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Becarias integrantes del equipo que realiza el estudio en cercanías de Almanza, colectan las muestras de agua del canal Beagle para su posterior análisis en laboratorio. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).
El estudio, realizado mensualmente a bordo del Buque de Investigación Científica Shenu, cubre cinco estaciones costeras desde Almanza hasta la isla Gable. Utilizando herramientas como botellas Niskin y sensores multiparamétricos (CTD, PAR, clorofila), el equipo recolecta datos a profundidades de 5-8 metros. Estas campañas, proyectadas hasta octubre, generan información crítica para decisiones informadas, fusionando ciencia pública con inversión privada. Como destaca Schloss, esta colaboración maximiza el retorno social de la investigación, permitiendo que el conocimiento oceanográfico impulse actividades económicas reales.
Analíticamente, el proyecto resalta oportunidades en una región con limitadas opciones productivas. Tierra del Fuego, dependiente históricamente de hidrocarburos y turismo, podría ver en la mitilicultura una alternativa resiliente. Fabio Delamata, gerente de Newsan Food, subraya el objetivo de crear un polo acuícola sostenible, priorizando el cuidado ambiental y la proyección industrial. Los resultados preliminares sugieren potencial para generar empleo en Almanza, fomentando cadenas de valor locales y reduciendo importaciones de productos marinos.
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Primera producción mitícola a escala industrial del país, en el canal Beagle. Foto: gentileza Mónica Torres (CADIC, CONICET).
Sin embargo, desafíos económicos persisten: la inversión inicial en infraestructuras como bateas, boyas y longlines debe equilibrarse con rentabilidad. En un mercado global donde Chile lidera la exportación de mejillones (con más de 300.000 toneladas anuales), Argentina podría posicionarse en nichos premium, enfatizando la especie autóctona y prácticas ecológicas. Esto alinearía con tendencias globales de economía azul, donde la acuicultura representa el 52% de la producción pesquera mundial, según la FAO.
En suma, este emprendimiento ilustra cómo la innovación científica puede catalizar diversificación económica. Al promover sostenibilidad, reduce vulnerabilidades climáticas y fortalece la soberanía alimentaria. Para inversores y policymakers, representa un modelo replicable: alianzas público-privadas que convierten recursos naturales en motores de crecimiento inclusivo. Si se escala exitosamente, el Canal Beagle no solo nutrirá mejillones, sino una economía fueguina más robusta y diversificada.