ver más

Manzanas de pulpa roja en el Alto Valle: el INTA evalúa variedades con alto valor exportable

¿Puede una manzana de pulpa roja transformar la fruticultura patagónica? El INTA ya trabaja en esa respuesta.

La fruticultura del Alto Valle de Río Negro atraviesa un proceso de transformación silenciosa, pero quizá de enorme proyección. Especialistas del INTA Alto Valle avanzan en la evaluación de nuevas variedades de manzanas de pulpa roja adaptadas a las condiciones productivas del norte de la Patagonia, con el objetivo de fortalecer la competitividad regional y ampliar la oferta de productos diferenciados para el mercado internacional.

El trabajo se desarrolla en articulación con la empresa Moño Azul —del grupo Prima—, licenciataria en la Argentina del obtentor internacional IFO (International Fruit Obtention). La iniciativa busca determinar el comportamiento agronómico, la calidad de fruta y la adaptación local de materiales genéticos innovadores que, por sus características visuales y nutricionales, despiertan creciente interés en los mercados de alto valor agregado.

La validación de nuevas variedades frutícolas no es un proceso inmediato. Este tipo de evaluación demanda entre ocho y diez temporadas para generar información sólida sobre rendimiento, sanidad, fenología y calidad comercial. Así lo explicó Paula Calvo, técnica del INTA Alto Valle y referente de la evaluación: "El objetivo es validar qué variedades logran adaptarse al clima del Alto Valle de Río Negro y, al mismo tiempo, responder a las exigencias de diferenciación visual y calidad que hoy demanda el mercado internacional".

Los materiales genéticos introducidos al país pasaron por un estricto proceso cuarentenario bajo normativa del Senasa, dentro de un recinto de evaluación de una hectárea con acceso restringido y protocolos de bioseguridad. Una vez implantados, los ensayos comenzaron a manejarse bajo las tecnologías habituales de la región, con sistemas de riego por microaspersión y control de heladas mediante macroaspersión, replicando así las condiciones reales de producción comercial.

El pigmento que distingue estas variedades

Uno de los atributos centrales de estas variedades es la coloración roja de la pulpa, asociada a una alta concentración de antocianinas, pigmentos naturales con propiedades antioxidantes reconocidas por la ciencia. La intensidad y distribución de ese color constituye uno de los aspectos más importantes del análisis técnico y uno de los grandes atractivos para los compradores internacionales que buscan frutas visualmente impactantes y con valor funcional.

"La fruta obtenida presenta características realmente innovadoras por la intensidad de color de su pulpa", destacó Calvo, quien señaló que ese rasgo se registra mediante cartas específicas de evaluación cromática, herramientas diseñadas para cuantificar con precisión la distribución del pigmento en el interior del fruto.

image

Especialistas del INTA analizan la adaptación agronómica, la calidad de fruta y la respuesta fenológica de materiales genéticos innovadores en el norte de la Patagonia.

Del campo al laboratorio

El seguimiento técnico de los ensayos incluye monitoreos fenológicos dos veces por semana desde el estado de yema hinchada hasta el fruto pequeño. Para esa tarea, los especialistas emplean la metodología de Fleckinger, un sistema ampliamente reconocido en fruticultura que describe y ordena los distintos estados de desarrollo del cultivo —brotación, floración y cuaje— con precisión suficiente como para relacionar el comportamiento varietal con las condiciones ambientales de cada temporada.

En el Alto Valle, conocer el momento exacto de floración resulta especialmente relevante. "Es especialmente importante debido al riesgo de heladas primaverales, uno de los factores que más condiciona la producción", indicó Calvo. Además, variables como la radiación solar y la temperatura influyen directamente sobre el desarrollo del color en la pulpa y sobre la aparición de defectos fisiológicos como el russet o el daño por asoleado, dos problemas que afectan la calidad comercial del producto final.

El trabajo de laboratorio complementa y enriquece las evaluaciones de campo. Sobre frutos individuales se analizan parámetros como peso, diámetro ecuatorial, altura, porcentaje de color de cobertura y distribución del pigmento en pulpa. A eso se suman índices de madurez determinados mediante mediciones de firmeza, sólidos solubles y acidez total, variables que en conjunto definen el perfil organoléptico y la aptitud comercial de cada material evaluado.

El INTA también realiza muestreos semanales para evaluar la degradación del almidón, un indicador clave que permite definir con precisión el momento óptimo de cosecha de cada variedad. "Este proceso es clave para seleccionar aquellos materiales que mejor se adaptan a las condiciones locales y asegurar un desempeño agronómico y comercial adecuado antes de avanzar hacia un escalado productivo", subrayó Calvo.

Kissabel: la marca que ya llega al mercado

Como resultado concreto de este trabajo conjunto, la empresa Moño Azul ya comercializa estas manzanas bajo la marca Kissabel, una línea diseñada para posicionarse en nichos de mercado vinculados a frutas diferenciadas y de alto valor agregado. La iniciativa representa un ejemplo claro de articulación entre el sector público de ciencia y tecnología y el sector privado productor y exportador, con un horizonte que apunta a ampliar y diversificar la oferta frutícola patagónica en los mercados internacionales más exigentes.

El proceso continúa temporada a temporada, acumulando datos y conocimiento que, en el mediano plazo, permitirán al Alto Valle de Río Negro contar con un portafolio varietal más amplio, más diferenciado y más competitivo frente a los desafíos que plantea la fruticultura mundial del siglo XXI.

FUENTE: INTA con aportes de Redacción +P