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Más volumen y mejor sanidad: así viene la cosecha de manzana en Brasil

Brasil proyecta una producción cercana a 1.050.000 toneladas de manzana, con mejor calidad sanitaria y expectativas de recuperar exportaciones.

En el corazón productivo del sur de Brasil, donde las explotaciones dibujan el paisaje de altura y el clima marca el pulso de cada campaña, la cosecha de manzana 2026 avanza con una mezcla de alivio y cautela. Pierre Nicolas Pérès —productor, exportador y director de Relaciones Institucionales de la Asociación Brasileña de Productores de Manzanas (ABPM)— analiza junto a +P un escenario que combina recuperación de volumen, mejora notable en calidad y una economía que genera más interrogantes que certezas.

La estimación oficial proyecta una producción que podría ubicarse en torno al millón de toneladas, con la posibilidad de alcanzar 1.050.000 toneladas. Sin embargo, el propio Pérès advierte que el clima volvió a jugar un rol determinante y que las proyecciones siguen siendo frágiles. “La expectativa es llegar a un millón, o un poquito más. Pero las proyecciones todavía son complicadas debido, nuevamente, al clima”, explica. La campaña estuvo atravesada por un período prolongado de sequía que impactó en el desarrollo de la fruta, especialmente en las variedades tempranas.

En la última semana, las lluvias trajeron algo de alivio. En la región de Fraiburgo —uno de los polos históricos de la manzana brasileña— las precipitaciones fueron abundantes. En Rio Grande do Sul llovió, aunque en menor medida, y en São Joaquim también se registraron lluvias significativas.

Pero el momento de esas lluvias es clave. “Mi pensamiento personal es que es un poco tarde para la variedad Gala”, señala. Con entre un 10% y 15% de la Gala ya cosechada, buena parte de esa fruta no alcanzará a beneficiarse del aporte hídrico reciente. Eventualmente, la última pasada de cosecha podría ganar algo de tamaño gracias a la humedad recuperada en el suelo, pero el impacto será limitado.

Distinto es el caso de la Fuji, variedad más tardía y de mayor permanencia en planta. “Para la Fuji creo que se va a recuperar bien”, afirma Pérès. Si las condiciones se mantienen estables, esta variedad podría compensar parcialmente los efectos de la sequía inicial.

Una recuperación que aún está por debajo del potencial

Desde el punto de vista estadístico, la campaña actual representa una mejora respecto de los últimos años. “Este año la producción se recuperó respecto a la media baja que venía teniendo el pomar”, explica el directivo.

Sin embargo, la palabra “recuperación” no implica necesariamente abundancia. En la estructura productiva brasileña, una buena cosecha parte desde 1,2 millones de toneladas. “Lo de ahora sigue siendo una media baja; es una media buena, pero baja. Estamos en la parte inferior del promedio”, resume.

Para dimensionar el potencial, Pérès ofrece un marco comparativo: Una cosecha “buena” comienza en 1,2 millones de toneladas. Una cosecha “llena” ronda los 1,3 millones. Una campaña completa, sin ningún inconveniente climático, podría aspirar a 1,5 millones de toneladas. Pero esa última cifra parece, al menos por ahora, inalcanzable. “Creo que nunca vamos a llegar a eso”, afirma con realismo. El cambio climático, con su combinación de sequías, lluvias intensas fuera de época y variabilidad térmica, dificulta imaginar campañas perfectas.

Si el volumen no alcanza los máximos históricos, la calidad se presenta como uno de los grandes diferenciales de este año. La sequía, paradójicamente, jugó a favor en el plano sanitario. “Este año no tuvimos problemas de glomerella por la falta de lluvia”, señala Pérès. La ausencia de precipitaciones en momentos críticos redujo la incidencia de esta enfermedad, así como de otros hongos tradicionales en Brasil, como la sarna.

Además, la floración fue bien controlada y el clima acompañó durante etapas sensibles del desarrollo. Tampoco hubo presencia significativa de russeting —la rugosidad superficial que deprecia la fruta en los mercados más exigentes—. “La fruta está bien lisa, lo que aumenta la cantidad que sale hacia el empaque”, explica.

En términos prácticos, esto significa mayor proporción de fruta de calidad comercial exportable y menor descarte. “Estoy muy satisfecho con la cosecha de este año”, resume.

El tamaño: un desafío relativo

Uno de los puntos más debatidos en la campaña es el tamaño de la fruta. La sequía afectó el calibre promedio, especialmente en las variedades tempranas. Sin embargo, Pérès relativiza el impacto. “El tamaño es relativo”, afirma. Brasil cuenta con un mercado interno sólido para fruta pequeña, lo que amortigua el problema. Además, existen destinos externos específicos que demandan calibres menores. Entre ellos se destaca Bangladesh, que históricamente compra fruta pequeña. También India, que recientemente comenzó a incorporar calibres 165 y 180, ampliando las posibilidades de colocación.

