El gran motor de las exportaciones por San Antonio siempre fue la pera, pero en 2025 el producto mostró una de sus peores performances. Entre enero y agosto se enviaron al exterior poco más de 97.100 toneladas, un 28% menos que en el mismo período de 2024. Dicho en números claros: fueron 38.000 toneladas menos de peras que dejaron de salir del puerto en apenas un año.
El segundo lugar lo ocupa la manzana, con 12.700 toneladas exportadas, una cifra casi calcada a la del año anterior. El resto de los productos —cebolla, ciruela, kiwi, langostino, puré de pera— apenas suman pequeños volúmenes, incapaces de equilibrar la balanza. El gran derrumbe vino, sin dudas, de la mano de la pera.
Rusia, la tabla de salvación
Si de destinos se trata, el mapa también se achicó. Rusia se consolidó como el gran comprador, llevándose 56.700 toneladas, lo que equivale a la mitad de todas las exportaciones del puerto. Su participación creció porque otros mercados históricos redujeron fuertemente sus importaciones.
El caso más extremo es el de Brasil. En 2024 había comprado más de 19.000 toneladas por San Antonio; este año, apenas 46 toneladas. En términos porcentuales, significa un desplome del 99%: prácticamente desapareció como destino.
Estados Unidos, en tanto, ocupó el segundo puesto con 18.100 toneladas, aunque con una caída interanual del 37%. Le siguen Holanda, con 11.500 toneladas (-24%), e Italia, con 10.500 toneladas (-30%).
En resumen: mientras Rusia aumentó sus compras un 11%, todos los demás socios estratégicos redujeron su demanda entre un 25% y un 35%. Esa dependencia creciente de un solo mercado genera alivio en el corto plazo, pero también un riesgo enorme para el futuro de la terminal.
Los grandes jugadores
En cuanto a las empresas que sostienen las operaciones, el liderazgo lo tiene PAI Sociedad Anónima, con 15.518 toneladas exportadas, lo que representa un 13,6% del total. Le siguen Patagonian Fruit Trade, con 13.300 toneladas (11,7%), y Moño Azul, con 13.100 toneladas (11,6%).
Estas compañías concentran buena parte de la actividad del puerto, aunque todas enfrentan el mismo problema: con menos fruta embarcada, los costos fijos de la terminal se reparten entre menos carga, lo que encarece el servicio y erosiona la rentabilidad. “Es cada vez más difícil sostener la operación con volúmenes tan bajos”, admiten desde el sector privado.
El contraste histórico impresiona. Hace dos décadas, San Antonio Este era un puerto pujante que superaba las 550.000 toneladas exportadas. Hoy, con 113.400 toneladas, apenas mantiene la actividad en pie. La caída no es solo un dato estadístico: detrás están los productores, las empresas, los trabajadores portuarios y toda una región que depende de la fruticultura. La combinación de mercados cerrados, pérdida de competitividad frente a otros países y la falta de políticas de estímulo han llevado al puerto a un escenario cada vez más incierto.
Por ahora, Rusia aparece como un sostén indispensable, pero la concentración en un único comprador se parece más a un salvavidas que a una solución de fondo. El desafío, coinciden especialistas, será recuperar mercados perdidos y diversificar destinos para que San Antonio Este no siga perdiendo protagonismo en el mapa exportador argentino.
Fuente: Redacción +P.