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La "mano invisible" sacude al negocio de la cereza chilena

La temporada 2025-2026 marcó un punto de inflexión para la industria: el mercado comenzó a expulsar a los productores menos competitivos y a castigar severamente la cereza de menor calidad.

La industria de la cereza de Chile atraviesa uno de los momentos más complejos y decisivos de su historia reciente. Lejos de la euforia que caracterizó al sector durante la última década, la temporada 2025-2026 confirmó un cambio estructural en el negocio: menores volúmenes ya no garantizan mejores precios y la rentabilidad dejó de estar asegurada por el simple hecho de exportar.

Así lo revela un exhaustivo informe elaborado por Francisco Duboy y Sebastián Cartwright, de la consultora CyD Agromanagement, que analiza el comportamiento de la industria utilizando una sugerente metáfora económica: la “mano invisible” planteada por Adam Smith. Según el reporte, ante la incapacidad del sector para autorregularse, ha sido el propio mercado el que comenzó a ordenar la actividad, premiando la calidad y castigando severamente a los productores menos competitivos.

El fracaso de la autorregulación

Chile se ha consolidado como el principal exportador mundial de cerezas del hemisferio sur. Sin embargo, pese al alto grado de profesionalización y al acceso a información de mercado que caracteriza a la industria, el sector no ha logrado establecer mecanismos efectivos de autorregulación.

Durante la campaña 2025-2026 volvió a fracasar el intento impulsado por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Frutas de Chile y Fedefruta para fijar estándares mínimos obligatorios de calidad y calibre para la fruta exportada.

La ausencia de consensos gremiales dejó al mercado como único árbitro. Y el veredicto ha sido contundente: las liquidaciones están penalizando fuertemente la fruta de menor calidad, generando una verdadera depuración dentro del sector.

“El mercado está haciendo el trabajo que la industria no pudo realizar institucionalmente”, sostienen los autores del estudio, quienes advierten que la permanencia en el negocio dependerá cada vez más de la capacidad de producir fruta de excelencia.

Menos fruta, pero sin recuperación de precios

Uno de los datos más llamativos del informe es que la esperada recuperación de precios nunca llegó, pese a la reducción en los volúmenes exportados.

La investigación analizó una muestra de más de 33 millones de kilos, provenientes de 31 exportadoras y 33 variedades, representando cerca del 5% de la superficie plantada en Chile, equivalente a unas 3.300 hectáreas.

Los resultados muestran que la temporada cerró con aproximadamente 112 millones de cajas exportadas, muy por debajo del récord histórico de 125,2 millones alcanzado el año anterior. Sin embargo, esa reducción cercana al 9% no logró revertir la caída de precios.

La explicación parece estar en la enorme dependencia del mercado chino, destino que absorbió el 87% de los envíos chilenos. Según el estudio, una vez superado el umbral de los 100 millones de cajas exportadas, el mercado deja de reaccionar de manera estable y entra en una zona de saturación donde los precios permanecen deprimidos.

La campaña 2024-2025 ya había mostrado señales preocupantes. A pesar del volumen récord de 626.014 toneladas exportadas, el precio FOB promedio cayó un 29% por kilo. Lo preocupante es que durante la temporada 2025-2026 la industria no logró recuperar valor y terminó consolidándose en ese nuevo piso de precios bajos.

El deterioro de los retornos

El análisis del Retorno Neto Ponderado (RNP) por semana de embarque confirma el deterioro de la rentabilidad. La curva de retornos de la campaña 2025-2026 se ubicó sistemáticamente por debajo de la temporada anterior durante la segunda mitad del período exportador.

Uno de los hitos más relevantes fue el temprano quiebre de la barrera de los US$4 por kilo. Según el informe, ello ocurrió alrededor de la semana 48, mucho antes de lo esperado, y desde entonces los precios continuaron descendiendo sin mostrar señales de recuperación.

cerezas sudafrica

La falta de autorregulación gremial y la presión del mercado internacional están redefiniendo el negocio cerecero, donde la excelencia productiva se volvió indispensable para sobrevivir.

