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La industria de la cereza chilena perdió US$376 millones: el error que desató el colapso

Productores e industria quedaron en el centro de una crisis marcada por decisiones erróneas y precios distorsionados.

En el marco del evento “Juntos trabajando por una industria 2.0”, organizado por la empresa San Jorge Packaging, una de las exposiciones más contundentes fue la del gerente comercial y socio de Exportadora San Andrés, René Wünkhaus, quien abordó sin rodeos la compleja temporada que enfrentó la industria de la cereza chilena.

El ejecutivo cifró en US$376 millones las pérdidas totales del sector, atribuyéndolas no a factores externos imprevisibles, sino a una cadena de decisiones erróneas compartidas entre exportadores, importadores y productores. “Lo ocurrido responde a una secuencia lógica de decisiones equivocadas. El mercado no falló, corrigió una distorsión”, afirmó, marcando el tono de una presentación crítica, pero orientada a generar aprendizaje.

Una temporada que no cumplió expectativas

Durante su exposición, Wünkhaus entregó una detallada radiografía del desempeño de la cereza chilena en la última campaña. Según explicó, Chile exportó 113,8 millones de cajas, una cifra inferior a las proyecciones iniciales de 131 millones. Si bien el volumen representó una leve caída respecto al año anterior, continuó siendo considerablemente alto, especialmente considerando que el 87% de los envíos tuvo como destino el mercado chino.

Uno de los elementos que inicialmente generó optimismo fue la ampliación de la ventana comercial. Una cosecha adelantada hacía prever una mejor distribución de los envíos en el tiempo, lo que permitiría evitar saturaciones en los mercados de destino. Sin embargo, el resultado final estuvo lejos de ese escenario esperado.

“Por el contrario, el mercado terminó colapsando”, señaló el ejecutivo, dejando en evidencia que la estrategia no logró su objetivo principal.

El factor precio: una distorsión clave

Wünkhaus profundizó en el comportamiento de los precios, destacando una de las principales anomalías de la temporada. De acuerdo con los modelos esperados, una disminución del 9% en el volumen enviado a China debería haber generado un aumento aproximado del 13,5% en los precios FOB, alcanzando un promedio cercano a los US$25 por caja. La realidad, sin embargo, fue diametralmente opuesta: el valor promedio cayó a US$21,2.

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Precios inflados, sobreoferta y baja rotación explican uno de los peores resultados de la industria.

El ejecutivo apuntó directamente a la intervención artificial de los precios por parte de importadores en China como el principal detonante de esta distorsión. Según relató, entre finales de diciembre y comienzos de enero, los precios experimentaron un alza injustificada, pasando de un rango de 180-190 yuanes a más de 220 yuanes por caja, sin que existieran cambios en la calidad del producto ni en la demanda.

Este incremento artificial tuvo un efecto inmediato en el mercado: una caída en la velocidad de venta. “Se vendía menos y se seguía acumulando fruta”, explicó.

Un producto perecedero, un problema creciente

La acumulación de inventario se transformó rápidamente en un problema crítico debido a la naturaleza perecedera de las cerezas. A medida que la fruta permanecía sin vender, su calidad comenzaba a deteriorarse, lo que obligó a los actores del mercado a liquidar los stocks a cualquier precio.

El resultado fue un desplome abrupto en los valores. En algunos casos, las cajas se vendieron por debajo de los 100 yuanes, e incluso cerca de los 50 yuanes, cifras muy alejadas de las expectativas iniciales y claramente insuficientes para cubrir costos.

Este fenómeno evidenció una falla clave en la estrategia comercial: la subestimación del impacto que tiene la rotación del producto en un mercado altamente sensible.

Los errores estructurales de la industria

Para Wünkhaus, uno de los errores más graves fue asumir que los precios altos podían sostenerse sin afectar la dinámica de ventas. “En frutas, la velocidad de venta es clave. No es un televisor que se puede almacenar; cada día pierde valor”, enfatizó.

Pero el problema no se limita únicamente a la estrategia de precios. El ejecutivo también fue crítico respecto a la calidad del producto exportado. Señaló que la industria continúa operando con altos niveles de tolerancia en defectos, lo que debilita su posición competitiva en mercados exigentes como el chino.

“Estamos enviando fruta con errores incluidos dentro de la caja, mientras competimos con productos prácticamente perfectos”, advirtió, comparando la situación con otras frutas como los arándanos o kiwis, que presentan estándares mucho más rigurosos.

Un consumidor que cambió

Otro factor relevante mencionado por Wünkhaus fue la evolución del consumidor chino. Según explicó, las cerezas han dejado de ser un producto de lujo o un regalo exclusivo, para transformarse en un alimento de consumo cotidiano.

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El mercado chino, clave para el sector, evidenció errores que terminaron por hundir el negocio.

Este cambio implica una mayor sensibilidad al precio y a la calidad, lo que obliga a la industria a adaptarse a nuevas exigencias. En este contexto, las estrategias que funcionaban en un mercado premium ya no son necesariamente efectivas.

Lecciones y desafíos futuros

A pesar del complejo panorama, Wünkhaus también destacó algunos aspectos positivos. Entre ellos, mencionó el incipiente proceso de diversificación de mercados, que podría reducir la alta dependencia de China en el futuro.

Sin embargo, fue claro en señalar que el principal desafío sigue siendo mejorar la calidad del producto y fortalecer la coordinación entre los distintos actores de la cadena.

La falta de alineación entre productores, exportadores e importadores quedó en evidencia durante la temporada, y aparece como un punto crítico a corregir si se quiere evitar la repetición de este tipo de crisis.

Una advertencia para la industria

El cierre de la presentación fue tan directo como su inicio. Wünkhaus descartó que lo ocurrido pueda atribuirse a factores coyunturales como la volatilidad del mercado o la mala suerte.

“No fue volatilidad ni mala suerte. Fue una corrección estructural. El mercado hizo exactamente lo que tenía que hacer”, concluyó.

Su diagnóstico deja una advertencia clara para la industria frutícola chilena: en un entorno cada vez más competitivo y dinámico, los errores estratégicos no solo se pagan caros, sino que además son rápidamente corregidos por el propio mercado. La clave estará en aprender de esta experiencia y ajustar el rumbo antes de que nuevas pérdidas vuelvan a golpear al sector.

Fuente: Portal Frutícola con aportes de Redacción +P.