La falta de claridad en las decisiones chinas complica aún más la logística, dado que el barco sigue en rada, generando costos adicionales. “Si esto hubiese sido un arribo normal, lo descargan todo en el mismo día que llega”, afirmó Cornejo, destacando que la detención del buque supone sobrecostos y un impacto aún más negativo para los exportadores.
Una de las mayores preocupaciones es el destino de la fruta. Con cada día de retraso, la calidad de las cerezas se deteriora, y la posibilidad de liberarlas para la venta comercial se vuelve más remota. “Podemos especular que lo más probable es que todo se vaya a destruir”, afirmó Cornejo. En China existe un sistema de destrucción de carga no apta para el consumo, pero la capacidad de estas instalaciones es limitada: “Hay un digestor que puede destruir hasta seis contenedores diarios, lo que hace inviable procesar los 1300 contenedores de manera rápida”.
Consultado sobre la posibilidad de redestinar la fruta a la industria, Cornejo fue categórico: “No creo que vayan a tomar ese riesgo, porque hay intereses comerciales y políticos en juego. La cereza chilena es una marca y una imagen que se debe proteger”. En ese sentido, la opción más viable parece ser la destrucción de la carga, lo que supondrá enormes pérdidas para los exportadores.
Otro factor clave es el impacto económico de la retención del barco. Cornejo explicó que en circunstancias normales, la carga se desembarca de inmediato y el barco sigue su ruta, pero en este caso, los costos de permanencia en rada aumentan día tras día. Cuando se planifica una operación portuaria, hay horarios establecidos. Si un buque se queda más tiempo del previsto, pueden generarse multas y costos adicionales que alguien tendrá que asumir. Mientras la incertidumbre persiste, el sector frutícola chileno espera respuestas urgentes de las autoridades chinas y la posibilidad de encontrar una salida viable para la carga. En un mercado tan competitivo y con márgenes de tiempo tan ajustados, un retraso de días puede significar la pérdida total de una cosecha.
La crisis de las cerezas chilenas en China deja en evidencia la vulnerabilidad del comercio exterior ante factores imprevistos y la importancia de contar con respuestas rápidas y protocolos claros ante este tipo de contingencias. Frente a este escenario, el Gobierno de Chile, a través del ministerio de Agricultura, espera participar de las conversaciones con sus pares de China para dar un corte a esta crisis que parece no finalizar y que está generando enormes perjuicios a la imagen de la oferta exportable de frutas del país.