Uno de los atributos más valorados de las nueces es su capacidad para cuidar el corazón. Su alto contenido de ácidos grasos insaturados, en especial el ácido alfa-linolénico (ALA), un omega-3 de origen vegetal, ayuda a reducir los niveles de colesterol LDL —conocido como “colesterol malo”— y a elevar el HDL, el “colesterol bueno”. Estos efectos se traducen en una disminución significativa del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares como la hipertensión arterial o la aterosclerosis.
Estudios publicados por la American Heart Association han señalado que el consumo habitual de nueces, incluso en pequeñas cantidades, puede reducir la incidencia de infartos en personas con riesgo moderado o elevado. Esta propiedad cardioprotectora convierte a las nueces en un alimento funcional ideal para quienes buscan prevenir enfermedades crónicas mediante la alimentación.
Beneficios para la salud
Pero sus virtudes no se limitan al sistema cardiovascular. Las nueces contienen antioxidantes potentes como los polifenoles, que ayudan a combatir el estrés oxidativo, una de las principales causas del envejecimiento celular. Esta acción protectora es particularmente relevante en el cerebro, donde puede contribuir a la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Además, su contenido de vitamina E, magnesio y zinc favorece el buen funcionamiento del sistema nervioso. Investigaciones recientes han comenzado a mostrar vínculos entre el consumo de nueces y una mejora en la función cognitiva, especialmente en adultos mayores. A largo plazo, podrían desempeñar un rol clave en la salud mental y la prevención del deterioro cognitivo.
El sistema digestivo también se ve beneficiado con su ingesta regular. Gracias a su alto contenido de fibra, las nueces favorecen un tránsito intestinal saludable y el desarrollo de una microbiota intestinal equilibrada, lo que repercute positivamente en la absorción de nutrientes y en la fortaleza del sistema inmunológico.
En lo que respecta al metabolismo, las nueces tienen un efecto regulador sobre la glucemia. Estudios han demostrado que su inclusión en la dieta puede ayudar a estabilizar los niveles de azúcar en sangre, siendo especialmente útiles en personas con diabetes tipo 2 o en quienes presentan resistencia a la insulina.
Además, por su combinación de proteínas vegetales y grasas saludables, generan una sensación de saciedad prolongada. Este efecto puede ser aprovechado en planes de control de peso, ayudando a reducir el picoteo entre comidas sin comprometer la calidad nutricional.
Nueces, la porción justa
Si bien son saludables, las nueces también son calóricas. Por eso, los especialistas recomiendan consumirlas con moderación: un puñado al día —unos 30 gramos, equivalentes a 7 u 8 unidades— es suficiente para obtener sus beneficios sin caer en excesos.
Es importante optar por nueces naturales, sin sal ni azúcares añadidos, ya que estos ingredientes pueden contrarrestar sus efectos positivos. En su forma más pura, las nueces se integran perfectamente en una alimentación variada, equilibrada y acompañada de actividad física regular.
Patagonia: tierra fértil para un superalimento
En el norte patagónico, la producción de nueces ha crecido en los últimos años, impulsada por las condiciones climáticas favorables y el interés creciente en cultivos sustentables. La amplitud térmica, el suelo fértil y el riego proveniente de los ríos cordilleranos permiten obtener frutos de excelente calidad, ricos en aceites esenciales y con un sabor distintivo.
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El potencial productivo para las nueces que tiene la Patagonia es muy significativo.
Esta zona no solo abastece a mercados nacionales, sino que también ha comenzado a atraer la mirada de compradores internacionales, que valoran tanto la calidad del producto como las prácticas responsables de cultivo.
Así, las nueces se consolidan como un alimento noble, capaz de combinar lo mejor de la naturaleza con lo más avanzado del conocimiento en nutrición. Y en cada una de ellas, además de salud, viaja un pedazo del paisaje patagónico, de su tierra, su gente y su saber ancestral.