ver más

Valle del Rio Negro: minería + petróleo vs. fruticultura

El boom energético transforma la economía del Valle y desplaza a una actividad que durante décadas fue su principal identidad productiva. El desafío es aprovechar las nuevas inversiones sin dejar de lado a la fruticultura.

Hablar de manzanas y peras en Argentina es hablar del Valle del Río Negro. A pesar de la diversificación agrícola, las crisis sufridas y la expansión urbana, la fruticultura sigue siendo la actividad que predomina y que le da color al Valle. Pero esto está por cambiar: la fruticultura y la agricultura en general están cediendo frente al fuerte avance de la actividad minera y petrolera. Es la niña bonita de los gobiernos y atrae toda la atención; su brillo opaca a todas las demás actividades.

Pero no todo lo que brilla es oro: la minería y el petróleo alteran fuertemente el medio ambiente, lo cual tiene que ser compensado por otras actividades. Su efecto negativo sobre el medio ambiente debe ser equilibrado mediante actividades que permitan recuperar el suelo, el aire y el agua. Los pulmones verdes, tanto las zonas recreativas como los cultivos comerciales, son fundamentales para mantener un hábitat agradable.

Por ello, se requiere una planificación de los espacios, de la ubicación de las poblaciones, las industrias, los depósitos de desechos, así como de las zonas destinadas a la recuperación verde. Las zonas más aptas para cultivos, que son cada vez más escasas, tienen que ser preservadas para tal fin y no caer en la especulación del negocio inmobiliario.

Desde el punto de vista social, hay que tener en cuenta la impronta negativa que tiene la industria minero-petrolera, en contraposición con la fruticultura, que es mejor vista entre la población al preservar el medio ambiente y producir un producto sano y rico. Hay cierto romanticismo y emoción alrededor de la fruta. La fruta es un símbolo de la región y los habitantes de la zona sienten orgullo por su producto, algo que no les genera un metal o un barril de petróleo.

Asimismo, la fruticultura es una actividad conformada por empresas medianas, mayormente nacionales, y no existen grandes holdings extranjeros. ¿Cuánto pagarían las empresas mineras y petroleras por tener esta buena imagen? Normalmente, son vistas por la población como quienes contaminan, destruyen el paisaje y explotan sus reservas.

Los países árabes han comprendido el dilema de la actividad petrolera, volcando parte de sus beneficios a fomentar otras actividades. En las regiones donde fue posible, subsidiaron la actividad agrícola. También las provincias del Valle, que actualmente se benefician de las actividades mineras y petroleras, deberían visualizar esta oportunidad y fomentar las actividades agrícolas, siendo la fruticultura, por sus óptimas condiciones agroclimáticas, tradición, empresariado e infraestructura existente, la que mejor se presta para tal fin.

Pero la fruticultura requiere un fuerte cambio para volver a ser sostenible y ubicarse nuevamente entre las más modernas y competitivas del mundo. Ya no es concebible una plantación a la antigua. Actualmente, se necesitan productores y empresarios abiertos a los cambios y eficientes tanto a nivel productivo como comercial. Es decir, se necesita un cambio de enfoque en el sector, con mayor profesionalismo.

El Valle atraviesa una transformación profunda. El petróleo y la minería ganan protagonismo mientras la fruticultura pierde terreno, en una disputa que excede lo económico y alcanza al territorio, el ambiente y la identidad regional.

Pero también se requiere una gran inversión para incorporar las tecnologías más modernas, adaptar los montes a los sistemas actuales de conducción, renovar las plantaciones y realizar un recambio varietal. Debido a que el sector privado comúnmente no cuenta con suficientes fondos y faltan líneas de financiación, son las provincias las que deberían asumir su rol en este punto.

El Gobierno nacional ha reducido y simplificado impuestos y trámites, pero aún queda un largo camino por recorrer. El Gobierno central está centrado en otros temas; su situación fiscal, la lucha contra la inflación y los compromisos externos dejan poco espacio para actuar. Tienen que ser las provincias las que asuman esta responsabilidad, dado que son ellas las más interesadas y las que más se beneficiarían de una recuperación de la fruticultura.

Los gobernantes no deberían tentarse a utilizar los recursos en medidas cortoplacistas o que solo dan color, pero no atacan el verdadero problema. Ejemplos de esto sobran: ampliar el staff de empleados públicos, crear nuevas delegaciones, construir edificios vistosos, comprar camionetas, contratar asesores caros, encargar estudios e investigaciones de los cuales ya hay más que suficientes, etc.

Entre las acciones que deberían impulsar los gobiernos locales se destacan la baja de los impuestos provinciales y municipales, las líneas de crédito, la renovación varietal y las mejoras en infraestructura.

Incorporación de tecnología moderna

El cambio climático y las crecientes exigencias de los mercados obligan a incorporar cada vez más tecnología. Hoy, los crecientes eventos climáticos extremos obligan a contar con protección contra el granizo, las heladas y un sol cada vez más fuerte. A eso se suma el uso eficiente del agua y de los fertilizantes, así como un control fitosanitario adecuado.

Para todo esto se necesitan líneas de crédito de largo plazo, adaptadas a los años que lleva recuperar la inversión. Según los cálculos del INTA, se requieren unos USD 55.000-60.000 para implantar una hectárea de manzanas o peras con la tecnología más moderna. Esto difícilmente pueda ser asumido por las empresas sin ayuda externa.

Renovación varietal

Tanto en peras como en manzanas, el Valle cuenta con solo unas pocas variedades, que son, en general, viejas y no se adaptan a lo que requieren los mercados ni los consumidores actuales. Además, un porcentaje elevado es de calidad inferior, ya sea por genética o por falta de cuidados.

Hoy estamos frente al dilema de un exceso de oferta de fruta mala y, a su vez, de una escasez de fruta buena. Explorar nuevas variedades y reemplazar las viejas supera las posibilidades de los productores, por lo cual requieren financiación.

Los consumidores buscan fruta de buena a excelente calidad, tanto externa como interna. El precio pasa a un segundo plano. La fruta de menor calidad es cada vez más difícil de ubicar. El consumidor la rechaza, aunque sea barata, porque termina tirándola. Prefiere gastar un poco más o comprar menos.

Además, busca variedad. Actualmente se ofrece manzana roja o verde y pera amarilla o verde. El consumidor quiere variedad, también dentro de una misma fruta.

Bajar los impuestos provinciales y municipales

A pesar de algunas mejoras en materia impositiva, estos impuestos aún son elevados y superan a los de nuestros competidores. Difícilmente el Gobierno nacional pueda avanzar mucho en este tema. Pero sí pueden hacerlo las provincias y los municipios, siendo estos los primeros interesados en que la fruticultura vuelva a ser competitiva.

Infraestructura

Este aspecto requiere una importante inversión, en especial en la red vial. Hay grandes distancias entre las zonas de producción y los centros de consumo o los puertos. El estado actual de las rutas es malo y, en algunos casos, pésimo, más aún si se tiene en cuenta el gran movimiento que hay durante los momentos de cosecha y que se transporta una fruta sensible a los golpes.

Hay una gran oportunidad y también una gran tarea para el sector: recuperar la fruticultura y llevarla nuevamente a los estándares internacionales. Pero no podrá hacerlo solo; requiere de la ayuda y colaboración de los gobiernos locales.

Estos se beneficiarán no solo por el regreso de una actividad que benefició durante tantos años a las provincias, sino que también contribuirá a un crecimiento más homogéneo de todas sus actividades económicas.

* Ingeniera Agrónoma, directora de la consultora TopInfo.