Uno de los aspectos más preocupantes es la aceleración de esta caída. Mientras que en el primer trimestre del año las exportaciones habían disminuido un 30% interanual, en abril el desplome superó el 40%. Esto indica que la retracción no solo persiste, sino que se intensifica con el correr del calendario, lo que complica aún más las perspectivas para el resto del año.
Al observar la serie histórica de los últimos diez años, el dato resulta aún más contundente: el primer cuatrimestre de 2026 representa el nivel más bajo de exportaciones de manzanas para ese período en toda la década. El contraste con años anteriores es marcado. En 2020, por ejemplo, se había alcanzado un pico superior a las 37.800 toneladas exportadas en los primeros cuatro meses, más del doble del volumen actual.
Menor producción: el factor determinante
Detrás de este derrumbe exportador se encuentra, principalmente, una fuerte caída en la producción de manzanas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, principal región productora del país. Empresarios del sector coinciden en que la cosecha de esta temporada se redujo aproximadamente un 40% respecto de la campaña 2025.
Este retroceso productivo responde a una combinación de factores climáticos y fisiológicos. En primer lugar, las heladas tardías registradas durante la primavera afectaron severamente la floración de los manzanos, reduciendo el potencial productivo desde etapas tempranas. Este tipo de eventos climáticos tiene un impacto directo sobre la cantidad de fruta que los árboles pueden desarrollar.
A ello se sumaron episodios de granizo que dañaron la fruta en crecimiento, provocando pérdidas adicionales tanto en volumen como en calidad. Estos fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes, representan un desafío creciente para la fruticultura.
El tercer factor es menos visible, pero igual de relevante: el “añerismo”. Se trata de un comportamiento fisiológico propio del manzano, que alterna años de alta producción con otros de menor rendimiento. Luego de una temporada con elevada carga productiva, los árboles tienden a agotar sus reservas, lo que impacta negativamente en la floración y el cuajado del ciclo siguiente. Este fenómeno contribuyó a profundizar la caída en la producción durante 2026.
Cambios en los mercados de destino
La caída en las exportaciones no solo se explica por la menor oferta, sino también por una transformación en los mercados de destino. Brasil se consolidó nuevamente como el principal comprador de manzanas argentinas, con más de 6.200 toneladas adquiridas durante el primer cuatrimestre, lo que representa el 34% del total exportado.
Detrás se ubicaron Paraguay, con 3.900 toneladas, y Bolivia, con 2.400 toneladas. Esta distribución confirma una tendencia que se viene consolidando en los últimos años: la creciente dependencia de los mercados regionales.
Este cambio implica un alejamiento de destinos tradicionales de mayor distancia y mayor poder adquisitivo. En 2017, por ejemplo, Paraguay lideraba las exportaciones, pero mercados como Rusia tenían un peso significativo en el comercio exterior frutícola argentino. En la actualidad, ese tipo de destinos prácticamente ha desaparecido del mapa exportador en términos de volumen y relevancia estratégica.
En este nuevo escenario, Argentina compite principalmente en mercados regionales, donde las exigencias logísticas son menores, pero también lo son los precios y márgenes potenciales. Brasil, en particular, se ha convertido en un mercado clave, aunque altamente competitivo, con la presencia de grandes exportadores como Chile e Italia.
El mercado interno gana protagonismo
Más allá de las dificultades productivas, existe otro factor que incide directamente en la caída de las exportaciones: el dinamismo del mercado interno argentino.
Según destacan empresarios y operadores del sector, los precios de la manzana en el mercado doméstico se encuentran en niveles elevados, tanto en moneda local como en dólares. Este contexto genera un incentivo claro para que los productores prioricen la venta interna por sobre la exportación.
El mercado local ofrece, además, ventajas adicionales que resultan especialmente atractivas en un contexto de menor disponibilidad de fruta. Entre ellas se destacan la rapidez en los pagos, menores costos logísticos, posibilidad de elusión impositiva, mayor flexibilidad comercial y una reducción en los riesgos asociados al comercio internacional.
Como resultado, una parte significativa de la producción que en otros años se destinaba a mercados externos está siendo redirigida hacia el consumo interno. Este cambio en la matriz comercial refuerza la tendencia descendente de las exportaciones.
Perspectivas para el resto del año
De cara al segundo semestre de 2026, las expectativas no son alentadoras. Empresarios del sector no descartan que la caída en las exportaciones se profundice, especialmente ante el faltante de manzanas rojas en las cámaras de almacenamiento.
manzana cosecha 5
Una cosecha hasta 40% menor impacta de lleno en los envíos al exterior.
La combinación de una cosecha reducida y un mercado interno firme sugiere que la oferta exportable seguirá siendo limitada en los próximos meses. En este contexto, resulta difícil imaginar una recuperación significativa de los envíos al exterior en el corto plazo.
Para que el escenario cambie, sería necesario un giro en las condiciones internacionales, como una mejora en los precios externos o un aumento en la demanda por parte de los principales mercados. Sin embargo, hasta el momento, no se observan señales en esa dirección.
Un sector en transición
En síntesis, el sistema frutícola vinculado a la producción de manzanas en Argentina atraviesa una etapa de transición. La combinación de menor volumen, reconfiguración de mercados y una creciente orientación hacia el consumo interno está redefiniendo el perfil del sector.
Si bien esta dinámica permite sostener la rentabilidad en el corto plazo, también plantea desafíos importantes hacia el futuro. La pérdida de presencia en mercados internacionales es algo negativo para el sector en el mediano y largo plazo, especialmente frente a competidores que continúan expandiendo su participación global.
El desafío para la cadena productiva será encontrar un equilibrio entre aprovechar las oportunidades del mercado interno y mantener una estrategia exportadora que permita sostener la inserción internacional de la manzana argentina. En un contexto global cada vez más competitivo, recuperar volumen y diversificar destinos será clave para garantizar la sostenibilidad del sector. El atraso cambiario no ayuda para lograr estos objetivos.
FUENTE: Redacción +P.