Su análisis no solo proviene de la observación del mercado, sino también de su propia experiencia en terreno. En los campos que administra en Codegua y San Francisco de Mostazal, las características de los suelos han condicionado el desempeño de los huertos, obligándolo a replantear parte importante de su negocio.
Según explica, los suelos livianos presentes en esas zonas establecieron un límite productivo que hizo inviable mantener parte de las plantaciones bajo las actuales condiciones del mercado. Como consecuencia, tomó la decisión de eliminar variedades completas, cuarteles e incluso sectores enteros destinados al cultivo del cerezo. Hasta ahora, ya ha erradicado el 80% de sus plantaciones.
Un ajuste que podría extenderse por un lustro
Desde su perspectiva, la situación responde a un proceso estructural más que a un problema coyuntural. Subercaseaux sostiene que, salvo que ocurra un evento climático significativo durante la próxima temporada que reduzca la producción nacional, Chile alcanzará su potencial cercano a los 140 millones de cajas de cerezas. Con ese volumen, asegura, no existen fundamentos para esperar una recuperación de los retornos respecto de las dos campañas anteriores.
Tras erradicar el 80% de sus propios cerezos, Juan Pablo Subercaseaux asegura que la industria enfrenta un ajuste estructural y llama a los productores a adaptar sus estrategias al nuevo escenario.
"No hay ninguna posibilidad de que la situación vaya a ser mejor que en las últimas dos temporadas", afirma. Frente a ese escenario, considera fundamental que los productores ajusten sus expectativas económicas y basen sus decisiones en información objetiva.
Su principal recomendación consiste en utilizar las dos últimas liquidaciones comerciales como referencia para proyectar el negocio en los próximos años. En concreto, plantea promediar ambos resultados y asumir ese valor como el escenario más probable para la planificación financiera y productiva.
A su juicio, incluso bajo una visión optimista, mientras la industria continúe superando las 120 millones de cajas exportadas, ese promedio representa una estimación mucho más realista que esperar un rápido retorno a los altos niveles de rentabilidad observados en temporadas anteriores.
La fecha de cosecha marcará la diferencia
Sin embargo, el académico enfatiza que no todos los productores enfrentarán el mismo escenario.
Explica que las diferencias en clima, suelo y especialmente en la fecha de cosecha generan comportamientos comerciales muy distintos dentro de una misma especie. En ese contexto, advierte que la oportunidad de ingreso al mercado será cada vez más determinante para definir los retornos económicos.
Un productor que cosecha durante las semanas 46, 47 o 48 accede a una realidad comercial considerablemente diferente respecto de quienes comienzan sus cosechas desde la semana 51 en adelante, cuando la oferta disponible aumenta significativamente.
La misma lógica, sostiene, se observa incluso entre una misma variedad. "Una Lapins temprana va a tener una liquidación totalmente distinta al que tiene una Lapins tardía", señala, destacando que el calendario de cosecha puede marcar diferencias sustanciales en el resultado económico final.
Juan Pablo Subercaseaux proyecta un extenso proceso de ajuste para el principal frutal de exportación del país y sostiene que el equilibrio entre oferta y demanda aún está lejos de alcanzarse.
El diagnóstico de Subercaseaux plantea, en definitiva, que la industria chilena de la cereza atraviesa un proceso de ajuste estructural derivado de la rápida expansión de la superficie plantada y del aumento sostenido de los volúmenes exportados.
Mientras la oferta no encuentre un nuevo equilibrio con la demanda internacional, particularmente en el mercado chino, las rentabilidades seguirán bajo presión y obligarán a muchos productores a revisar sus estrategias productivas, optimizar costos e incluso replantear la continuidad de ciertos huertos.
En ese contexto, el académico considera que la planificación basada en escenarios conservadores será una herramienta clave para enfrentar un período que, según sus proyecciones, podría extenderse durante al menos un lustro antes de que el mercado recupere niveles de rentabilidad comparables a los observados en otros frutales.
FUENTE: Cherry Talk-Redagricola y aportes de Redacción +P.