La directora ejecutiva de NZAPI, Karen Morrish, dice que la cosecha de esta temporada es un retorno a la forma después de varios años difíciles para la industria y refleja un movimiento hacia variedades de mayor valor. "Las manzanas y peras neozelandesas son conocidas como productos de primera calidad. Aunque Nueva Zelanda no es el mayor proveedor de manzanas del mundo, estamos muy por encima de nuestro peso a nivel mundial. Nuestros productores se enorgullecen de producir fruta sana, limpia y sostenible, y la cosecha de este año es exactamente eso". La demanda en los principales mercados de exportación del sector es fuerte, y los consumidores vuelven constantemente a por la fruta neozelandesa, afirma Morrish.
"Nos sentimos inmensamente orgullosos del impacto económico que nuestro sector aporta a Nueva Zelanda y a las regiones en las que vivimos y trabajamos, y nuestras estadísticas de impacto económico ponen de relieve el valor del trabajo del sector", afirma. "Con pocos cambios en la superficie plantada, el aumento de los costes y, sin embargo, el crecimiento de nuestra contribución económica, podemos estar seguros de que esto ha venido del aumento de la productividad, la inversión en variedades patentadas de alto valor y una diversificación de los mercados internacionales. Nuestra industria está tirando de palancas sostenibles para hacer crecer nuestra contribución y NZAPI quiere asegurarse de que se mantiene un entorno operativo saludable que conduzca a la prosperidad".
Comparaciones entre Nueva Zelanda y Argentina
Los resultados que da a conocer NZAPI, siempre hablando de retornos en origen, dan cuenta que el precio promedio que está logrando las pomáceas en Nueva Zelanda se ubica en torno a los 2,1 dólares por kilo; cuatro veces más de los valores logrados por Argentina. Estas enormes diferencias observadas se dan por distintos factores, tomando en cuenta la estadística de producción y comercialización de la industria de ambos países.
-Matriz productiva. En nueva Zelanda del total de la producción de pomáceas, las manzanas concentran más del 95% del total de la superficie implantada; el restante 5% corresponde a peras. En la Argentina esa relación se ubica en 46% y 54% respectivamente.
-La productividad que presenta Nueva Zelanda en manzana se ubica en un promedio de 54 toneladas por hectárea, tomando el total de la superficie (en desarrollo y producción plena). En peras esa productividad baja a 38 toneladas por hectárea. Al analizar el Valle de Río Negro y Neuquén los datos oficiales muestran que en la región se logra un promedio de 28 toneladas por hectárea en manzanas y 37 toneladas por hectárea en peras. Esto muestra que la productividad promedio de manzanas en Nueva Zelanda casi duplica a la de Argentina.
-Destinos de la producción. Teniendo en cuenta que las peras de Nueva Zelanda se orientan en su totalidad al consumo interno; tomamos como referencia comparativa de esta variable solo a las manzanas. En este punto la isla de Oceanía exporta el 75% del total de su producción efectiva, mientras que ese indicador alcanza al 16% en la Argentina. El 25% restante en Nueva Zelanda se orienta al mercado interno e industria, contra el 84% que se observa en nuestro país.
-Mercados de la oferta exportable. Nueva Zelanda coloca poco más del 70% de sus exportaciones en los mercados de Asia central y Sudeste Asiático, que son los que hoy logran los mejores retornos en los mercados. Tan solo el 15% lo destina a Europa y Estados Unidos, y el restante 15% atomizado en otros puertos menores. En la Argentina cerca del 80% de las exportaciones de manzanas se concentran en Latinoamérica (Brasil, Bolivia y Paraguay fundamentalmente) y el restante 20% en otros destinos, donde Rusia ocupa una proporción importante.
-Variedades puestas en el mercado. Nueva Zelanda, dentro del total de su oferta exportable de manzanas, tiene más del 70% con nuevas variedades, que son las que marcan hoy un diferencial de precios determinante en las góndolas minoristas. En Argentina ese indicador es marginal, cerca del piso del dígito.
Todas estas variables, y otras secundarias, marcan las diferencias productivas y comerciales entre ambos países; y justifican porque Nueva Zelanda logra retornos en su producción de peras y manzanas casi cuatro veces superiores a la Argentina. Algo tendrá que cambiar en los Valles de Río Negro y Neuquén para poder lograr que el negocio frutícola, como ocurre en el resto de los países de mundo, sea rentable tanto para los productores como las empresas.
Fuente: AZAPI, USDA, SENASA con el aporte de la Redacción de +P.