La distribución de los envíos también genera preocupación. Casi la mitad de la fruta exportada —un 47% del total— fue comercializada en semanas donde el retorno promedio fue inferior a los US$2 por kilo.

En el extremo opuesto, apenas un 9% de la producción logró obtener retornos iguales o superiores a US$4 por kilo.

Para los especialistas, esta situación evidencia una creciente concentración de la fruta en la denominada “franja mala” de precios, reduciendo significativamente las posibilidades de capturar márgenes atractivos.

El calibre se transforma en la llave del negocio

Si existe una conclusión categórica en el informe, es la enorme relevancia que ha adquirido el calibre de la fruta.

La diferencia entre producir cerezas pequeñas o grandes ya no representa simplemente una mejora comercial: hoy puede significar la supervivencia o la salida del negocio. Los datos son elocuentes. Mientras un calibre XL apenas logra superar los US$0,6 por kilo, un calibre 4J alcanza retornos cercanos a los US$3,9 por kilo, es decir, casi seis veces más.

En consecuencia, producir calibres L y XL bajo las condiciones actuales aparece como una estrategia financieramente inviable.

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“La brecha de precios entre la fruta grande y la pequeña es la principal herramienta mediante la cual la mano invisible está purgando el mercado”, señalan Duboy y Cartwright.

Este fenómeno está obligando a los productores a replantear sus manejos agronómicos, priorizando carga, poda, nutrición y regulación productiva con el objetivo de maximizar el tamaño de la fruta.

Santina sigue liderando entre las variedades tradicionales

El estudio también analizó el desempeño de las principales variedades cultivadas en Chile. Tres variedades continúan dominando ampliamente la oferta exportadora: Lapins, Santina y Regina, que en conjunto representan más del 80% de los envíos nacionales.

Santina volvió a posicionarse como la variedad de mejor desempeño entre las de mayor volumen, registrando un Retorno Neto Ponderado de US$3,12 por kilo. Su ventaja radica principalmente en su condición de variedad temprana, permitiéndole acceder a ventanas comerciales más favorables.

Lapins, la variedad más plantada del país, mostró una tendencia descendente y alcanzó apenas US$2,01 por kilo, reflejando las dificultades que enfrenta la oferta concentrada en períodos de alta competencia.

Regina, por su parte, experimentó una leve recuperación respecto de la campaña anterior, situándose en US$1,68 por kilo. No obstante, el informe advierte que sigue sin mostrar señales claras de recuperación.

Entre las variedades de menor participación, Rainier destacó por sus elevados retornos promedio, cercanos a US$5,70 por kilo. En contraste, Sweet Aryana sufrió una drástica caída, pasando de US$5,27 a apenas US$2,88.

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Los autores enfatizan que las nuevas genéticas no garantizan automáticamente mejores resultados comerciales. El éxito dependerá de que la variedad se adapte adecuadamente a la ventana de cosecha y logre cumplir los estándares de calidad exigidos por el mercado.

Un punto de inflexión para la industria

Las conclusiones del informe son claras y constituyen una advertencia para todo el sector.

La industria no puede esperar que el mercado rescate espontáneamente a los productores mediante subas de precios. Por el contrario, el crecimiento sostenido de la superficie plantada anticipa que la presión sobre la oferta continuará en los próximos años.

En este contexto, la supervivencia dependerá de tres factores fundamentales: control estricto de costos, eliminación de ineficiencias y producción de fruta de alta calidad.

El estudio recomienda mantener los costos productivos por debajo de los US$2 por kilo y, idealmente, acercarlos a US$1,5 por kilo. Asimismo, plantea la necesidad de tomar decisiones difíciles, como reconvertir variedades que perdieron competitividad o incluso arrancar huertos poco productivos.

La temporada 2025-2026, concluyen los especialistas, marca un antes y un después para el negocio cerecero chileno. La rentabilidad ya no está garantizada por pertenecer a una industria exportadora exitosa. En adelante, sólo quienes logren excelencia operacional, altos estándares de calidad y una gestión comercial eficiente podrán mantenerse competitivos en un mercado global cada vez más exigente.

FUENTE: CyD Agromanagement, Smartcherry y aportes de Redacción +P.