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Las claves para hacer rentable y sostenible una explotación de manzanas en Chile

En un escenario marcado por el alza de costos, especialista destaca las claves para el rediseño profundo del sistema productivo de manzanas.

En el marco de Poma Expo 2025, uno de los eventos más relevantes para la fruticultura de Chile, el ingeniero agrónomo Dagoberto González, del Departamento Técnico de Unifrutti en Linares (Chile), presentó las claves para el desarrollo de la industria de manzanas en el vecino país. Su propuesta no sólo apunta a la recuperación económica tras años de crisis, sino a la reinvención estructural del modelo productivo, bajo criterios de eficiencia, innovación y sostenibilidad.

Anticipó que la manzana ha mostrado señales de recuperación, pero el contexto sigue siendo desafiante. “Es un negocio de margen estrecho”, afirma González, con la claridad que otorgan los datos: para lograr rentabilidad, las explotaciones deben superar las 50 toneladas por hectárea con fruta de calidad de exportación. Sin embargo, el promedio nacional actual está por debajo de ese umbral, y los costos operativos —principalmente en mano de obra e insumos agrícolas— continúan en ascenso.

Frente a esta realidad, González propone un cambio estructural: rediseñar los huertos para adaptarlos a los desafíos del siglo XXI. La clave está en apostar por siluetas simples, estructuras bidimensionales y densidades altas (entre 2.500 y 3.500 plantas por hectárea), todo orientado a facilitar la mecanización de labores críticas como poda, raleo y cosecha.

“La mano de obra representa uno de los mayores costos en el sistema. Si no adaptamos nuestros huertos a la mecanización, seguiremos perdiendo competitividad”, enfatiza. Plataformas de cosecha, por ejemplo, permiten eliminar el uso de escaleras y mejorar la productividad por operario, especialmente cuando se implementan en cuadrillas organizadas y bien capacitadas.

Renovación varietal en manzanas

Otro aspecto central es la reconversión varietal. La variedad Gala continúa siendo dominante, pero hoy se apuesta por clones mejorados como Galaval y variedades club como Rosy Glow, que ofrecen mejor color, calidad y comportamiento postcosecha. No obstante, la renovación tiene un alto costo —alrededor de US$ 40.000 por hectárea—, lo que limita su implementación a empresas medianas o grandes.

Junto a estas variedades consolidadas, se evalúan nuevas apuestas como Ambrosia, Kanzi, Sweetango, Kissabel, Samboa, Luiza e Isadora. González subraya que aún hay incertidumbre respecto a su comportamiento en distintos climas y su desempeño comercial. “Debemos hacer un seguimiento riguroso de cada variedad, considerando tanto su rendimiento como su aceptación en los mercados”, señala.

La incorporación de portainjertos de la serie Geneva (G202, G935 y G41) ha sido otro avance técnico importante. Estos materiales ofrecen mayor resistencia al replante, mejor comportamiento frente a plagas como el pulgón lanígero y una emisión reducida de sierpes, mejorando el manejo y la eficiencia. En ensayos con manzano Brookfield sobre G202, se alcanzaron más de 77.000 kilos acumulados por hectárea a la quinta hoja. En Galaval sobre G41, los rendimientos fueron aún más impresionantes: 96.000 kilos en sólo cuatro años.

El concepto de sustentabilidad también ha evolucionado. Ya no se trata sólo de reducir el uso de químicos, sino de incorporar una visión sistémica y regenerativa. González destaca el uso de mulch sintético, que permite ahorrar hasta un 30 % de agua y energía; la incorporación de cubiertas vegetales multiespecie; y la aplicación de enmiendas orgánicas con alta carga biológica.

Una innovación destacada es el uso de biofertilizantes que reducen drásticamente la huella de carbono: de 9.800 kg CO/ha a solo 3,4 kg CO/ha. “Estas prácticas responden no sólo al cambio climático, sino también a las crecientes exigencias de los mercados internacionales y de los consumidores”, explica González.

La modernización frutal también ha incorporado herramientas de agricultura de precisión: sensores de riego, energías renovables, drones para aplicaciones específicas y sistemas digitales de monitoreo. Sin embargo, el ingeniero subraya que la tecnología, por sí sola, no basta.

Capital humano y gestión del conocimiento

“La tecnología es una herramienta, pero la clave sigue estando en el profesional que pisa el huerto”, afirma con convicción. Para González, el fortalecimiento del capital humano es esencial. Capacitar al personal técnico, fomentar la gestión de datos y optimizar los procesos de decisión son pilares que deben acompañar cualquier transformación productiva.

El mensaje de González es claro: la reconversión no es sólo un tema agronómico, sino una visión de futuro. Invertir en conocimiento, rediseñar los sistemas y avanzar hacia una producción más sostenible y rentable son pasos ineludibles si se quiere que el manzano chileno siga siendo competitivo en el siglo XXI.

A continuación, la presentación completa de la exposición del especialista.

Fuente: Diario Frutícola.