícola. El resultado es una fruticultura que, al igual que la economía argentina, avanza a dos velocidades: empresas que logran adaptarse y crecer, y otras que apenas sobreviven dentro de un sistema cada vez más frágil.

FUENTE: Redacción +P.

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