“Colocar la fruta pequeña no es un problema grande. Habrá una diferencia de precio, pero no es un problema de salida”, aclara. En otras palabras, puede haber presión sobre los valores, pero no sobre la comercialización en sí.

manzana cosecha brasil

Con más de un millón de toneladas estimadas, la producción de manzana brasileña mejora en calidad y retoma su presencia en mercados como India y Bangladesh.

El verdadero faltante podría estar en los calibres grandes. Allí es donde Pérès observa una oportunidad regional. Los últimos dos años estuvieron marcados por cosechas pequeñas y un mercado interno con precios atractivos. Esa combinación desincentivó las exportaciones. “Apenas había fruta para el mercado interno y el precio local era muy bueno, así que no alentaba a exportar”, recuerda.

Este año, con mayor volumen disponible, el escenario cambia. “Deberíamos volver a las 60.000 o 70.000 toneladas de exportaciones”, proyecta. No obstante, la ecuación no es lineal. Todo dependerá del comportamiento del mercado interno. Si el consumo doméstico mantiene precios firmes, el incentivo exportador será menor. Si el valor local cae, la fruta buscará salida en el exterior. “No tenemos bola de cristal”, admite.

Economía brasileña: preocupación creciente

Más allá de la coyuntura productiva, Pérès manifiesta una fuerte inquietud por el rumbo económico del país. “La política económica de este gobierno nos asusta. Es un aumento considerable de impuestos todo el tiempo”, señala. Según su visión, el problema central es fiscal: el Estado gasta mucho más de lo que recauda. “Estamos yendo al fondo del pozo. El consumo va a disminuir”, advierte.

El productor observa con preocupación el cierre de empresas y la migración de capitales hacia Paraguay, donde —según explica— la estructura fiscal ofrece mayor previsibilidad y límites más claros a la carga tributaria. Aclara que no se refiere a trasladar la producción de manzanas, sino a un fenómeno industrial general. La incertidumbre política y económica se convierte así en una variable tan relevante como el clima.

Consumo interno e importaciones

En el corto plazo, la mayor disponibilidad de manzana brasileña debería reducir las importaciones. “Si una persona come 10 manzanas al mes, no va a comer 20”, grafica Pérès. El espacio físico en el mercado es limitado. Con más oferta local, lo lógico sería una menor necesidad de fruta importada. Sin embargo, el directivo introduce una variable política: la posibilidad de que el gobierno estimule artificialmente el consumo mediante inyección de dinero.

“Tal vez el gobierno inyecte dinero desesperadamente en el mercado y el consumo se mantenga bueno. En ese caso, habría espacio tanto para la manzana nacional como para la importación”, reflexiona. La conclusión es clara: habrá que vigilar de cerca la evolución macroeconómica.

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En el cierre de la entrevista, Pérès dirige una mirada hacia los productores regionales: Argentina y Chile. “Tenemos una cosecha de calidad, pero lo que tal vez nos falte —y que puede ser aprovechado por los productores argentinos— es el tamaño. Va a faltar fruta más grande”. El mensaje es directo: el productor argentino y chileno debería enfocarse en abastecer el mercado brasileño con fruta de mayor calibre.

La complementariedad regional podría jugar un papel clave en la campaña 2026. Mientras Brasil cuenta con volumen recuperado y excelente calidad sanitaria, pero con limitaciones en tamaño, Argentina y Chile podrían posicionarse estratégicamente con calibres grandes, capturando nichos específicos.

Entre el clima y la política

La campaña brasileña de manzanas 2026 se construye en la intersección de dos fuerzas impredecibles: el clima y la economía. Desde lo productivo, el sector muestra resiliencia. Recupera volumen tras años débiles, exhibe calidad superior y mantiene abiertos sus canales de exportación. Desde lo macroeconómico, enfrenta incertidumbres que podrían redefinir el mapa comercial en cuestión de meses.

Pérès no transmite euforia, pero sí una satisfacción prudente. La fruta está sana, el mercado externo vuelve a activarse y el interno, aunque incierto, todavía ofrece oportunidades. La gran incógnita es si Brasil logrará estabilizar sus variables económicas lo suficiente como para que el sector frutícola capitalice esta recuperación productiva.

Mientras tanto, en los campos de Fraiburgo, São Joaquim y las zonas productivas de Rio Grande do Sul, la cosecha avanza. Cada camión que sale del empaque confirma que, pese a las dificultades, la manzana brasileña mantiene su lugar en el mercado regional e internacional.

La historia de esta campaña no es la de una cosecha récord. Es la de una recuperación en un contexto adverso, la de un sector que aprende a convivir con la variabilidad climática y la volatilidad económica. Y, como sugiere Pérès, también es la historia de una oportunidad para quienes sepan leer las señales del mercado y actuar en consecuencia.

Fuente: Redacción +P.