Una planta clave para la alimentación animal
La alfalfa es considerada “la reina de las forrajeras”. Su alto valor nutritivo la convierte en un alimento insustituible en la dieta de vacas, caballos, ovejas y cabras. Además, mejora la calidad del suelo porque fija nitrógeno de manera natural, reduciendo la necesidad de fertilizantes químicos. En Argentina, es una pieza central del sistema ganadero y también tiene un rol destacado en las exportaciones.
Pero su gran potencial enfrenta un problema creciente: los suelos salinos. Este fenómeno, que ocurre cuando se acumulan sales en la tierra, afecta millones de hectáreas en todo el mundo. En la práctica, la sal funciona como un “enemigo invisible” para los cultivos, que sufren desbalances en su metabolismo y terminan perdiendo productividad.
El misterio de la resistencia
Hasta ahora, poco se sabía sobre cómo la alfalfa logra adaptarse a esas condiciones hostiles. El equipo liderado por la investigadora Marianela Rodríguez se enfocó en descifrar ese misterio.
Lo que encontraron es fascinante: cuando la planta detecta el exceso de sal, activa una proteína llamada SnRK1, una especie de “botón de alarma” interno que manda señales en forma de ondas. Ese mecanismo permite reorganizar el metabolismo de la alfalfa y darle más chances de sobrevivir.
“Es como si la planta apretara un botón de emergencia para ahorrar energía y reorganizar sus prioridades”, explica Rodríguez.
Pero no es lo único que descubrieron. También observaron que bajo estrés salino se rompe la relación entre la sacarosa (el azúcar que funciona como energía y señal de crecimiento) y su regulador, una molécula llamada trealosa-6-fosfato. La científica lo compara con un desorden metabólico parecido a la diabetes en humanos: un colapso energético que complica la vida de los tejidos vegetales.
¿Por qué importa tanto?
El hallazgo es importante porque ocurre en las primeras horas de exposición al estrés. “Ese momento inicial es clave, porque ahí se define si la planta logra adaptarse o no”, señala Rodríguez.
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Alfalfa, un alimento clave para la ganadería.
Comprender estos procesos no sólo ayuda a la ciencia básica, sino que tiene aplicaciones concretas. Saber cómo responde la alfalfa en sus primeras reacciones frente a la sal abre la posibilidad de:
-Mejorar el manejo agronómico, ajustando prácticas para suelos salinos.
-Desarrollar bioestimulantes específicos que refuercen la resistencia sin depender de transgénicos.
-Diseñar variedades más adaptadas, que aseguren la productividad en regiones afectadas.
Una herramienta contra el cambio climático
La salinización de los suelos es un problema silencioso que avanza con fuerza, especialmente en zonas áridas y semiáridas. En Argentina, varias provincias enfrentan este desafío, que amenaza la base de la ganadería pastoril.
En ese contexto, este tipo de investigaciones resulta vital. “El valor de este trabajo es que nos permite pensar en una agricultura más precisa y adaptada al ambiente. Entender cómo responde la planta desde adentro nos da nuevas herramientas”, resume la especialista.
En otras palabras: la alfalfa no sólo alimenta a los animales, también está enseñando a los científicos cómo enfrentar un futuro con climas más extremos y suelos cada vez más exigentes.
Fuente: INTA con aportes de la Redacción +P.